Disciplina positiva

12 tips de crianza respetuosa

enero 16, 2018


Poner límites respetando la integridad del niño 

Arnaud Deroo explica que la autoridad educativa se piensa en términos de responsabilidad, para hacer al niño actor y responsable de sus actos. El proyecto educativo no es la obediencia sino la escucha de los estados emocionales del niño y el respeto a sus necesidades. 

Ante un comportamiento en el que hay una infracción a una regla social, la reacción del adulto debe ayudar al niño a entender la consecuencia de sus actos y la necesidad de respetar las reglas para convivir. Ante un comportamiento “no civilizado”, el niño ha de ser entendido en su necesidad y hemos de decirle que hay otros medios para satisfacer tal necesidad en lugar de golpear, agredir, insultar, etc y que esos comportamientos no son aceptables. Cuando un niño es educado con empatía, raramente busca sobrepasar las reglas, los límites, a poner en dificultad a sus padres, puesto que él integró: “soy importante, tú eres importante”. 

El Dr. Haim Ginott propone una manera de fijar límites que invitan a la cooperación: 
  • Reconocer y reformular el deseo del niño: tienes ganas de ver la tele esta tarde/ parece que estás molestado con tu hermano. 
  • Recordar las reglas: la regla en esta casa es “no hay televisión las tardes excepto el fin de semana”/ puedes estar enfadado con tu hermano pero eso no justifica que le hagas daño. 
  • Redirigir la acción o sugerir maneras de atender el deseo: podrás ver la tele el sábado por la tarde y escogerás la peli que quieras: ¿has pensado en lo que te gustaría ver?/ puedes lanzar tantas piedras al suelo como quieras. 
  • Empatizar con la frustración del niño: tu querrías que esta regla no existiera: si quieres, puedes decirme o mostrarme o incluso dibujar lo que te molesta. Utilizaremos un lenguaje positivo dado que el cerebro no entiende las negaciones: en lugar de decir “no toques esa piedra”, una fórmula de ese tipo seria más eficaz “la piedra ha de quedarse en el suelo, tu puedes poner tu caramelo en la boca y tocar la piedra con la mano o tus pies. 


Dejar elegir y acordar el derecho de palabra 

  • Al niño que hace mucho ruido: tu eliges, puedes quedarte aquí y dejar de hacer ruido o puedes irte de la habitación y continuar haciendo ruido, tu decides. 
  • A un niño que se niega a ducharse: cuando prefieres ducharte, ¿antes o después de comer? 
  • A un niño que corre por las tiendas: Para de correr, puedes caminar o puedes sentarte en el banco, tu decides. 
  • A un niño que no quiere vestirse: ¿prefieres vestirte solo o prefieres que te ayude? / quieres empezar por abajo o por arriba? / ¿hoy quieres ponerte calcetines rojos o verdes? 
  • A un niño que le cuesta empezar por la mañana: hoy llueve, ¿qué nos ponemos en los pies cuando llueve? 



Reflexionar sobre la organización familiar y pasar a la acción 

A veces el espacio propuesto no corresponde a los niños y puede acarrear comportamientos inapropiados y conflictos padres/hijos. Cuando un hijo juega con cosas peligrosas, no hace falta gritar ni dar un golpe para hacer entender al niño. Adaptar la casa evita muchos conflictos. Siempre hay una solución para adaptar una casa. Para evitar que toque los cables con los que quiere jugar, es posible proponer alternativas: hilos de lana colocados en la pared, por ejemplo. Se trata de entender que el hijo quiere experimentar o descubrir y proponerle el mismo tipo de experiencia pero de manera segura y adaptada a su edad. 

Pensar en la organización del tiempo también puede ser bueno: un niño será más susceptible y enfadado, menos cooperativo si tiene hambre o sueño. ¿Por qué no adelantar la hora de la comida o prever picoteo (almendras, trozos de frutas…) si sentimos que no será capaz de esperar a la próxima comida? 

Anticipar y prever 

Cuando sabemos que estaremos confrontados en una larga espera o en un largo viaje, más vale adoptar un enfoque proactivo para evitar nervios y conflictos. Según las actividades y las dificultades anticipadas, es posible prever pequeñas actividades para entretener y distraer a los niños (lápices de colores y hojas, juegos pequeños que ocupan poco, libros…) y también colmar sus necesidades primarias (pasteles y frutas, agua y pañuelos). Explicar al hijo qué se hará durante todo el día para prevenir rabietas. 

 Escuchar con empatía 

Para escuchar lo que tiene que decir un niño, se trata de instaurar un clima de confianza para que el niño entienda que puede decir lo que quiera, no solo lo que sus padres quieren oír. Acoger no quiere decir estar de acuerdo, sino escuchar lo que los hijos viven y sienten según su punto de vista. Hay que intentar entender lo que sienten los hijos, descubrir el mensaje oculto. Luego, el padre transforma su comprensión con sus propias palabras y devuelve el mensaje al niño en verificación. Pero el padre tendrá que estar atento en no transformar su propio mensaje en evaluación, opinión, consejo, razonamiento, análisis ni pregunta. La escucha empática ayuda al niño a hablar más, a profundizar, a desarrollar mejor su pensamiento. Finalmente, la escucha empática ayuda al niño a encontrar sus propias soluciones a los problemas que le surjan. 

  • Me parece que tu estás… 
  • Te sientes como… 
  • Te gustaría poder/ tu quisieras mejor…/ no te gusta… 
  • Seguramente no te agrade… 
  • Parece/ tengo la impresión de que tu… 
  • …¿es eso? 
  • Quieres decir que… 
  • Crees que… 
  • Tal cosa/tal acontecimiento/ tal decisión te parecía… 


No hacerlo por el niño y respetar su ritmo 

Muchas discusiones son debidas a malos entendidos entre padres e hijos. Un niño recibe una explicación o una corrección que no solicitó mientras el hijo está en proceso de realizar un esfuerzo para entender o hacer algo totalmente solo, y de esa manera sentirá una gran frustración. 

“Nunca ayudéis a un niño a hacer una tarea que se siente capaz de hacer solo” María Montessori 


Saber que los caprichos no existen 

Para María Montessori, los adultos llaman capricho a todo lo que no tiene una causa aparente, a toda acción ilógica o invencible. Entonces es necesario buscar la causa de toda manifestación estimada “caprichosa” en un niño, precisamente porque no logramos saber a qué se debe. 

 Ante nuestros ojos, el capricho ha de tomar la importancia de un problema que tiene que resolverse, de un enigma que se tiene que descifrar”. María Montessori 

Los “caprichos” son un comportamiento que el adulto no entiende. Podría decirse, que el capricho es el juicio, la interpretación y la etiqueta puesta por el adulto en el comportamiento que no entiende del niño. La mejor manera de entender la necesidad oculta que se expresa detrás de un capricho, es intentar entender preguntándote: ¿Qué ocurre? ¿Porqué el niño actúa así? ¿cuál es la necesidad oculta que el niño trata de expresar? Preguntar no tiene que ser la mejor manera de averiguarlo, ya que el niño es demasiado inmaduro para responderlas. Aceptar, reconocer y acompañar la angustia del niño puede ayudarle a calmarse: hay algo que te molesta/ eso te ha debido dar miedo/ enfadarte/ ponerte triste, celoso… 


Describir en lugar de enfurecerse 

  1. Cuando ves donde está el problema: veo que la leche se ha derramado, que el vaso se ha roto, que la ropa se ha desgarrado, que hay pintura en la pared. 
  2. Cómo te sientes (para evitar atacar al niño, es más eficaz empezar las frases por el pronombre YO: estoy molestada, triste, indignada, decepcionada, avergonzada, tengo miedo de que… 
  3. Qué esperas: para la leche que se derramó: necesitamos una esponja para limpiar. Para el vaso roto: necesitamos una escoba para barrer. Para la pintura: me espero a que la pintura sea limpiada. 


Poner al niño en situación de colaboración 

Podemos evitar pensar por el niño pero implicarle en las decisiones. 
  • Mostrar al hijo cómo redirigir la situación: decir lo que es necesario para que la situación sea redirigida. 
  • Dar información: “la fecha para devolver el libro ha pasado, tenemos que devolverlo a la biblioteca”. 
  • Utilizar la resolución de problemas: “¿qué podemos hacer para que vaya bien para ti y para mi? Estoy segura de que vosotros podéis encontrar una solución para jugar juntos. 


Endulzar la realidad mediante la imaginación y el humor 

Si sois incapaces de conceder realmente algo a un niño, concedédselo mediante la imaginación. Es una manera de decir “no” sin hacer daño. Dr Haim Ginott 

Recurrir a la imaginación al servicio de la educación, permite reconocer los deseos del niño (por ejemplo, si quiere un juguete nuevo, caramelos, un helado…) sin poder acceder a la petición. 

Proponer momentos para regresar a la tranquilidad 

Hay una herramienta de disciplina positiva perfecta: el tiempo para regresar a la tranquilidad. La idea es proponer a los niños un espacio para que se calmen antes de dejarse desbordar por el enfado de los dos lados. Este espacio sería preparado con cojines, lápices y hojas para dibujar el enfado, libros, una caja de emociones o una rueda del enfado, mediante los cuales los niños tendrán a su disposición los medios para calmarse por sí mismos. 

Conectar con el niño 

Es en los momentos más difíciles cuando el niño necesita descargarse. Los besos y los juegos compartidos son las mejores maneras de llenar el depósito de amor del hijo. Simplemente dedicando tiempo al hijo, observándole y diciéndole: me encanta pasar tiempo contigo, me gusta verte jugar” le permitirán recargarse de amor. 

El amor no es una recompensa. El amor es un carburante. Isabelle Filliozat


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