Montessori

Montessori y la crianza con apego

octubre 15, 2018



 El primer principio: la preparación para el embarazo, el parto y la crianza de los hijos. Hay que prepararse emocional y físicamente para el embarazo y el parto. Se tiene que investigar las opciones disponibles en los hospitales e informarse de los cuidados y la rutina del recién nacido. Una misma se tiene que educar continuamente sobre las etapas de desarrollo de la niñez, luego se establecen expectativas realistas y se permanece flexible. 

El enfoque Montessori para la crianza de los hijos también se enfoca en preparar la llegada de un nuevo hijo de manera reflexiva y cuidadosa. Se prepara un ambiente hogareño acogedor para el recién nacido, y se prepara para un parto lo más cercano posible a lo ideal (parto natural, sin epidural, no intrusivo y tranquilo). Las asistentes Montessori pueden dar indicaciones para poder preparar correctamente el hogar y pueden acompañar las primeras semanas para enseñar las rutinas y cuidados del bebé. 

El segundo principio: alimentar con amor y respeto. La lactancia materna es la forma óptima de satisfacer las necesidades nutricionales y emocionales de un bebé. Montessori también reconoce que la lactancia materna es a demanda, particularmente en el período simbiótico, es una parte importante para ayudar al bebé a desarrollar una confianza fundamental en el mundo. El período sensible para el destete comienza entre los 5 y 6 meses. Como siempre, el período sensible está marcado por varios signos de preparación que pueden ser diferentes en cada niño. Quienes aplican Montessori reconocen la necesidad de estar en sintonía con las necesidades individuales de cada niño en el momento del destete, y la importancia fisiológica y psicológica del proceso de destete. 

El destete marca el comienzo de un proceso de separación de la madre, a medida que el niño toma consciencia de su independencia y de su yo como una entidad separada. Cuando el niño puede sentarse, muestra interés en comer la comida que come su familia y empieza la dentición, está listo para iniciar el proceso de destete. Si se toma el cuidado de introducir alimentos sólidos de una manera positiva alentando la independencia del niño, él tomará el paso natural de disminuir y eventualmente suspender la alimentación de leche sin la necesidad de que el proceso sea determinado arbitrariamente por el adulto. 

La necesidad de la madre se reemplazará naturalmente con el deseo de independencia del niño, si se propician los primeros pasos del niño hacia la autonomía. Anne McNamara escribió en un artículo: Los Montessorianos tienen que protegerse de la influencia en nuestra sociedad de sentirse preocupados por liberar a la madre del bebé en lugar de permitir que el bebé se libere de la madre. Las madres necesitan apoyo para que sus bebés puedan determinar cuándo y por cuánto tiempo necesitan amamantar. 

 El tercer principio: responder con sensibilidad. Construye los cimientos de la confianza y la empatía desde la infancia. Sintoniza lo que tu hijo te está comunicando, luego responde de manera consistente y apropiada. No se puede esperar que los bebés se relajen solos, necesitan padres tranquilos, cariñosos, empáticos para ayudarles a aprender a regular sus emociones. Responde son sensibilidad a un niño que está sufriendo o expresando emociones fuertes, y comparte su alegría. La importancia de esta crianza sensible se destaca en el énfasis de Montessori en las primeras semanas de vida. 

Las asistentes Montessori de la infancia ayudan a los padres a convertirse en observadores astutos de sus bebés, y a su vez a poder responder a las comunicaciones de las necesidades de sus bebés de manera adecuada. La crianza sensible en un hogar Montessori requiere que los padres aprendan a negociar la línea fina entre ofrecer ayuda y convertirse en el sirviente del niño. Los padres aprenden a ver a sus hijos primero, antes de intervenir apresuradamente, para que puedan determinar exactamente qué tipo de ayuda ofrecer al niño para que sus necesidades puedan satisfacerse, sin socavar su creencia en sí mismo como persona competente y capaz en su derecho propio. 

La doctora Montessori, dijo que el adulto actúa como un apoyo necesario para el niño que después de haber perdido el control de sí mismo por un momento, necesite un fuerte apoyo al que pueda aferrarse. 

 El cuarto principio: el contacto cálido. El contacto satisface las necesidades de un bebé, con el contacto físico, el cariño, la seguridad, la estimulación y el movimiento. El contacto piel a piel es especialmente efectivo, como durante la lactancia, el baño o el masaje. Llevar en brazos o en portabebé también se satisface esta necesidad. Los abrazos, el acurrucamiento, el masaje, y el juego físico ayudan a satisfacer esta necesidad en los niños. 

La doctora Silvana Montanaro escribió sobre la importancia de tocar en su libro “Entendiendo al ser humano”. Ella dijo sobre el período simbiótico (las primeras semanas de la sexta a la octava después del nacimiento): el contacto corporal en la posesión le transmite al niño la aceptación y la actitud de la madre, y puede brindar una gran tranquilidad que facilitará el paso al nuevo entorno. El niño puede entender a través de experiencias repetidas y directas con una madre amorosa, que el mundo externo responde rápidamente a sus necesidades de contacto, estimulación y alimentación. Siempre hay una respuesta a su llamada y él puede confiar en su alrededor, como lo representa la madre. 

También, destaca la importancia del niño: coger adecuadamente debe transmitir al niño nuestra alegría por la intimidad entre los dos, además del amor, respeto y admiración por su ser. Sin embargo, advierte contra la decisión de restringir los movimientos de un niño. Destacando que los niños que tienen libertad de movimiento desarrollan una fe básica en uno mismo, confianza en sí mismos, el sentido de independencia y autonomía, así como persistencia y alta autoestima. De modo que los padres Montessori deben reconocer que la necesidad de contacto con el niño debe equilibrarse con su necesidad de libertad de movimiento. Esto requiere una crianza sensible y el deseo de seguir al niño, no colocar las necesidades del adulto por encima de las del bebé en desarrollo. 

Llevar en brazos a un bebé y dedicarle tiempo en tu propio espacio nunca debe superar a lo demás, sino que debe ser equilibrado y ofrecido de acuerdo con las necesidades del bebé, que se comunicará fácilmente. La clave está en comprender y responder correctamente a sus comunicaciones. 

El quinto principio: garantizar un sueño seguro, física y emocionalmente. Los bebés y los niños tienen necesidades en la noche tal como lo hacen durante el día, desde el hambre, la soledad y el miedo, hasta sentir demasiado calor o frío. Dependen de los padres para tranquilizarles y ayudarles a regular sus emociones intensas. Las técnicas de entrenamiento del sueño pueden tener efectos fisiológicos y psicológicos perjudiciales. El dormir con seguridad tiene beneficios tanto para los bebés como para los padres. María Montessori, tuvo clara la necesidad de proporcionar al bebé una cama a ras del suelo donde pueda recostarse, y levantarse como desee. Sus pensamientos sobre dormir juntos no estaban expresados explícitamente. 

 Mary Matthews, una asistente Montessori de la infancia, escribió en un artículo: Un colchón en el suelo permite que el bebé se mueva libremente por la cama y entre la cama y el suelo. Si el niño necesita a sus padres, puede llamarles o buscarles. El niño que ha disfrutado de la simbiosis confía en que sus padres responderán si los necesita. El niño que duerme haciendo colecho, necesita la presencia de la madre o del padre para dormir cómodamente. Esta dependencia creada no ayuda. Mi opinión es que si al niño se le da la libertad de movimiento proporcionada por una cama en el suelo, y luego decide dejar esa cama para dormir en una cama compartida, esto refuerza la autonomía y libertad de decisión que deseamos cultivar colocando la cama en el suelo. 

 Anne McNamara indicó que no debemos centrarnos en si el niño duerme en su cama en el suelo o en la cama familiar, sino en el respeto por la libertad de elección del niño. 

 El sexto principio: proveer un cuidado consistente y cariñoso. Los bebés y los niños pequeños tienen una necesidad intensa de la presencia física de un cuidador consistente, cariñoso y sensible: idealmente un padre y una madre. Si es necesario que otra persona le cuide, elije un cuidador que haya formado un vínculo con el niño y que lo cuide de manera que fortalezca la relación de apego.

 El enfoque Montessori trata sobre el desarrollo del niño “completo”. Los padres Montessori necesitan crear ambientes que nutran cada aspecto del desarrollo de sus hijos. A menudo es más fácil enfocarse en el desarrollo intelectual, ya que esto involucra cosas que podemos ver y tocar: objetos de aprendizaje. Pero crear espacios seguros en los que se satisfagan las necesidades emocionales del hijo es vital para el desarrollo de relaciones sanas en el futuro. La doctora Jill Stamm dijo: el bebé depende biológicamente de tu capacidad de respuesta. Aunque nació con las capacidades de alegría, tristeza, miedo y muchos otros sentimientos, necesita ayuda para regular estos estados emocionales para que no abrumen su sistema. 

También debemos tener cuidado al reconocer que el proceso de separación es precisamente eso, un proceso. No sucede instantáneamente el primer día que sus padres están lejos de él. La separación vista a través de la filosofía Montessori tiene lugar en varios niveles, comenzando con el nacimiento, en los que el niño se separa del ambiente protegido del útero, y se une al mundo de la vida; destete, en el que se separa del pecho como fuente de alimento, y se adhiere al alimento de la familia y a la autoalimentación, movimiento, en el cual el niño se desliza, rueda, se arrastra, gatea y camina en pasos incrementales lejos de la madre, y se une al entorno inmediato del hogar, y el período de autoafirmación en el que el niño se declara autónomo y capaz de vivir independientemente. 

 El séptimo principio: practicar la disciplina positiva. Judi Orion, asistente Montessori de infancia dijo : lo que debemos tener cuidado aquí es no confundir esta necesidad de independencia y nuestro deseo de que sean independientes, con su necesidad simultánea de ser nutridos. El hecho de que puedan hacer cosas no significa que no necesiten cuidados. A veces empujamos la independencia a costa de la crianza. Creo que siempre necesitamos mantener un equilibrio. La disciplina positiva ayuda al niño a desarrollar una conciencia guiada por su propia disciplina interna y compasión por los demás. 

Una disciplina empática, cariñosa y respetuosa fortalece la conexión entre padres e hijos. En lugar de reaccionar al comportamiento, descubre las necesidades que conducen al comportamiento. Comunicar y crear soluciones juntos manteniendo intacta la dignidad de todos. La doctora Montessori habló muy elocuentemente sobre el tema de la disciplina. Su idea de disciplina no era la de una condición externa impuesta al niño desde el exterior, sino que es un estado natural que crece y se desarrolla desde el interior del niño, como cualquier otra conquista del desarrollo en la infancia. 

Según la teoría de Montessori, hay tres etapas en el desarrollo de la autodisciplina. La primera etapa es cuando el niño solo es capaz de obedecer los impulsos internos que lo impulsan, incluso si lo ponen en desacuerdo con los que le rodean (como cuando un bebé continúa tocando algo aunque se le haya dicho no varias veces). El bebé no está siendo deliberado en su “desobediencia”, simplemente está haciendo lo que él cree que lo impulsa a hacer. Explora su entorno aunque sus actos no coincidan con las peticiones de sus padres. 

La segunda etapa es cuando el niño es capaz de suprimir su impulso interno para cumplir con una solicitud externa, es decir, es mayormente capaz de hacer lo que se le pide, ya que su deseo de ser parte del grupo social anula sus impulsos instintivos. 

La tercera etapa es cuando el niño obedece alegremente. Él ha transcendido el estado de desarrollo en el que obedece debido a una solicitud externa: hace lo correcto porque es correcto, no porque alguien le haya dicho que lo haga. Esta etapa de disciplina solo se alcanza bajo un conjunto específico de circunstancias, donde el niño tiene la libertad de desarrollar su voluntad. 

Muy a menudo los padres creen que para criar a un niño obediente, deben “romper” su voluntad. Pero Montessori creía que para alcanzar la tercera etapa de la autodisciplina, la capacidad del niño para elegir debe fomentarse, y esto solo puede suceder en un ambiente de amor y apoyo, donde los niños tienen libertad para actuar dentro de límites claramente definidos.

 “La disciplina y la libertad están tan relacionados entre sí, que si hay cierta falta de disciplina, la causa se encuentra en la falta de libertad. Para obtener disciplina, es inútil contar con amonestaciones o exhortaciones habladas. Esos medios tal vez tengan al principio una apariencia de eficacia, pero después de un tiempo dejan de tener efecto”. María Montessori 

Esencialmente, el mal comportamiento es la expresión de la falta de libertad para satisfacer las necesidades de sí mismo. No es probable que el comportamiento autoritario de los padres cree una situación en la que se pueda establecer el estado natural de la autodisciplina de un niño. Los niños necesitan una guía cariñosa y un entorno propicio para desarrollar su voluntad, lo que les permitirá tener el control de sí mismos. 

El octavo principio: esforzarse por mantener el equilibrio entre la vida personal y familiar. Es más fácil ser emocionalmente sensible cuando te sientes equilibrado. Crea una red de apoyo, establece objetivos realistas, pon a las personas antes que a las cosas y no tengas miedo en decir que “no”. Reconoce las necesidades individuales dentro de la familia y resuélvelas en la mayor brevedad posible sin comprometer tu salud física y emocional. Sé creativa, diviértete con la crianza de tus hijos y toma tiempo para cuidarte. 

La teoría Montessori tiene tres componentes esenciales: el niño, el entorno preparado y el adulto preparado. La preparación inicial que se exige al adulto Montessori es que se examine a sí mismo, se vuelvan humildes y se pregunten de qué manera consideran al niño.Libro el secreto de la infancia. 

 La doctora Montessori dijo que el niño debe estar protegida por un entorno externo animado por la calidez del amor y la riqueza del valor, donde se le acepta por completo. Libro El niño en la familia.

 Si la tarea del niño es construir el adulto en el que se va a convertir de manera única, entonces le corresponde al adulto facilitar ese crecimiento en lugar de imponerle su propia voluntad. El adulto Montessori renuncia voluntariamente a su propia agenda por el niño, y en cambio, aprende de él lo que necesita a continuación del adulto, y del ambiente y lo proporciona fielmente. Fundamentalmente, el adulto elimina los obstáculos externos al aprendizaje del niño, que irónicamente a menudo se precipitan los adultos. María Montessori dijo que la autoridad y la dignidad verdaderamente grandes de los padres se basan solo en la ayuda que pueden brindar a sus hijos para que se construyan a sí mismos. 

El niño solo puede construir bien si esta ayuda se brinda de una manera adecuada. Libro la mente absorbente.

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