Disciplina positiva

¿Los hijos han de ser preparados para vivir en esta sociedad "violenta"?

agosto 21, 2018




La cantinela que escuchamos a menudo a cerca de la disciplina positiva es que los niños no se encontrarán en la vida real a “personas tan buenas” y entonces hay que prepararles para que sepan vivir en una sociedad violenta. Este argumento sirve para de manera general justificar los castigos, alzar la voz, regañar y golpear. 

El sistema castigo-recompensa es tóxico 

“Si los castigos y las recompensas fuesen eficaces para enderezar (que consiste en crear automatismos inconscientes, sin comprensión del sentido de la acción), no funcionan para criar a los hijos ni para instruirles, porque tales prácticas coactivas tienen un fuerte componente emocional que inhibe la inteligencia la cual permite asimilar y apropiarse de los conocimientos. Lo que los niños sometidos a ese modo de funcionamiento, aprenden por bueno, aprenden por ello y no gracias a ello. Laurence Dudek 

Cuando enseñamos a un niño a actuar bajo la amenaza (castigo) o con la promesa de una gratificación (recompensa), se degrada su motivación interna (su capacidad de hacer las cosas en función de sus valores, sus necesidades y su ímpetu) así como su ética (él “obedece” a la autoridad sin entender el sentido de la regla por sí misma en términos de seguridad, salud, higiene… ni por las demás razones como puede ser respeto por los demás, solidaridad, vida colectiva…). 

Uno de los efectos perversos más insidiosos del método castigo-recompensa y de la competición es centrar los aprendizajes de las consecuencias individuales y no en las que están relacionadas con los demás o con el entorno. Así se transforman las aptitudes naturales de los niños en habilidad competittiva, con el riesgo de producir generaciones irresponsables, sin otra moral que la del beneficio individual sin empatía en su vida social… ¿eso no es lo que ya hacemos? Laurence Dudek 

La violencia física no es educativa 

Por otro lado, decir que ninguna violencia física es educativa. La violencia sólo perpetúa la violencia. Cuando un adulto golpea a un niño (le da un guantazo, le da un golpe en las manos, le tira de las orejas, le da un golpe en la cabeza, le tira del pelo…) le está enseñando la violencia. 

Cuando los niños son tratados con violencia aprenden que: 

  • Hace falta sufrir y tener miedo para comportarse bien. 
  • Tienen el derecho de hacer el mal por el bien de otro. 
  • Utilizar la violencia con los que son más pequeños que ellos. 
  • Mienten para protegerse del dolor. 
  • Huyen de sus responsabilidades para evitar los golpes. 
  • Integran la violencia como algo normal en la vida. 
  • Creciendo son tentados con reproducir la violencia en todos los ámbitos de la vida. 
  • Creen que existe un vínculo entre amor y violencia: que se puede amar y golpear, que se puede ser amado y golpeado. 
  • No reconocen la violencia física ni psicológica como violencia real, sino como manifestaciones de amor y métodos educativos legítimos. 
  • Obedecen a los más fuertes y a la autoridad sin contestar. 
  • Imponen sus ideas por la fuerza por la simple convicción de que cuando se quiere tener razón y si se tiene fuerza, se tiene el derecho utilizarla para imponerla en los demás. 
  • Dejan de lado su sentido moral para obtener recompensas y la aprobación de la autoridad y así evitar los golpes. 


Esto perpetúa la violencia en el mundo, la coacción en lugar de la negociación, la guerra en lugar del intercambio, la ley del más fuerte en todas las circunstancias… Laurence Dudek 

Romper el círculo de la violencia educativa ordinaria 

  1. Decidir solemnemente no utilizar más la violencia educativa: comprometerse consigo mismos y con los demás (en especial los hijos y el conyugue). 
  2. Corregir el comportamiento cuando hay una desviación hacia la violencia educativa; regresar con los niños sobre lo que se ha dicho o hecho, excusarse, acoger las emociones de los hijos y explicarles que el cambio está en curso. 
  3. Pedir a los hijos que avisen cuando se está siendo violento con ellos y que recuerden a sus padres el compromiso de no ser violentos. 
  4. Si los mecanismos son demasiado difíciles de superar, sería bueno contactar con un profesional (terapeuta, coach parental, talleres de comunicación padres e hijos…). 


Siendo padres, no es nuestro trabajo endurecer a nuestros hijos para vivir en este mundo cruel e insensible. Nuestro trabajo es educar a niños que harán de este mundo, un lugar menos cruel e insensible. LR KNOST

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