Maternidad

El colecho indefinido

abril 27, 2018



Cuando fui primeriza, obviamente quería comprar una cuna, la decoración de la habitación del bebé es una de esas delicias del embarazo. Escogimos un pack que incluía cuna convertible a cama que venía con un armario, el diseño era precioso. También incluía un mueble en el que poder utilizarlo de cambiador y guardar cositas del bebé en los cajones.

Hubo un problema en la tienda que la compramos y tardaron en traerla, así que teniendo al bebé en casa, decidí ponerlo en medio de la cama. A mí me daba pavor dejarlo en la cama sin nada por miedo a chafarle, darle un golpe o subir la manta y asfixiarle. Al dormir no somos conscientes de nada (y para colmo mi marido supo de un conocido que su bebé se murió ahogado por dormir en el medio). 

Colecho en mi vida sin planearlo

Así que le pusimos con un capazo en la que tenía su propia manta. Nunca hubiese imaginado meter en nuestra cama al bebé pero la situación hizo que así fuese, por estar en el capazo que distancia un poco, no nos notaba tanto y lloraba de más, pero tuve ventajas:

  • Me movía con menos dolor de la episiotomía por la cercanía del bebé.
  • En los despertares nocturnos sufría menos por no tener que levantarme (que es peor que despertarse).
  • Si tenía que mecer al bebé o acariciarle para que dejase de llorar, lo hacía estirada.
  • Para dar el pecho era cómodo y menos pesado.
  • Me producía tranquilidad tener al bebé cerca para comprobar que sigue vivo y que está bien.
  • Nos quitaba buena parte de la cama pero tanto mi marido como yo, estábamos felices de que estuviese en medio y eso reforzaba el vínculo.
De día cuando el bebé dormía, yo también lo hacía para recuperar fuerzas. Al ser el primer hijo, no se tiene a nadie más a cargo y se puede elegir tranquilamente qué hacer. Al haber más espacio por no estar mi marido, el bebé dormía a mi lado fuera del capazo. Al estar fuera del capazo:
  • Dormía más y mejor.
  • Yo no tenía que asomarme para verle.
  • Era un momento bonito entre madre e hijo.
  • Yo estaba más tranquila y feliz.
  • Sentir su piel y su olor me facilitaba el sueño.
Al pasar los meses, mi marido y yo íbamos arrastrados por el terrible cansancio. Me encantó tener esa relación tan especial con el bebé pero llegaba un momento de agotamiento extremo. Y como mi marido, igual que yo, fue educado en que el bebé cuanto menos se tenga en la cama mejor que sino se acostumbra y que nos está toreando, pues lo llevemos a su habitación.

Cama en el suelo para favorecer autonomía 

Para que no llorase y tuviese la facilidad de moverse sin ayuda y pudiese jugar para entretenerse estando solo, le pusimos el colchón en el suelo. En aquel entonces todavía no conocía el método Montessori y fue pura casualidad. No me gustaba ver cómo quedabsa el colchón en el suelo porque parecíamos unos dejados o unos que no se preocupaban por dejar bonita la habitación de su hijo, pero nos fue bien así y pasemos de todo.

Por haber crecido más y con cuidado y cariño, y me imagino que por poner la cama en el suelo, el bebé no tuvo tanta dificultad para habituarse. Lloró un poco los primeros días pero luego no. Cuando iba a verle por la mañana al levantarme me lo encontraba entretenido jugando.

Colechos repetidos con los demás hijos

Con mi segundo hijo, hice lo mismo, la única diferencia fue que a ella le di el biberón porque no soportaba el dolor de la mastitis y de las heridas y al ser así dormía más tiempo. Siempre durmió en el capazo y las siestas las hacíamos juntos los tres (el peque, el bebé y yo). Como mi hijo mayor tenía muchos celos de su hermana, les pusimos en habitaciones distintas. Ella nunca tuvo ninguna dificultad en estar en su cuna y siempre fue la que menos lloraba y la que estaba más tranquila.

Con mi tercer hijo, mi marido insistía en que no estuviese el bebé en la cama porque le incomodaba y que eso le perjudicaba al día siguiente al tener que ir a trabajar. Así que me dormía en una cama yo sola con el bebé. Esto me facilitaba mucho la lactancia y calmar al bebé. Esta vez dormía sin capazo.

Me gustaba estar con el bebé pero me entristecía estar lejos de mi marido. Dormir en camas separadas a mí me daña al corazón, porque es como si nuestros corazones se alejasen. Dormir juntos, comer juntos, sentarse en el sofá juntos son momentos maravillosos e importantes. Al crecer el bebé, decidí dejarla en la habitación de mi hija mediana.

Probé a dejarlas juntas y les gustaba mucho. Ellas se llevan sólo un año y siempre se han llevado muy bien. Mi hijo era más movido y los celos a veces le hacían seguir teniendo algunos gestos agresivos por lo que preferimos que estuviese con la hermana con la que no había ningún problema.

Durmieron con el colchón en el suelo también porque así podían subir y bajar de las camas solas. Cuando tienes muchos hijos y más tan pequeños, no llegas a todo y la mejor manera de no estresarse es facilitar autonomía. Yo decidí dejar las camas en el suelo para no tener que ir a sacarlas de la cuna cada vez que quisieran salir. Así se movían y jugaban a su antojo y no hacía falta que fuese yo.

Colecho indefinido

Han pasado muchos años desde entonces, el mayor duerme en su habitación y ellas duermen juntas. No tienen dificultades para dormir solos y duermen bien. Aún así muchas veces nos piden venir a nuestra cama para estar juntos. Lo hacemos mucho pero no es permanente, es unos días sí y otros no. 

Para la comodidad de todos, cogemos el colchón de la cama de ellos y los colocamos en el suelo de nuestra habitación. Así todos tenemos espacio en la cama para dormir y no nos molestamos. Ellos se quedan contentos porque lo que quieren es estar cerca, no necesariamente en la misma cama.

Muchos familiares se toman fatal que mis hijos aún sigan durmiendo con nosotros en ocasiones. Mi mismo marido no siempre se lo toma bien y a veces intenta evitarlo. Pero yo le hago entrar en razón. Siempre le explico que es normal que nuestros hijos de vez en cuando sigan queriendo dormir con nosotros, todavía son pequeños y el hecho de querer sentirnos cerca al dormir es porque es un momento que tiene mucho efecto en los sentimientos y se siente una necesidad especial de estar acompañado por los seres más queridos.

Recuerdo que cuando era pequeña necesitaba dormir con mis padres y ellos me rechazaban porque consideraban que era grande como para dormir juntos. Siempre sufrí por ello y hasta en mi infancia tuve dificultad para dormir durante muchos años, pero la cultura del miedo a malcriar, ganó la batalla y tuve que aceptar que mis padres no dormirían nunca más conmigo. No pude cambiar la situación, pero sí podía evitar que esto les pasase a mis hijos. 

Es cierto que no compartimos lecho pero lo necesario para que sea colecho es estar cerca unos de otros, sentirnos, querernos y pasar la noche en familia. Un día estas reuniones nocturnas colechando con tres, se terminarán. Llegará el día en el que mis hijos se sientan incómodos y prefieran tener su intimidad y estar en sus habitaciones. Ese día echaré de menos estas noches de colecho, igual que echo de menos el llevarles en brazos, darles la mano al caminar y darles de comer, van creciendo y me necesitan menos, van siendo más autosuficientes.

El colecho está siendo indefinido, como estos bellos recuerdos que quedarán guardados en nuestra memoria indefinidamente.

¿Hicisteis colecho?

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1 comentario:

  1. Hola.
    Nosotros no hicimos colecho pero sí que los tuve bastante en la habitación y sí que se vinieron muchísimas veces a nuestra habitación, son momentos muy chulos.
    A mí de niña me encantaba ir a la cama de mis padres, era muy gracioso porque mi padre nos leía algún cuento, peor leía demasiado rápido y siempre tenía que repetirlo, y jugábamos a las cosquillas...son momentos geniales, y mi marido se iba con sus cinco hermanos a la cama de sus padres, y llevaban café con leche en un termo(antes a los niños les daban café y no pasaba nada) y o desayunaban, y todos tienen muy buenos recuerdos de esas cosas.

    Ay lo que daría yo por viajar en el tiempo de vez en cuando a mi infancia.
    Besos.

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