Maternidad

Mi primer embarazo de primeriza desorientada

noviembre 25, 2017



Estuvimos buscando mucho tiempo al primer descendiente de esta casa, nunca llegaba, siempre nos ilusionábamos y terminábamos con la triste realidad de que todavía no había sido el momento. Me empecé a preocupar y dije que si tardásemos demasiado que deberíamos mirarlo con un especialista. Pues cuando menos nos lo esperemos, un día no llegaba la menstruación, y yo creía que sería un problema hormonal o un simple retraso que a veces sucede. En el test salía negativo, pero como empecé a sentir muchísimo sueño y cansancio, me dormía por los rincones (cuando yo estoy siempre más despierta que un búho) dudé de que podía serlo. Como a veces el test da negativo cuando es demasiado pronto, me tuve que esperar 15 días, fueron los más largos de mi vida. Finalmente fue positivo y nos sentimos  muy emocionados, nos dio mucha felicidad porque porfin habíamos logrado tener el primer embarazo. 




No sé si seré de los pocos casos en el mundo, porque en mi entorno no he visto nunca primerizas de mi misma condición, pero cuando tuve mi primer hijo, tenia cero experiencia (nunca cuidé a un bebé), cero conocimientos (nadie me explicó ni me informé lo suficiente), cero consejos (mi familia estaba lejos) y cero ayuda (estaba completamente sola con el maridín que sabía menos que yo). Vamos, estaba abandonada a mi suerte, y el miedo me atormentaba continuamente. Todo me daba miedo, todo me preocupaba, todo me causaba estrés. Mi primer embarazo fue muy angustioso, me acuerdo, me iba cada semana a la ginecóloga, tuve una obsesión enorme por revisar cada dos por tres cómo andaba el feto, cada sensación del cuerpo lo miraba con lupa, y tenía al marido muyyy mareado.



En parte fue porque tardé en quedar embarazada, y tuve varios microabortos, claro, entonces estaba bastante preocupada, y quería hacer lo posible para que ese embarazo tirara adelante y no se torciera la cosa. No hacía esfuerzos, no quería hacer nada que me diera a entender que sería un peligro, la verdad es que se pasa mal cuando crees que puedes perder la oportunidad de ser madre. Como yo no era muy pastillera (de tomarme medicamentos ni pastillas), me costaba acordarme de tomarme el ácido fólico, era un desastre total.

Vivía con mucha ilusión y emoción cualquier cosa que iba conociendo sobre bebés, sí, me tiraba todas las semanas leyendo cómo avanzaba el bebé, en qué etapa estaba de su desarrollo, cuánto pesaba, etcétera para conocerlo más y entender qué iba ocurriendo dentro de mí. Lo más sorprendente llegó cuando el bebé empezaba a moverse, al principio, estuve muy angustiada por si no le llegase a notar, y me preguntaba todo el rato si podría detectar que era él y no lo confundiera. Buscaba definiciones inexistentes para que me quedase claro. Cuando lo notaba, a veces me preocupaba de que fuese una contracción o algún signo malo y me iba derechita a la ginecóloga (por el privado).



Pasé los primeros seis meses aproximadamente, porque no me acuerdo cuánto era y menos mal, ya que estuve todo ese tiempo, que se dice rápido, pero en su día fue eterno, con náuseas y con vómitos constantes sin pausa. Ilusa de mí, que creía que a los tres meses se acabaría todo y que podría descansar de ese malestar incesante, pero no, tuve que soportarlo muchos más meses. San Google, fue mi aliado, me ponía en contacto con otras embarazadas que estaban en la misma situación, y me informaba lo suficiente para ir deshaciéndome de mis preocupaciones.

Todo me costaba mucho hacerlo, no podía levantarme, me faltaba fuerza para cocinar, lo que menos podía hacer era comer, porque había que preparar la comida, y al estar de pie me dolía el estómago. Intentaba hacer comidas muy rápidas y sencillas, para no agobiarme en la cocina con el dolor y tardar tanto cocinando. Cuando tenía que comer tampoco es que fuese un alivio, no, me costaba tragar la comida, porque tenía una incomodidad enorme en el estómago. 

Llegué a tomar un jarabe que me recetaron, pero no me funcionó. Supe del maravilloso té de jengibre para las naúseas, pero a ver quién era la guapa que se lo tomaba, porque no podía, con esos ascos que me entraron, no era capaz jajajaja era en ese entonces cuando cogí asco a muchas cosas que me marcaron para siempre, ese rechazo no se fue con los vómitos, sino que aún siguen, por ejemplo, sigo sin soportar demasiado la cebolla.

Me acuerdo, que contaba los días deseando que naciera el bebé porque se hacía eterno, tenía ganas de conocerle, de ver su cara, comparar a quién se parecía más si a mí o a su padre. Quería empezar a tener la experiencia de ser madre, por mucho miedo que me producía por el desconocimiento. Saber el sexo me gustó para empezar a pensar en nombres, y mentalizarnos de lo que iba a ser, eso de dejar el sexo del bebé para el final, no es para mí, porque me moriría de ansiedad xD.




Me comía la cabeza con que si el tamaño de mi barriga era normal o no para en el mes en el que estaba, las comparaciones son odiosas, señoras, no hay por qué hacerlas, somos distintas todas, pero ahí estaba yo, esperando a ver cuándo me salía el barrigón como a todas, y fue aumentando, pero nunca fue como esperaba. Me apresuré a ponerme siempre la crema antiestrías, porque estaba súper preocupada de que me salieran estrías. Me la empecé a poner desde el primer mes, la ginecóloga me decía que no hacía falta, pero al final me fue genial y no tuve ninguna. 

Por la posición del bebé a finales del embarazo tuve unos dolores de los riñones, así que después de que se me fuesen los vómitos, me llegó esta joyita. No pude dormir, el dolor era incréiblemente fuerte, hasta llegaba a pensar que me moría o que estaba de parto. Cuando se confirmó que no era el parto, desde entonces se me quitó el miedo, porque me dije a mí misma que si podía soportar esa barbaridad, seguro que el parto no era nada en comparación (ánimos para sacar positividad de todas partes jaja).



Por recomendación de la ginecóloga tenía que dormir en el lado izquierdo, para que no me presionara tanto el bebé, y para que llegara mejor la sangre a la placenta, pero por mi caso era más que necesario. Cuando llegué a las 38 semanas de embarazo, no podía ni con mi alma por todas estas torturas físicas que tenía, y como ya sabía que al nacer el bebé se me iría todo, al estar en una semana decente en la que el bebé no habría terminado su desarrollo pero ya no se consideraría prematuro, me tomé una infusión con canela. 

Antes de llegar a la canela, me leí todos los trucos, y consejos para adelantar el parto de forma natural que no dañase a la madre ni al bebé. No sé si fue casualidad, pero ese mismo día por la noche nació mi hijo. Ahora me río cuando me recuerdo en el pasado, siendo tan obsesionada con cada detalle temiéndome lo peor jejejje pero cada una tiene su experiencia, y lo importante es aprender y que todo salga bien.

¿Cómo lo pasasteis de primerizas?


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1 comentario:

  1. ¡Hola!
    Ay pobre, qué angustia pasaste y con la familia lejos tiene que ser muy duro.
    En mi caso no había Google ni nada así, mis hijos son mayores, pero yo me leía todas las revistas del mundo que me compraba yo y me regalaban mi madre y mi suegra y fui capeando el temporal.
    En mi caso tenía a la familia cerca y la verdad es que pasé un embarazo sin angustias y con muchas ganas. Yo me quedé embarazada a la primera las dos veces y supongo que eso influye en la falta de miedos, quería que todo saliera bien, claro, pero no me preocupaba demasiado, estaba más pendiente de comprar cositas, decorar la casa y esos temas, vamos que visto así parezco una superficial, jejejeje.
    Eso sí, menudas nauseas, estuve así hasta el día del parto, el jarabe no me hacía nada y el té de jengibre, que me encanta, me daba asco, jejejeje. Mi abuela me dio algunos trucos que me ayudaron pero quitar quitar...imposible.
    Lo importante es que con angustias o sin ellas los niños han nacido bien y ahora están con nosotros.
    Besos y feliz finde.

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