Crianza

Cuando los hijos son tímidos

octubre 30, 2018





Mis hijos son tímidos, pero las niñas lo son más, esto como padres nos damos cuenta, porque estamos con ellos en el día a día, y luego se confirma en la escuela que nos comunican en las reuniones que son muy retraídas.

En especial la mediana, que es más de cerrarse. En un principio, esto nos causa preocupación, a mí como persona no me parece nada malo ya que, no sé, hay cosas peores, pero por lo que se nos exige en sociedad, supone un problema.

Nos podemos inquietar demasiado incluso, aunque yo echo la vista atrás, y hago memoria de cómo era de pequeña, yo siempre fui muy tímida, y me duró hasta la adultez. Y aún mantengo defectos de la timidez.

Yo también pasé por ello

Así que ser consciente de esto, me hace primero conectar con esa sensación y esa actitud, porque la vivo por dentro. Y tranquilizarme porque con la de peso encima que llevaba yo, pude deshacerme de gran parte.

La tímidez tiene su parte buena, ayuda a ser más reflexivo, a pensar antes de actuar, a mantener un comportamiento adecuado. Pero es cierto que cuando ésta se excede, dificulta hacer una vida normal.

Yo durante toda mi vida, he sufrido mucho malestar porque me costaba relacionarme, hacer amistades, ser el foco de atención, incluso caminar mientras me miraban. 

A base de concentrar mi mente en otro tema, mejorar el autoestima, pude poder dirigirme a las personas desconocidas, hablar en público, ir por donde quiera sin temor a las miradas.

Pero igual que le pasa a mi hija, muchas personas se cierran. Cada vez somos más individualistas, no queremos saber nada de los demás, las relaciones vecinales son muy frías, los niños se quedan en sus casas y no salen a jugar a la calle, los niños del parque juegan con los que conocen y se niegan a entablar nuevas amistades...

Algunos somos tímidos pero también hay demasiada gente egocentrica.

Yo no me siento mejor que nadie, pero me hiere mis sentimientos la gente superficial que escoge a sus amistades según la clase social (que es muy habitual), o según cómo se viste (fijándose en la marca de las prendas de ropa), o que simplemente por no conocerte, no le entras por el ojo, o no le causas interés, y no le apetece hablarte.

Con la edad que tengo yo ya, me da absolutamente igual, mi vida no depende de amistades, pero cuando se ofrece la ocasión, ahí estoy yo dándolo todo. Aunque pueda no parecerlo, soy una persona muy habladora, y muy abierta, soy muy social, pero las malas experiencias hacen que además una se vuelva más retraída.

Allá donde se me ve, favorezco una conversación con quien da pie a ello. Soy de esas que habla en el autobús, en el metro, en el supermercado, en la farmacia, en el parque, en la panadería, y charlo con facilidad, me salen muchos temas. 

Pero por educación, y para no sentirme “humillada”, doy a entender que acepto o que me gustaría conversar, con mi actitud corporal, si se me acercan vale, y si no pues nada. Porque yo no voy detrás de nadie ni quiero que alguien ose ignorarme, que haberlos haylos así de descarados.

Personalidades que quitan las ganas de hablar

Esto donde más me ha pasado es el colegio, que se crean grupismos entre padres, personas de las que no tengo nada que envidiar, y que en parte me alegro porque gente tan tóxica no me conviene.

Mi hija cuando vamos a parques y a lugares de juego donde hay niños, siempre que hay una oportunidad, se acerca a otros niños. Y muchísimas veces me decía que  preguntaba si podía jugar y le contestaban que no. Entonces si ella de forma educada se introduce en un grupo o en un juego y la rechazan, esa tímidez no le impide actuar con normalidad, sino que es la misma situación la que le impide a ella poder avanzar.

Yo también siento que ella se siente mal, es sensible, como yo, y en la escuela no es como en el parque, ella empezó el cole en p5, no tiene mucha experiencia en relaciones sociales escolares. Pasan muchas horas con niños que no conocen y que muchos de ellos tienen comportamientos peyorativos, y no estamos los padres para poder actuar.

En el colegio hay un “descontrol” que proporciona menos seguridad 

Es bien sabido que en las escuelas pasan muchos conflictos, que no se terminan de atajar, y muchos niños sufren acoso escolar o rechazo. Siempre se depende de un alguien que te acepte o que le parezca bien que estés tú.

A mi en mi infancia también me costó encajar en grupos, porque hay demasiadas exigencias, y como buenos niños que son, prefieren reducir sus relaciones a unos pocos, y el tener ese feeling necesario no es fácil.

Esto depende mucho de cómo son criados los hijos. Si han sido educados a tratar por igual,  a invitar a otros niños a jugar, a incluir niños que están solos, a ser amables con desconocidos, a empatizar con sus iguales... yo siempre les animo a hacerlo cuando estamos en la calle.

Como mi hija no está tan acostumbrada, sufre mucho cuando se ve expuesta a burlas. Le han dicho varias cosas que le han sentado muy mal, ella se siente muy incómoda, y pierde la confianza en ellos. Que se va a recibir insultos y decepciones de compañeros, esto es así, pero aceptar este proceso y adaptarse cuesta.

El lado agridulce de las relaciones

A todos nos gustaría que todos fueran de frente, que nos hablaran con respeto, que no nos ofendieran, que si nos hieren se disculpen, que seamos todos menos egoistas, pero es poco realista esperar esto de los demás y exigirlo.

Son tantos los aprendizajes y las habilidades que los niños tienen que adquirir, que es normal que tarden hasta cierto punto. Las relaciones sociales no son sencillas, y con el tiempo van a peor. Los niños son un reflejo de la sociedad.

A mi peque también le cuesta coger confianza con la nueva maestra, por eso en las escuelas alternativas la misma profesora está presente varios años, crear una buena relación con la profesora es lento. No sabemos cómo es, ni cómo va a reaccionar, y es un nuevo descubrimiento.

Estoy tratando de que se abra para que así en la clase se sienta más cómoda. Voy a favorecer una buena relación haciendo que al llegar a casa, hablemos de la maestra, que escriba cartas a su profe, que le dedique dibujos, si tiene preguntas sobre ella de cosas que quiera conocer que se las escriba, y así podrá avanzar la cosa.

Controlar, no eliminar

Estaremos trabajando el autoestima, para que se de cuenta de lo capaz que es, y de lo bien que sienta demostrar lo que uno sabe, y que no se avergüence de nada, aunque hayan quienes se burlen, porque hay quienes se burlan de todo, por querer molestar, aunque no sea motivo de risa.

Lo más importante es no forzar, todo se produce a su ritmo, no tenemos que presionar ni que hacer sentir mal a nuestros hijos si son tímidos. La timidez también es una cualidad, aunque no sea muy apreciada. No se trata de eliminarla si no de moderarla.

Que uno mismo pueda hacer uso de su timidez cuando lo vea apropiado, y que cuando sienta que esa timidez le obstaculiza sus objetivos, pues que detenga esa barrera y que dosifique su timidez para que no le impida actuar.

Son tímidos y tenemos que quererles así 

Con cariño, con compresión, elogiando un poquitín sin pasarse, charlando mucho, teniendo una buena comunicación con los hijos, explicando lecciones importantes de relaciones sociales, estando presente en fiestas de barrio y en parques o eventos infantiles para que se relacione con nuevos niños, y también propiciando relaciones con quienes se lleven mejor.

Tenemos que quererles como son, sentirnos orgullosos de ellos, y nunca mostrarnos contrarios, no tenemos que hacer que nuestros hijos sean nuestras marionetas, no hemos de decidir cómo serán en todo, ni tampoco podemos esperar que sean lo que soñamos, ellos serán lo que decidan ser. Tenemos que evitar a toda costa comparar, y exigir que sean como otros niños que tomamos como ejemplo, cada niño es distinto, y lo debido es respetar su persona y apreciar lo bueno que tiene en lugar de exigir que sea como no es.

Alarmarse no es apropiado

Habrá casos de gravedad, pero la timidez, incluso la fobia social, no tiene porqué llevarnos a la medicación. Todos somos capaces de superarnos, creando estrategias internas, siempre que tengamos un ambiente que nos apoye y que nos guíe, yo tarde en lograrlo porque no encontré ese algo, mis padres siempre eran de quejarse de mi, y si tenía vergüenza, me dejaban en evidencia delante de todos.

Sé de gente que ha sido medicada o internada en centros, simplemente por esta razón. Y no me canso de repetir, que tenemos mucha facilidad en medicar, y etiquetar a las personas. A mí lo que también me dificultó mejorar mi condición, fue mi ansiedad, por los conflictos familiares, sin saberlo tenía ansiedad, y con ésta todo es más difícil.

Siempre se tiene que transmitir a nuestros hijos que ellos pueden lograrlo, porque limitar nuestras capacidades a unas pastillas, nos hace dependientes de algo, que nos programa a pensar que no valemos para eso, y que es mejor que nos rindamos. Esto daña el autoestima y propicia el consumo de drogas. ¡Cuánta gente se ha llegado a drogar solamente para sentirse más ágil y extrovertido en sus relaciones! ¡Más de lo que nos pensamos!

Me entristece cuando veo gente que no se cree capaz. Se les adjudica una discapacidad que puede ser superada en la mayoría de los casos, y se les condena a sentirse inferiores y tristes con su vida. Sentir que no puedes controlar tu vida, es dramático y dañino.




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