Disciplina positiva

Mi hijo pega, muerde y se enfada mucho

septiembre 26, 2017





En su libro Vivir feliz con el hijo, Catherine Gueguen aborda la cuestión de los hijos que muestran agresividad, que golpean, que muerden y que se enfadan.

“Normalmente los adultos reproducen con sus hijos los métodos de educación que vivieron y por tanto, son la fuente de su ansiedad, de la pérdida de confianza, de una mala autoestima. Ellos no son conscientes de que su malestar viene de allí y pues tienen tendencia a criar a sus hijos de la misma manera sin cuestionarse. Aún así, es posible educar a los niños de otra manera por el bien de todos, niños y padres”.

1 Conocer las etapas del desarrollo del cerebro de los niños

El niño pequeño no es “malo”, solamente tiene un cerebro inmaduro que le hace actuar instintivamente cuando se siente amenazado, en peligro o cuando sus necesidades no están satisfechas. La parte del cerebro que controla nuestros impulsos, nuestras emociones, el córtex prefrontal, y los circuitos neuronales reenlazan el córtex prefrontal con el cerebro arcaico (emocional) y no empiezan a madurar hasta los 5 años.

Antes de los 5 años, el niño no puede controlar sus emociones, es incapaz de plantearse lo que vive. Un niño pequeño vive las emociones con mucha más intensidad que los adultos. Catherine Gueguen hace referencia a la capacidad de reevaluación de los adultos: cuando estamos confrontados a una dificultad, una frustración, un miedo, un conflicto relacional, un enfado, tenemos la capacidad mental de dar otro significado a la situación que vivimos: razonar, relajarnos, analizar nuestra actitud, pensar sobre nuestra manera de percibir a los demás, ponerse en el lugar del otro, encontrar soluciones para mejorar la situación. Y esta reevaluación implica estructuras cerebrales que todavía son inmaduras en los niños menores de 5 años.

2 Cuando el niño hace gestos agresivos

Detenerle con cariño. No hacer dramas, no empeorar la situación. Explicar tranquilamente, con pocas palabras los riesgos de tal actitud. Cuando haya peligro, alejarle físicamente del peligro. A veces, atraer la atención en algo que le interesa, jugar, hacer reír.

3 El niño necesita ser calmado

Durante un gran enfado, cuando el niño lanza sus juguetes golpea y muerde: quedar presente y calmado. Una actitud serena, una mirada y una voz dulce calman al niño. Es pues el adulto quien mediante su actitud calmada, cariñosa y empatica permite al niño que no sea agresivo.  Hay momentos en los que el niño está sumergido en sus emociones y no es reprochable. Al contrario, las tentativas de contacto físico o de discursión redoblan su enfado. En ese caso, el adulto se quedará presente, calmado, sin hacer comentarios.

“Cuando el entorno entiende al niño, sabe calmarle, esos episodios impulsivos disminuyen para escasear hacia los 5-7 años. La edad popular sitúa la edad de la razón a los 7 años exactamente. Catherine Gueguen

4 Si se puede acercar al niño, hay que tener gestos de apaciguamento

Hablar durante el enfado, intentar hacer razonar al niño es inútil, él no escuchará mientras le dure el enfado. En revancha, un beso, una caricia, palabras dulces pueden desencadenar la secreción de hormonas de bienestar y apaciguar al niño.

5 El niño necesita ser comprendido en sus emociones y ser guiado

Una vez el enfado se ha apaciguado, hay que poner palabras en las emociones. Al niño pequeño le faltan palabras para expresar sus emociones, y notablemente el enfado o el miedo que son la mayor parte del tiempo el origen de comportamientos agresivos. Cuando los adultos ponen palabras en sus emociones, aprenden el lenguaje emocional. Hablar al niño de manera simple, clara, leerle historias en las que se nombran las emociones le proporciona herramientas para expresarse y reemplazar los golpes, los insultos y los mordiscos por palabras.

“Estabas muy enfadado, ¿verdad? Entiendo que estés enfadado y tienes el derecho de estar enfadado. Pero aunque se esté enfadado, no se muerde, ni se tira nada ni se golpea”.

“Estabas muy enfadado porque yo estuve con tu hermano y no contigo, ¿no es así? Puedes decírmelo con palabras”.

6 El niño necesita confianza en sus capacidades para progresar

Luego terminar diciendo: “Vas a aprender a hacerlo de otra manera, yo tengo confianza en ti y lo conseguirás”, pocas palabras son necesarias.

7 Actitudes que refuerzan la agresividad en los niños

Gritar, amenazar, castigar, humillar.

8 No desvalorar al niño

Decir “Eres malo, eres un bestia, etc” le desvaloriza, le humilla y le hace perder confianza en sí mismo. En su lugar, el adulto puede utilizar un lenguaje benevolente lleno de empatía:

“Eso no me conviene, no estoy de acuerdo en absoluto cuando te escucho decir/cuando te veo hacer… vas a aprender a hacerlo de otra manera/ vas a aprender a decir con palabras/ tú sabes pedir las cosas con respeto mientras me espero a que lo hagas…”

9 Frase incomprensible para el niño pequeño: “reflexiona sobre lo que acabas de hacer”.

A menudo, por debajo de los cinco años, el niño todavía no tiene la madurez cerebral para analizar sus actos, su comportamiento y tomar consciencia de ello.

10 Cuando el niño se enfada demasiado

Intentar encontrar las causas: ¿cuáles podrían ser sus necesidades no-satisfechas?

  • ¿Necesita más atención, que le escuchen más, más calma?
  • ¿Tiene hambre?
  • ¿Tiene alergia no-defectada, una pequeña infección, una enfermedad?
  • ¿Está cansado?
  • ¿Su alimentación es equilibrada (come demasiados productos azucarados o con aditivos que pueden generar comportamientos hiperactivos)?
  • ¿Tiene el suficiente espacio de libertad y de elección para experimentar su autonomía?

11 Solicitar la inteligencia y la creatividad de los niños, antes de que hayan momentos difíciles, como manera preventiva

Hablar tranquilamente con los niños, preguntarles lo que piensan de la situación tranquilizándoles sobre el amor, la confianza, expresando los sentimientos personales con mensajes:

“Me molesto contigo todas las mañanas. Cuando veo que no te das prisa, me preocupo, tengo miedo de que llegues con retraso al colegio y que te castiguen. Eso me estresa ya que los profesores pensarán que yo no sé educarte. Me gustaría que todo fuera mejor entre nosotros. ¿Cómo podríamos lograrlo los dos? ¿tienes ideas?”


No son los grandes discursos de moral los que transmiten estos valores al niño, sino lo que son y lo que hacen los adultos. Catherine Gueguen

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3 comentarios:

  1. Muy buenos consejos, ahora sólo queda tener paciencia y pararse a llevarlos a cabo, que supongo que en situaciones límite no será fácil.
    besos

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  2. Me gusta el mensaje que transmite este post. La verdad es que no siempre es fácil hacer estas cosas, pero es importante ser consciente para que cada día nos salgan menos esos automáticos, y cuando nos salen pedir perdón, porque así también les damos una valiosa lección. Yo aun ayer le explicaba a mi marido que no puede pedirle al niño que no grite gritando... Y también empatice con él diciéndole que sé que es difícil porque a veces nos sale solo el grito, pero tenemos que esforzarnos en recordarlo y ponerlo en práctica. A mí me ha costado, pero por fin soy capaz la mayor parte de las veces, y cuando estoy saturada y me sale el grito, luego le pido perdón y le digo que lo que hice no estuvo bien porque él no se merece que le grité. Así también aprende que no es merecedor de eso, y cuando otros adultos le grité (si eso pasa) sabrá que no es merecedor y que es el adulto quién está actuando sin respeto.
    Te tenía un poco abandonada, me ha gustado mucho volver a leerte.
    Un abrazo!

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    1. Totalmente de acuerdo!! Gracias por comentar 😘

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