Disciplina positiva

¿Hay azotes buenos?

enero 15, 2017



¿Cómo definir la violencia educativa ordinaria? 

Briggite Oriol, utiliza la palabra maltrato para designar todos los métodos educativos que tocan la integridad del niño. En cuanto a mí, prefiero la expresión violencia educativa ordinaria. Esta violencia educativa ordinaria va mucho más allá del maltrato visible y tenido en cuenta por la justicia. Incluye los azotes, las bofetadas, los castigos, las humillaciones, el aislamiento, los gritos, el chantaje y las amenazas. 

Los padres no ven en general el maltrato en los azotes, en las bofetadas ni en golpear en la mano, dado que son gestos asimilados a la educación. La naturaleza humana es buena y el niño no hace siendo malo, es justamente la violencia educativa, los malos tratos y las humillaciones que contribuyen a transformar al niño en un individuo perturbado. La violencia educativa ordinaria pretende enseñar las buenas maneras al niño recurriendo a medios violentos. 

La neurociencia probó mediante imágenes cerebrales lo que ocurre en el cerebro del niño cuando sufre un azote o cualquier otra forma de violencia educativa. El miedo y el estrés que resultan tienen efectos dañinos en el desarrollo del cerebro. 

¿Por qué hay tanta resistencia a la supresión del azote? 

Las personas que se rebelan contra la ley anti-azote justifican a la vez los golpes recibidos (yo me lo merecía, eso me hizo enderezarme, no me he muerto, no me traumaticé) y los golpes dados (mi hijo se lo buscó, él me puso a prueba, él necesita límites, si tuvieseis el mismo hijo que yo no podríais hacer otra cosa). Esta resistencia es debido a varios factores:

  • Muchos de nosotros hemos recibido azotes y reproducimos tales gestos.
  • Por “fidelidad”, como nos es imposible decirse a sí mismo que nuestros padres nos han hecho daño con el pretexto del amor, nosotros estamos en la negación del mal que hemos sentido y del mal que hacemos sufrir a nuestros propios hijos cuando reciben un azote.
  • La mayoría de los padres actuales y de nuestros padres, utilizaron o utilizan el azote. 


Brigitte Oriol dice que no es muy cómodo descubrir que estamos maltratando, por ello cuando un padre que da azote escucha el discurso anti-azote mientras que está fundado científicamente, carente de juicio moral, se siente mal. Los discursos anti-azote ofenden a menudo a personas contrarias u ofendidas que no pueden retener argumentos porque se ponen en posición de defensa. 

¿Cómo llegamos a negar la realidad de violencia educativa ordinaria? 

La negación de la realidad es un mecanismo de defensa. A partir del momento en el que el ser humano se siente amenazado o en peligro, utiliza este mecanismo de defensa y se desconecta de su estado de miedo. La ocultación de malos tratos sufridos es una estrategia de supervivencia. Por naturaleza y por cuestión de supervivencia, un niño no puede sentirse en peligro con sus padres, así que prefiere desconectar. La negación salva la vida de los niños victimas de violencia educativa. Pero la persistencia de esa negación en la vida adulta impide vivir una vida serena, equilibrada y empática. 

Un padre que recibió azotes de niño, no se los dará a sus propios hijos, solamente si tomó consciencia del dolor que sintió entonces. Es ahí cuando una persona reconoce los malos tratos o las carencias afectivas de cuyas fue victima cuando podrá evitar esa situación a sus hijos y buscará información. Este trabajo es extremadamente doloroso porque sería reconocer que los padres han podido equivocarse y hacerlo mal. 

¿Llantos, caprichos y azotes merecidos? 

Los padres que recurren al azote lo justifican con que los niños son insoportables, que los ponen a prueba, que les hacen perder los nervios, que no hacen más que llorar o que reclamar atención. Pero el niño es totalmente dependiente de sus padres y tiene una necesidad vital de contacto, de proximidad física y de comprensión por parte de sus padres. 

Cuando el niño está en siutación de angustia, de alarma, de miedo o de estrés, se pondrá a llorar o a reclamar atención por parte de sus padres cuyo rol es el de protegerle, otorgarle atención y entenderle. Las crisis de los niños no son caprichos, solamente son el reflejo de dos cosas: de la inmadurez del cerebro de los niños y de su necesidad vital de apego. 

El niño no se enfada a propósito: no puede actuar de otra manera para decir a sus padres que necesita sentirse mejor con la presencia de sus padres. Cuando los padres toman los llantos de angustia, de descarga de estrés o de petición de contacto como manipulación, empiezan a no escuchar su instinto. En conformidad con tales creencias, empiezan a no responder a los llantos, a girar la cabeza para otro lado a lo que es considerado como un capricho. 

5 consecuencias de la violencia educativa ordinaria

 1. Disfuncionamiento del sistema emocional: La educación mediante la violencia educativa ordinaria, y notablemente el azote, no educa sino que crea bloqueos emocionales dado que el niño se siente obligado a desconectar sus emociones, de su mundo interno. Él aprende a hacer disfunción de su sistema emocional. El niño no podrá volver a fiarse de sus sentimientos, de sus emociones ni de sus sensaciones puesto que habrá escuchado que no hay ninguna razón para llorar ni un poco, que por el contrario su padre le dará una buena razón para llorar, que no le hace daño cuando se cae, que no tiene derecho de querer comer bombones… 

El niño pierde la receptividad a sus señales de alerta que son censadas para guiarle en su vida; pierde su brújula. Si el niño aprende que los sentimientos y las emociones no tienen ninguna importancia y que hay que obedecer a los adultos en todos los casos, las resistencias interiores y profundas, incluso las intuiciones, serán ignoradas por el niño en caso de peligro sin adulto referente “que sabe mejor o que sabe por él”. 

2. Aprendizaje de la violencia como un modelo de relación sana: Cuando interactuamos con la violencia (física o verbal) con un niño, el niño memoriza esta violencia como un modo de relación buena y sana. Este modo de relación no puede ser mala puesto que sus padres se lo ofrecieron. El niño no puede imaginarse que sus padres le hagan daño dado que ellos le hacen creer que esta violencia es por su bien. Sería demasiado doloroso para el niño darse cuenta de que sus padres son capaces de hacerle daño. 

3. Repercusión en la vida adulta

- Expresiones psicosomáticas: las situaciones de impotencia o de peligro del pasado pueden encontrarse en el presente del adulto, por ejemplo en las expresiones psicosomáticas. Un niño que fue encerrado en un armario y que reprime este recuerdo (no se acuerda de manera consciente una vez adulto) puede sufrir claustrofobia en la edad adulta sin entender el origen de esta fobia. A un adulto que sus padres que le repitieron con dureza “no respondas a tus padres”, podrá sufrir cada vez que sea intimidado.

 - La violencia como único modo de expresión y de comunicación: en una crisis de violencia, podemos ser tan malos que hemos podido tener miedo ante las agresiones de los adultos que nos rodeaban. Esperamos la menor falta del otro (hijos, cónyuge, amigos, compañeros, conocidos) para descargar con ellos todo lo que se ha acumulado anteriormente sin decir nada. 

Brigitte Oriol afirma que cuanto más somos capaces de ponernos nerviosos con nuestros hijos, más miedo hemos tenido de niños, más nos hemos sentido en peligro con nuestros propios padres (o con toda otra persona que se ocupó de nosotros cuando eramos pequeños). Maquillamos esta violencia en amor o en necesidad de educar.

 4. Pérdida de señales innatas necesarias para una vida equilibrada

- La necesidad de apego: los seres humanos están programados para buscar proximidad de un adulto de alrededor de ellos en situación de angustia para hacerles sentir mejor a lo largo de su vida (bebé, niño, adolescente e incluso siendo adulto, buscamos comprensión, apoyo, y contacto en caso de problema). La satisfacción de la necesidad de apego juega un rol fundamental en nuestra percepción de la relación con el otro (tengo confianza en el otro en caso de problema) y en la construcción de nuestro autoestima (tengo valor, puedo afirmarme sin imponerme). 

- La salvaguardia: en caso de estrés, estamos programados por varias opciones: inmovilizarse (hacer el muerto para no atraer la atención) huir o atacar. Es gracias a la producción de hormonas en nuestro organismo (adrenalina y cortisol) que esos comportamientos de supervivencia se ponen en marcha. Como un niño golpeado o amenazado por sus padres no puede huir ni defenderse, las hormonas descargadas en el organismo se vuelven inútiles y atacan al organismo visto que no pueden jugar su rol normal. 

- La imitación: el cerebro comporta neuronas espejo que se activan cuando observamos actuar a alguien. Cuando las neuronas espejo se activan, el cerebro tiene la impresión de que somos nosotros mismos quienes estamos haciendo la acción, no solamente observarla. 

Cuando el niño ve a sus padres, pegar, sus neuronas espejo se activan. Pegar a un niño es enseñarle a pegar. 

5. Una sociedad marcada por la violencia y amputada de vínculos empáticos: hablamos de golpes, humillaciones, castigos e incluso de aislamiento que pervierten la naturaleza buena del niño. Es toda la sociedad la que paga el precio de la violencia educativa ordinaria, sea por la falta de afirmación de sí mismo de algunos individuos o al contrario por su rigidez, por la violencia como modo de relación, por la aparición de problemas psicosomáticos, o por la transformación de algunos individuos perturbados en criminales. La violencia educativa fabrica verdaderas discapacidades interpersonales que a algunos les impide defenderse dignamente cuando lo necesitan, y a otros de tener sangre fría o de expresarse con afecto hacia los demás. 

¿Cómo salir de la violencia educativa ordinaria? 

Es imposible tener esta paciencia y disponibilidad 24 horas, no es por casualidad que un proverbio africano afirma que hace falta una ciudad para educar a un niño. 

Conocer las necesidades y el funcionamiento de los pequeños: no hay nada más agotador que las alertas emocionales de nuestros bebés y de nuestros hijos pero el simple hecho de saber cómo funcionan los niños, permite ya prepararse y actuar con relajación cuando sentimos que vamos a ponernos nerviosos y de poder reparar la relación si lo hicimos. Saber que la naturaleza del niño es buena y entender las necesidades de apego previenen los pensamientos del tipo: “me busca”, “me pone aprueba”, “lo ha hecho expresamente”. 

Entender y acoger el sufrimiento y las emociones del niño: la escucha activa es lo que necesita el niño. A menudo, esta escucha empática es suficiente para desactivar las crisis dado que la necesidad de apego y la comprensión del niño se han colmado. Por ejemplo, ante un niño que viene a veros diciendo que su madre le dio una bofetada, podríamos intentar entender lo que el niño ha pasado en lugar de decirle que se lo mereció.

Provocar un diálogo con el niño: Para Brigitte Oriol, los padres deberían tener el coraje de admitir sus faltas al hijo. En un verdadero dialogo, podríamos decir: 

“Se te ha pegado porque a nosotros también nos pegaron. Nosotros pensábamos que eso era lo que había que hacer. Pero ahora, nosotros sabemos que no tendríamos que habernos autorizado nunca hacer esto y nos sentimos mal por la humillación y por el sufrimiento que te hemos causado. No lo volveremos a hacer”.

Si pensamos que no seremos capaces de hacerlo tan bien, podemos añadir: 

“Me doy cuenta de que tiendo a levantar la mano cuando estoy enfadado, necesito que me digas, STOP tengo miedo”. 

La honestidad de los padres tendrá un efecto liberador en el niño. Como aprende de la actitud de sus padres, solo hay efectos positivos que esperar de tales palabras. En efecto, estas son solamente heridas reprimidas que provocan comportamientos perturbados. En revancha, no se trata de esperar un perdón por parte del niño ya que el objetivo no es liberarse de nuestra culpabilidad sino de reparar la relación. 

Aceptar y perder el hábito de violencia educativa toma tiempo y que puede ser doloroso

La violencia educativa no es normal pero es curable. Ello exige tiempo dado que necesita regresar a las heridas del pasado, abrir los ojos sobre sus propios padres y consolar a su niño interior. 

Pedir o aceptar ayuda: pedir ayuda no quiere decir ser incompetente. Es una muestra de coraje y es difícil salir de la violencia educativa sin apoyo. Puede hacerse de varias formas: 

  • Con amigos o familia. 
  • Talleres de apoyo de crianza. 
  • Grupos de apoyo en internet. 
  • Un seguimiento psicoterapéutico. 
  • Contratar a una niñera para poder descansar, cambiar de ideas, pensar en uno mismo y colmar las necesidades no satisfechas. 


Equipararse con nuevas maneras de comunicar y de vivir con los hijos

Concluiré diciendo que la disciplina positiva no es un método sino que es una filosofía, un pensamiento que encarnar. Hay herramientas y recursos que podemos conocer y que cada uno lo adaptará y no hay receta milagro para aplicar por todos los padres que entonces serían robots deshumanizados. Por otro lado, los niños necesitan padres auténticos, no padres perfectos.


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13 comentarios:

  1. ¡¡¡¡¡Hola!!!!
    Totalmente de acuerdo. Mis hijos ya son universitarios y jamás les he dado un azote, ni yo los recibí, la verdad. Y como todos tenían días de esos en los que nos agotan, pero puede lidiar con paciencia, hablando, haciéndoles comprender y pensando que son niños y yo adulta, no tengo derecho a abusar.
    Entiendo que quizás en una situación muy extrema, yo que sé, que veas a tu hijo en medio de la vía del tren, no quiera moverse y venga el tren, pues en un caso así no sé que haría, si por las buenas no viene a lo mejor le pego y tiro de él, yo que sé, o si se me escapa y cruza una carretera con mucho tráfico, no sé, nunca me he visto en algo así, pero en el día a día hay muchas formas de llegar a los niños sin pegar, ni un cachete ni nada.
    Besos y feliz velada de domingo.

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    1. En situaciones de riesgo o de peligro hasta podemos hacernos daño a nosotros mismos evitando un mal mayor, también existe el error y el reconocimiento de que somos humanos y podemos y tenemos que equivocarnos a veces como signo de in perfección que tenemos por naturaleza.

      Besos

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  2. Es un tema muy difícil de erradicar. Muchas personas dicen: yo no pego a mis hijos, pero un azote... Mi visión ha ido cambiando a medida que he ido madurando como persona y como madre. Siempre he pensado que un azote no sirve de nada, pero a veces me he visto a mí misma levantando la mano como algo aprendido desde la cuna, y que es muy complicado de erradicar. Pero me he aguantado esas ganas y mis hijos no han recibido azotes, ni otro tipo de violencia que veo aún peor, como los castigos a oscuras, o el aislamiento en una habitación cuando son pequeñitos, cosas que hace mucha gente que considera que pegar está mal.

    Ya digo que resulta muy complicado. Solo espero que mis hijos, que no han visto azotes ni humillaciones en su educación, al educar a sus propios hijos sean capaces de cortar la cadena.

    Besos.

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    1. Podemos sentirmos seducidos a acudir a esta manera de actuar por haberlo visto en la familia y que además da resultados más rápidos pero al mismo tiempo daña mucho la relación y a los niños en sí. Nunca es tarde para cambiar, podemos mejorar sin juzgarnos ni martirizsrnos. Simplemente queremos ofrecer una educación mejor que la que podamos haber recibido.

      Besos

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  3. Un buenísimo artículo. Las personas tenemos mucha resistencia al cambio cuando percibimos que algo "funciona" a corto plazo (aunque en realidad no sea así): hace falta someter a juicio muchas de las costumbres educativas "heredadas", tanto padres y madres como profesionales (médicos, profesores...).
    Un besazo!

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    1. Hay muchos errores que los tenemos tsn tan interiorizados simplemente por haberlos visto tanto de pequeños que nos cuesta señalarlos y ser conscientes de su gravedad. Pero nada es imposible, porque todos podemos conseguir sacar lo mejor de nosotros y optar por una educación más respetuosa que beneficia a ambas partes

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  4. Qué artículo tan completo. Yo estoy totalmente en contra y veo que se está erradicando, pero aún falta mucho camino por andar. Yo he recibido algún manotazo, pero no por eso veo que sea tolerable. De echo es que no me sale lo de darle uno a mi hijo, soy más de paralizarlo con un grito -que tampoco está bien-.
    Un abrazo. Voy a programar para compartirlo.

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    1. Que los padres lo hayan hecho no quiere decir que ses correcto porque los padres no dejan de ser humanos y quizá no tubieron la oportunidad de aprender y conocer una manera de educar distinta. Yo a mi madre le hablo de todo esto y le suena a chino, pero yo que he tenido la suerte de conocer la crianza respetuosa, sí que haría mal no aplicándola porque ya dejé de ser ignorante y conocí una manera de reemplazar el otto comportamiento.

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  5. Afortunadamente es algo que ha ido evolucionando mucho. Hemos mejorado mucho con respecto a la época de nuestros padres e incluso abuelos en los que un azote estaba a la orden del día. Para un cambio completo se requiere tiempo y colaboración de todos, también es muy importante la educación. Super interesante el artículo y muy completo. Un besazo guapa.

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    1. Por supuesto, lo peor es lo de antes, porque había mucha más ignorancia, afortunadamente cads vez se ven familias más respetuosas que optan por deshacerse de toda comunicación violenta al educar. Besos!!

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  6. Felicidades por el artículo!!! Estoy completamente de acuerdo con todo, trabajando la paciencia, la empatía y el respeto con ellos, no es necesario azotes e incluso se pueden reducir los castigos. Solo hay que concienciarse. Un abrazo!!

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    1. Los niños se portan bien cuando se sienten bien, el buen trato es la mejor solución ante malas conductas. Un abrazo

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  7. Menudo trabajo te ha llevado esta entrada, enhorabuena. Yo entiendo que para la gente que se le ha educado así necesita un mayor conocimiento y gran autocontrol para no repetir patrones. Un beso me ha encantado

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