Montessori

Empezar con Montessori

abril 26, 2016





1. Preparar un ambiente que permite la autonomía máxima

El primer reflejo de todo buen Montessori es reorganizar su casa, su clase, de manera que permita al niño la mayor independencia y autonomía posible en los actos cotidianos (vestirse, lavarse las manos, sonarse la nariz, servirse en un vaso, ir al baño, escoger una actividad y luego guardarla en su lugar, descansar…). El material y el mobiliario deben ser seleccionados de manera que permitan todo eso:  lo que le permita poder subirse para coger cosas altas o mirar en lugares más altos, tener muebles a su altura.. etc




La autonomía se aprende, ella no se decreta de un día a otro. Habrán muchas pequeñas “lecciones” improvistas para mostrar al niño cómo puede hacerlo solo. Mediante cosas que pueden parecer insignificantes, tanto en la clase como en casa: abrir una puerta, sentarse correctamente, no interrumpir a alguien que habla, hablar menos fuerte…

Una vez el material se hace accesible, en las estanterías a la altura del niño, hay que acordarse de que: menos es mejor. Podemos organizar una rotación de material pedagógico o incluso juguetes. Así solucionamos el problema del espacio en las estanterías y el interés es regularmente renovado. Esto quiere decir que en la clase, hay siempre una base fija de material que debe estar siempre puesta. Pero también hay muchísimas bandejas, vinculadas con los interés del momento, con juegos y juguetes que pueden ser regularmente reemplazados. Pese a si tenemos algunos escrúpulos al principio, rápidamente nos damos cuenta de que con menos, el niño juega verdaderamente  mucho mejor, descubre y aprende más.

De todo esto proviene la idea de respetar el periodo sensible del orden que todavía está muy fuerte durante los primeros años de parvulario. Un lugar para cada cosa y cada cosa en su sitio. El orden es también las nociones en el tiempo. El niño necesita rituales y un entrenamiento estable y bastante repetitivo de los tiempos de la vida. La idea del orden implica a menudo reorganizar los espacios de juego y de trabajo, se introducen las alfombras que permiten delimitar el espacio del niño, en una clase nos sorprendemos en suprimir algunas mesas o en volver a visitar el tradicional rincón de reagrupación (reemplazando los pupitres por una bonita línea).

Pero si escogemos rodear al niño de menos, es necesario dirigirse hacia lo mejor, lo más bello. No tiene por qué ser lo más caro, sino que hemos de escoger materiales naturales, un ambiente más simple, más depurado. La palabra clave sería “inspirador”. También  podemos de manera simple favorecer el contacto con la naturaleza, con las cosas esenciales de la vida: paseos tranquilos, vida acorde con la estación, observación de pequeños tesoros recolectados.

2 Ajustarse la actitud de educador.

Aquí “educador” es tomado con un sentido amplio, padres, profesores… hay que mantener en mente que el niño es un tipo de esponja que absorbe todo lo que constituye su entorno. Por lo que es imperativo ser el modelo más conforme posible con lo que se espera del niño. Si queremos una habitación ordenada, hemos de mostrar que el orden es importante para nosotros. Si queremos una clase tranquila, tenemos que velar por estar tranquila, y hablar con calma.

Cuando nos lanzamos en algo nuevo, podemos sentirnos desestabilizados. Es importante tener confianza en uno mismo, sea en casa o en la escuela y acoger con beneficencia todas las iniciativas que emanen de los niños. Eso no quiere decir aceptar todo, sino más bien implicar a cada uno en su medida en todas las tareas de la vida cotidiana.

Por ello, hemos de ponernos en el nivel del niño y mostrarle paso a paso cómo proceder, lentamente, con pocas palabras, descomponiendo cada gesto.

Ponerse en el nivel del niño es también vivir a su ritmo, que no es el ritmo de los adultos. Ralentizar sería otra palabra clave. Proceder más lentamente, dejar el tiempo de crecer, repetir, entrenarse aún más y más, equivocarse, abandonar y luego volver a ello…

Para respetar el ritmo de cada niño, se habrá obligatoriamente que reflexionar en personalizar nuestras proposiciones dado que cada niño tiene un ritmo diferente. No viniendo con el libro de modo de empleo, necesitaremos mucho tiempo de observación como educadores para tener una idea y decidir con conocimiento de causa qué proponer a quién y cuándo. 

Nuestro posicionamiento ideal sería entre retracto y disponibilidad. Más fácil es decirlo que hacerlo, es cierto. Tenemos que imponernos un tipo de disciplina para lograrlo y algunas veces, dar la espalda a reflejos bien arraigados en el fondo de nosotros. Por ejemplo evitar los ánimos demasiado escandalosos, demasiadas felicitaciones, que aunque en la base son motivadoras, su efecto es crear un tipo de dependencia con respecto al adulto. Por tanto, el niño que logra algo por sí mismo siente la verdadera satisfacción del éxito y del progreso. Yo no digo con esto que haya que ignorar los pequeños logros cotidianos ni tampoco los grandes progresos. Sino que yo pienso que podemos encontrar, como educadores, una manera tranquila y benevolente, de mostrar que participamos en la alegría del niño, con una mirada o simplemente reformulando lo que acaba de hacer.

De la misma manera, nosotros debemos hacer todo para animar su concentración, cualidad indispensable para el aprendizaje y para la vida, evitando al máximo interrumpirle. Si no tenemos elección, es suficiente con prevenirle lo suficientemente pronto para que pueda organizarse y evitar la frustración de la actividad inacabada.

3 Proponer actividades adaptadas a su nivel de desarrollo

Se trata de nuevo de apoyarse en todos los tiempos en los que habremos observado al niño para poder escoger lo que le convendrá mejor en un momento dado. El material pedagógico Montessori es muy progresivo y el entrenamiento de las actividades tal como está previsto ofrece ya un programa reconfortante.  Pero en el interior de este programa, no hay que dudar en adaptarlo a las necesidades de cada uno evitando comparar, sin meter presión inútil.


Si todo está previsto para un desarrollo armonioso, entonces lógicamente el desarrollo armonioso estará presente. Sobretodo si el niño evoluciona en un ambiente preparado en el que el respeto, el buen humor y la benevolencia son el trasfondo.



Si te ha gustado y te ha servido, no te olvides y sígueme en Facebook :)

También te puede interesar

2 comentarios:

  1. Muchas gracias por compartir tus conocimientos, recién comienzo en esto de la crianza y para qué decir en el "mundo" Montessori

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Encanta!! Es un placer ayudarte!! Y por cierto, bienvenida a la maravillosa pedagogía Montessori :)

      Si tienes dudas o algo, dímelo.

      Un abrazo

      Eliminar

Si compartieras tu opinión conmigo dejándome un comentario, me dará mucha alegría :) ! Siempre contesto todos los comentarios y si tienes web, déjamela a la vista para que pueda visitarla y comentar también ;)