Maternidad

Fijarse más en lo bueno de los hijos que en lo malo

octubre 04, 2018



Debo reconocer que he pecado de excederme en ver todo negro y ofuscarme en la negatividad. La maternidad es así, aprender y aprender, nunca sabes lo suficiente.

Hay más veces que me he quejado de lo malo, una madre cree que lo mejor que puede hacer es corregir, claro. No se va a quedar quieta como una estatua si su hijo tiene una conducta incorrecta, por lo que al ver algo actúa al momento.

Los hijos pequeños están en una edad que las trastadas, peleas y correcciones están a la orden del día, y si tienes más de un hijo, hay que armarse de mucha más paciencia. 

Que si el mayor se burla de las pequeñas y las hace rabiar, que si uno de ellos dice una palabrota que aprendió en el cole, se discuten por querer comer o jugar con lo mismo a la vez, se enfadan si no se ponen de acuerdo al jugar, a veces hay grupismos y dejan de lado a uno y ése se enfada y la lía, que si no hacen caso, que si hay que repetir todo etc

Hay tantas situaciones diarias en las que hay que actuar que se hace cansino. Sí, cuando los hijos son bebés, nos molesta el llanto y el tener todo el rato que atender casi el día entero por la enorme dependencia de éste, pero cuando se hacen grandes, vienen otras cosas.

Ser madre es una gran responsabilidad y un gran esfuerzo, por eso no conozco madre que no pierda el control, que no se desespere, y que no se agote.

Así pues, si hacemos un análisis semanal, veremos que nos pasamos la vida regañando, corrigiendo y actuando con rapidez como si fuésemos policías. Es algo necesario, hay que intervenir, algunas veces no, pero tenemos que estar ahí, sobretodo cuando los niños llegan a las manos, gritan o rompen/tiran algo.

Aún así, nunca tendríamos que olvidarnos de las cosas buenas de nuestros hijos, de lo que hacen logrado cambiar, de lo que han aprendido, de esos gestos y palabras que nos encantan, de los buenos momentos juntos y a solas, etc.

Quedarnos con lo “malo” nos hace sufrir de más y nos impide poder valorar a nuestros hijos como merecen y apreciar sus cosas buenas. En realidad, deberíamos fijarnos más en lo bueno que en lo malo.

Yo siempre he tenido el modelo verdugo como digo yo, que mis padres en toda mi vida pocas veces me han dicho algo bueno. Mis recuerdos son más de castigos y de conflictos, así que cuando pienso en esos momentos siento: falta de empatía hacia mi, falta de comprensión, falta de paciencia, frustración, tristeza, daño al autoestima y pérdida de confianza en los padres.

Hubiese querido que me corrijan porque han de hacerlo pero sin gritos ni amenazas, pero además haciéndome reflexionar, muchas prohibiciones de mis padres no tenían explicaciones y si el hijo no entiende el porqué le costará más aplicarlo. También perdí confianza porque por cualquier cosa de enfadaban mucho y eso me llevó a mentir, por miedo a tantas represalias y porque sabía que no habría comprensión ni que se pondrían en mi lugar.

Y por supuesto, nuestra relación padres-hijos totalmente mermada. Mis padres siempre me dicen lo malo, hasta cuando hago algo loable no falta el “pero”. Incluso siendo adulta y madre ya, ellos siguen hablándome de lo malo aunque fuese de hace quince años. 

Por eso yo me equivoqué, no tuve un modelo bueno para mi, pero desde que fui consciente, hago lo posible para que mis hijos no tengan un trato así. Eso no quita que me queda un largo camino, cerrar los ojos ante cosas que ponen de los nervios no es fácil, pero me alegra poder proprocionar una educación mejor a mis hijos y ser mejor que mis padres.

Somos padres, no psicólogos, no tenemos que ser especialistas en todo, pero los hijos, igual que los adultos aunque los mayores ya tenemos más madurez y conocimientos, somos muy influidos por lo que nos dicen nuestros seres queridos.

Parecerá una exageración pero repetir constantemente frases negativas al hijo y que casi todas las palabras que salen por la boca al estar juntos sean negativas, hace que el niño se programe a perpetuarlo. La mente humana es una bomba de relojería, puede volverse en contra de uno mismo por lo que hacen los demás, como si por momentos perdiésemos el dominio.

La programación neuro lingüística es muy extensa al respecto y nos demuestra que las palabras pueden ser un arma de doble filo, que se puede condenar a un hijo al fracaso, a la depresión, y hasta la delincuencia según como seamos con él y lo que digamos. Cuando nos relacionamos no hipnotizamos haciendo mirar un reloj dando vueltas, pero programamos.

Así que hay que tener bastante cuidado con lo que decimos y hacemos, es una barbaridad, lo sé. Muchas veces me equivoco porque no sabes qué decir ya, dices cosas con buena fe y estropeas, se tiene que pensar mucho antes de hablar. Pero todo se soluciona aprendiendo y practicando.

La mejor ayuda que tengo es mi marido que tiene estudios en PNL aunque no ejerce de ello, y he podido comprobar grandes cambios y avances en mis hijos, de una manera potente, eso nos sirve para no desvalorar el poder de las palabras. 

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2 comentarios:

  1. Hola. Me encanta leerte. Yo también soy madre de familia numerosa. Estoy de acuerdo contigo. No debemos reñir constantemente a los niños, solo debemos “corregirlos”... y con ello me va bien, mis niñas se comportan de otra manera, no porque yo les castigue y les riña... sino porque ... les expliqué que eso que hacen no es correcto.

    Muchas veces me estreso, y entonces reflexiono y me recuerdo a mi misma, soy mami de tres porque yo lo decidí así, me encanta, así que no merece la pena enfadarse ni agobiarse, cojo aire, respiro y disfruto de ello...

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    1. Totalmente de acuerdo! ha disfrutar de la maternidad

      Gracias por comentar!

      Un abrazo

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