Crianza

Mis hijos se pelean

diciembre 04, 2018





Cuando se decide tener más de un hijo, la emoción del segundo embarazo y sobretodo del parto se multiplica porque hay otra personita que nos acompañará en esta nueva aventura y que se alegrará de tener un compañero en casa.

Hay que ser precavida y tener sumo cuidado para no descuidar al otro hijo, y por el contrario, hacerle partícipe en los cuidados del bebé y estar con los dos a la vez el máximo del tiempo posible, que nada lo impide, solo que requiere más esfuerzo y dedicación.

A veces por más que una haga no consigue prevenir los celos, pero es un proceso totalmente natural, y que si actuamos correctamente se irá desvaneciendo. Juzgar los celos de un niño pequeño, también es precipitarnos, ¿acaso los adultos no los tenemos?

La madurez, la comprensión, la experiencia, la educación nos permite controlae y eliminar los celos, porque tenemos debido a nuestra edad, la capacidad de gestionar nuestras emociones y dominarlas.

Más tarde cuando los hijos crecen, y pueden empezar a relacionarse mejor porque ninguno de los dos son bebés, y es cuando lo conflictivo ya no son los celos sino las peleas por no ponerse de acuerdo.

¿Hay que preocuparse?

Hay quienes se atemorizan por tener otro hijo creyendo que las relaciones entre hermanos son una barbaridad, pero este miedo viene de la ignorancia. Como padres ignoramos mucho la crianza positiva, nos dejamos influenciar por lo que dicen los demás y estamos muy engañados.

Ningún hijo se llevará perfectamente sin pelearse nunca con su hermano porque la convivencia es así, hay momentos en los que nos enfadamos, discutimos, e incluso nos dejamos de hablar unos minutos u horas.

Cuando ni siquiera los adultos conseguimos convivir sin problemas, ¿cómo podemos pedírselos a un niño pequeño? ¿Nosotros no discutimos con nuestra pareja? ¿No hay situaciones en las que podemos hablarnos mal, darnos la contraria, discutir por tonterías y dejar de hablar?

¿Existe alguien en este mundo que no discuta?

Los hermanos discuten, se pelean, pero se quieren. Se alegran de ver cada día a sus hermanos en casa, sin ellos se sienten tristes y los días son más divertidos y bonitos con ellos. Agradecen tener hermanos e incluso pueden desear tener más, ¡que levante la mano quien haya pedido un hermano a Papá Noel! :)

Nuestro papel como padres es hacer que la relación vaya a mejor y no a peor. Por ignorancia, que es la razón de todos nuestros males, tratando de corregir o de mejorar, metemos la pata y el resultado es todo lo contrario.

Se tiene que ser justa, empática y comprensiva con cada uno de los hijos. No hay que tener favoritismos ni preferir a unos por encima de otros, el trato y el cariño ha de ser equitativo, no se puede marcar mucho la diferencia porque así se hace sentir discriminado o más rechazo a alguno de los hijos.

Justamente son los padres quienes sin darse cuenta, hacen que los hijos lleguen a odiarse. El gran ejemplo de esto es la relación que tengo yo con mi hermana, ella es seis años mayor que yo, de bebés nos llevaríamos bien (fijándome en las fotos lo deduzco) pero de más grandes era horripilante.

Los padres podemos ser los causantes 

Mi hermana sentía un odio hacia a mí que le hacia siempre dañarme, me hablaba mal, y era egoista sabiendo que yo en gran parte dependía de ella por ser la mayor y quien se hacía responsable de mi cuando mis padres no estaban.

Crecí, devolviéndole lo mismo que ella me hacía, y era confrontación tras confrontación, ella era chivata con mis cosas, pues yo también, ella criticaba a mis amigas, yo también, ella no me dejaba ponerme según qué ropa, yo la molestaba según podía.

No nos podíamos ni ver y hemos llegado a pegarnos también. Aunque llegó el día que pasemos de ese panorama a ignorarnos. Nos veíamos y era como si nuestras miradas no coincidiesen. Y nos quedemos así hasta ahora. Hay una relación fría y muerta. 

Nunca me puse a pensar en el porqué, creí que debía ser así y que me tocó esta desgracia. Pero con los años, adquiriendo conocimientos, y siendo madre, descubrí que fue culpa de mis padres. Ellos siempre hacían mucha cizaña, nunca arreglaban los problemas entre nosotras, solían darme la razón a mi por ser pequeña, me daban preferencia en muchas cosas por ser yo, y eso hizo que mi hermana fuese discriminada y descargase su rabia en mi.

Una de las cosas que luego mi madre repitió conmigo y mi sobrino, era que compraba dulces y picoteo y decía que eso era para mi sobrino y lo otro para mi padre y que a mi ni se me ocurriera coger nada. A mí me dejaba sin nada de nada, y no exagero. Aún siendo joven era muy madura y empática a esa esad ya, y por supuesto nunca lo pagué con mi sobrino, no tenía culpa alguna, pero entendí que este mal actuar venía de mi madre y que repetía los mismos errores.

Esas experiencias me hicieron ser más consciente de lo que sufrió mi hermana, y lo de mi hermana fue peor porque mis padres antiguamente tenían peor comportamiento y además estas situaciones se presentaban cada día porque vivíamos juntas, pero mi sobrino iba y venía y no pasaba esto siempre.

Ahora que soy madre, me esfuerzo mucho en no hacer lo mismo que mi madre. Siempre soy por igual, y si hago algo por uno lo hago por todos. Y si no puedo ser equitativa en algún momento por falta de dinero o tiempo, lo explico y lo compenso otro día o con otra cosa. 

Doy cariño a todos y paso tiempo con todos. Si hay peleas, escucho a todos y no le doy la razón siempre al mismo ni sobreprotejo a ninguno. Analizo las dos partes y trato de reconciliar de forma respetuosa y justa. 

Otras veces que son las que más me gustan, cuando vienen a quejarse, les pido que lo solucionen entre ellos, eso hace que yo no “declare culpable” a nadie y que no haya señalamientos. Así ninguno se siente ofendido ni juzgado. 

Al verse comprometidos en tener que solucionarlo solos, se esfuerzan e interesan más en encontrar la solución que guste a todos. Y a la vez, les quito esas ganas de querer dejar mal al hermano. Hago llegar el mensaje de que lo mejor es que encuentren soluciones y que no importa quién ha sido o qué ha pasado.

Si están muy alterados o reacios a solucionar el problema, los separo (sin castigar), hago que jueguen, lean o descansen, lo que deseen separados. Y al poco vuelven queriendo empezar de cero con calma.

Solo tenemos que intervenir cuando llegan a las manos o es algo grave pero a medida que crecen dejan a un lado la violencia y como mucho se agreden con palabras o actos. La educación que se proporciona a los hijos tiene que enseñar que la violencia no tiene que existir bajo ningún concepto y que solo con diálogo se consiguen las cosas.

Con paciencia, constancia, buen ejemplo en casa y una crianza respetuosa y positiva, la relación de los hijos va reforzándose. Cuanto más crecen mis hijos menos discusiones tienen entre sí. Y estas habilidades que adquieren las necesitan también para relacionarse con sus amigos y compañeros de clase. Pero en la edad adulta seguirán beneficiándose de esas bases porque tener hermanos es bueno y recomendable. 

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