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Prevenir las caries en niños




Crear el hábito de limpiarse los dientes, es mucho antes de lo que nos pensamos. Que nos vean y que lo apliquen cuanto antes influye en sus hábitos futuros. Hay maneras de hacer que se lo tomen con más diversión, y que sobretodo aprendan los pasos y la manera correcta de limpiarse los dientes.

Las caries son el problema bucodental más frecuente en los niños, cada vez se come más dulces de forma rutinaria y excesiva, lo que daña los diente de nuestros hijos. Si el peque ya tiene caries, vamos al dentista para tratarlo pero si no las tiene, mejor prevenir que curar.

De mis tres hijos ninguno tiene caries, solo uno, justamente el que fue al colegio desde p3. Y sé de primera mano que es 100% por culpa del colegio. Por cualquier razón, a modo de premio, en cumpleaños festejados en la escuela y en fiestas, no paran de rular chuches.

En casa apenas comemos dulces, yo no me controlo tanto porque desgraciadamente desde pequeña me comís bolsas enteras de chuches que me compraba mi abuela y luego me las compraba yo. Hace años que no lo hago, solo me voy cogiendo cosas de vez en cuando aunque hago esfuerzos por remplazarlo por frutas.

Damos preferencia a la miel que es algo dulce pero sano, cuando tenemos todos muchas ganas de dulce, ponemos miel en una rebanada de pan. Pero claro no siempre lo hacemos así porque tampoco queremos eliminar los dulces en nuestras vidas, sino reducirlos.

Los dulces que más dañan los dientes son las chuches, todo lo que es jarabe de glucosa y toda esa cosa que solo tiene azúcar es lo que al poco tiempo te causa caries. Así que los bizcochos, madalenas, macarons y cualquier dulce casero es preferible y más si lo hace una misma porque controla la cantidad de azúcar.

Cómo prevenir las caries

No chupar accesorios del bebé como el chupete, y no beber del mismo vaso: a través de la salida se pueden transmitir las caries. A no ser que tengamos una salud bucodental magnífica mejor evitarlo para no perjudicar a bebé.

Comer bien: cuando los niños tienen hambre y no comen bien o no se sacian, le entran ganas de comer a cada rato y en esas condiciones les apetece más dulces y picotear sin parar.

Evitar dentro de lo posible los zumos azucarados que de zumo tienen un porcentaje de risa, y es pura química, que daña los dientes y la salud. Los refrescos como Coca Cola, Fanta, Seven Up etc tienen muchos ingredientes dañinos y no apropiados para niños que están en crecimiento. Los zumos caseros y el agua son lo más sano.

Cepillar los dientes después de comer: lo mínimo es cepillar los dientes dos veces, por la mañana y por la noche aunque lo correcto es después de comer cualquier cosa. Por la noche puede dar más pereza a los peques pero es justamente el momento más importante porque por la noche debido a que producimos menos saliva, las bacterias actúan mejor. Que los niños se lleven un cepillo y pasta de dientes añ colegio para limpiárselos siempre y más después del comedor es un buen medio de prevención.

Enseñar a cepillarse bien: los niños no saben cómo hacerlo y pueden tardar en coger la táctica. Hay que mostrar los pasos, e insistir en la importancia de hacerlo bien. Los movimientos y la cantidad de pasta son importantes, y el hacerlo con traquilidad y por toda la boca, incluida la lengua, y por supuesto sin una fuerza desproporcionada ya que daña las encías.









Cepillo de dientes con luz para que sea un momento más guay y a los dos minutos parpadea para avisar de que el cepillado debe terminar












Visitar al dentista: cada seis meses hay que ir al dentista, hayan caries a la vista o no. El dentista además de comprobar que no hay caries, controla la posición de los dientes por si tuviese que llevar aparatos, y también mira los dientrs que se han caído. Una de las prevenciones que utiliza el dentista son unos selladores para evitarlas si es necesario. Las caries siempre deben der tratadas aunque se trate de dientes de leche. Los dientes de leche al caerse no libran al peque de las caries porque éstas afectan al tejido nervioso y solo desaparecen si se tratan.


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Mis hijos se pelean





Cuando se decide tener más de un hijo, la emoción del segundo embarazo y sobretodo del parto se multiplica porque hay otra personita que nos acompañará en esta nueva aventura y que se alegrará de tener un compañero en casa.

Hay que ser precavida y tener sumo cuidado para no descuidar al otro hijo, y por el contrario, hacerle partícipe en los cuidados del bebé y estar con los dos a la vez el máximo del tiempo posible, que nada lo impide, solo que requiere más esfuerzo y dedicación.

A veces por más que una haga no consigue prevenir los celos, pero es un proceso totalmente natural, y que si actuamos correctamente se irá desvaneciendo. Juzgar los celos de un niño pequeño, también es precipitarnos, ¿acaso los adultos no los tenemos?

La madurez, la comprensión, la experiencia, la educación nos permite controlae y eliminar los celos, porque tenemos debido a nuestra edad, la capacidad de gestionar nuestras emociones y dominarlas.

Más tarde cuando los hijos crecen, y pueden empezar a relacionarse mejor porque ninguno de los dos son bebés, y es cuando lo conflictivo ya no son los celos sino las peleas por no ponerse de acuerdo.

¿Hay que preocuparse?

Hay quienes se atemorizan por tener otro hijo creyendo que las relaciones entre hermanos son una barbaridad, pero este miedo viene de la ignorancia. Como padres ignoramos mucho la crianza positiva, nos dejamos influenciar por lo que dicen los demás y estamos muy engañados.

Ningún hijo se llevará perfectamente sin pelearse nunca con su hermano porque la convivencia es así, hay momentos en los que nos enfadamos, discutimos, e incluso nos dejamos de hablar unos minutos u horas.

Cuando ni siquiera los adultos conseguimos convivir sin problemas, ¿cómo podemos pedírselos a un niño pequeño? ¿Nosotros no discutimos con nuestra pareja? ¿No hay situaciones en las que podemos hablarnos mal, darnos la contraria, discutir por tonterías y dejar de hablar?

¿Existe alguien en este mundo que no discuta?

Los hermanos discuten, se pelean, pero se quieren. Se alegran de ver cada día a sus hermanos en casa, sin ellos se sienten tristes y los días son más divertidos y bonitos con ellos. Agradecen tener hermanos e incluso pueden desear tener más, ¡que levante la mano quien haya pedido un hermano a Papá Noel! :)

Nuestro papel como padres es hacer que la relación vaya a mejor y no a peor. Por ignorancia, que es la razón de todos nuestros males, tratando de corregir o de mejorar, metemos la pata y el resultado es todo lo contrario.

Se tiene que ser justa, empática y comprensiva con cada uno de los hijos. No hay que tener favoritismos ni preferir a unos por encima de otros, el trato y el cariño ha de ser equitativo, no se puede marcar mucho la diferencia porque así se hace sentir discriminado o más rechazo a alguno de los hijos.

Justamente son los padres quienes sin darse cuenta, hacen que los hijos lleguen a odiarse. El gran ejemplo de esto es la relación que tengo yo con mi hermana, ella es seis años mayor que yo, de bebés nos llevaríamos bien (fijándome en las fotos lo deduzco) pero de más grandes era horripilante.

Los padres podemos ser los causantes 

Mi hermana sentía un odio hacia a mí que le hacia siempre dañarme, me hablaba mal, y era egoista sabiendo que yo en gran parte dependía de ella por ser la mayor y quien se hacía responsable de mi cuando mis padres no estaban.

Crecí, devolviéndole lo mismo que ella me hacía, y era confrontación tras confrontación, ella era chivata con mis cosas, pues yo también, ella criticaba a mis amigas, yo también, ella no me dejaba ponerme según qué ropa, yo la molestaba según podía.

No nos podíamos ni ver y hemos llegado a pegarnos también. Aunque llegó el día que pasemos de ese panorama a ignorarnos. Nos veíamos y era como si nuestras miradas no coincidiesen. Y nos quedemos así hasta ahora. Hay una relación fría y muerta. 

Nunca me puse a pensar en el porqué, creí que debía ser así y que me tocó esta desgracia. Pero con los años, adquiriendo conocimientos, y siendo madre, descubrí que fue culpa de mis padres. Ellos siempre hacían mucha cizaña, nunca arreglaban los problemas entre nosotras, solían darme la razón a mi por ser pequeña, me daban preferencia en muchas cosas por ser yo, y eso hizo que mi hermana fuese discriminada y descargase su rabia en mi.

Una de las cosas que luego mi madre repitió conmigo y mi sobrino, era que compraba dulces y picoteo y decía que eso era para mi sobrino y lo otro para mi padre y que a mi ni se me ocurriera coger nada. A mí me dejaba sin nada de nada, y no exagero. Aún siendo joven era muy madura y empática a esa esad ya, y por supuesto nunca lo pagué con mi sobrino, no tenía culpa alguna, pero entendí que este mal actuar venía de mi madre y que repetía los mismos errores.

Esas experiencias me hicieron ser más consciente de lo que sufrió mi hermana, y lo de mi hermana fue peor porque mis padres antiguamente tenían peor comportamiento y además estas situaciones se presentaban cada día porque vivíamos juntas, pero mi sobrino iba y venía y no pasaba esto siempre.

Ahora que soy madre, me esfuerzo mucho en no hacer lo mismo que mi madre. Siempre soy por igual, y si hago algo por uno lo hago por todos. Y si no puedo ser equitativa en algún momento por falta de dinero o tiempo, lo explico y lo compenso otro día o con otra cosa. 

Doy cariño a todos y paso tiempo con todos. Si hay peleas, escucho a todos y no le doy la razón siempre al mismo ni sobreprotejo a ninguno. Analizo las dos partes y trato de reconciliar de forma respetuosa y justa. 

Otras veces que son las que más me gustan, cuando vienen a quejarse, les pido que lo solucionen entre ellos, eso hace que yo no “declare culpable” a nadie y que no haya señalamientos. Así ninguno se siente ofendido ni juzgado. 

Al verse comprometidos en tener que solucionarlo solos, se esfuerzan e interesan más en encontrar la solución que guste a todos. Y a la vez, les quito esas ganas de querer dejar mal al hermano. Hago llegar el mensaje de que lo mejor es que encuentren soluciones y que no importa quién ha sido o qué ha pasado.

Si están muy alterados o reacios a solucionar el problema, los separo (sin castigar), hago que jueguen, lean o descansen, lo que deseen separados. Y al poco vuelven queriendo empezar de cero con calma.

Solo tenemos que intervenir cuando llegan a las manos o es algo grave pero a medida que crecen dejan a un lado la violencia y como mucho se agreden con palabras o actos. La educación que se proporciona a los hijos tiene que enseñar que la violencia no tiene que existir bajo ningún concepto y que solo con diálogo se consiguen las cosas.

Con paciencia, constancia, buen ejemplo en casa y una crianza respetuosa y positiva, la relación de los hijos va reforzándose. Cuanto más crecen mis hijos menos discusiones tienen entre sí. Y estas habilidades que adquieren las necesitan también para relacionarse con sus amigos y compañeros de clase. Pero en la edad adulta seguirán beneficiándose de esas bases porque tener hermanos es bueno y recomendable. 

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Mi hijo no separa las palabras al escribir



Todos mis hijos cuando me han dado la alegría de verles leer y escribir, se ha mezclado con la preocupación de que juntaban las letras al escribir.

Yo no prestaba demasiada atención ya que me imagino que los niños no pueden aprender todo de golpe, y que van por niveles, que van subiendo lentamente (cada niño a su ritmo, claro está).

Esto es como cuando esperamos que un niño camine, primero se sentará, luego gateará y finalmente caminará, hay casos en los que el peque no gatea, como hay niños que pueden llegar a escribir y leer sin tantas dificultades como otros, pero esas etapas deben ser respetadas.

Antes no es mejor, no por presionar y amargar a un niño, estropeando su autoestima, se va a hacer un bien al hijo. A veces queriendo mejorar algo en nuestros hijos, terminamos por perjudicarles más y más. Informarse, es imprescindible, hay que leer mucho para equivocarse lo menos posible.

Lo chungo apareció cuando en el colegio me dieron el toque de que no podía ser que con 6-7 años mis criaturillas escribieran las letras juntas, porque esto no es lo normal. 

Yo tengo un malestar interno relacionado con la escuela, que solo Dios sabe la angustia que me produce. Hay profesorado que llega a ser tan martillante y poco empático, que las ganas de colegio se quitan a padres e hijos. 

Aunque sería una locura, pero una locura liberadora, cuando me desmorono con esta actitud destructora del colegio, me dan ganas de hacer la escuela en casa y mandar todo al carajo, porque todos nosotros, mis hijoa y yo, haríamos todo con más tranquilidad y estaríamos más a salvo se las críticas y ataques demoledores. 

Todos sabemos que los niños no son todos iguales, que no todos empiezan, ni siguen ni terminan al mismo tiempo. Asimismo, hay habilidades que se mejoran o adquieren en el transcurso de varios cursos, no todo se aprende desde el primer curso, hay cosas que necesitan tiempo, más allá de 10 meses.

Mi experiencia me reafirma en mi apoyo y amor incondicional hacia la escuela alternativa, desde todas sus perspectivas, Montessori, Waldorf... la escuela libre no la termino de cuajar, pero la escuela tradicional es la peor, y la tenemos como la de calidad que merecemos todos, y que a algunos nos la sirven a precio de lujo en modo concertado.

Estamos en una época que no se tiene paciencia con los aprendizajes naturales de los niños, y que todos están locos por dar trabajo a los psicólogos y psiquiatras. 

Por cualquier tontería, de forma temprana, y precipitada, tenemos ganas de diagnósticos para ponerle nombre a todo y justificarnos de nuestros errores con los alumnos, para así comprobar que no es que el método de la escuela no es bueno, sino que el alumno es el problema.

Si tu hijo junta las letras, posiblemente aparezca en tu vida la palabra dislexia, porque hay un trastorno en el que los niños tienen dificultades con la escritura. Si te informas un poco en qué consiste, puedes analizar el caso de tu hijo, sin ánimo de querer hacerse el experto.

Mis hijos no escribían al revés, solo las primeras veces al iniciarse en la escritura, porque su mente se tiene que organizar y encajar todo antes de despegar. 

Era cuestión de que cuando hablamos lo hacemos rápido, no separamos tanto entre palabras, y a la hora de hablar, no se notan las comas ni los puntos. En realidad a escribir se aprende leyendo, y practicando. Y esto no se puede tener antes de tiempo.

Aún así yo he ido haciendo actividades para corregir con más rapidez este error, creando consciencia de que las palabras van separadas sino nos liamos y no entendemos nada.

Y que cuando separan las palabras de forma inadecuada, tienen que hacer una lectura en voz baja para comprobar que tiene sentido. Si la palabra no tiene sentido o no existe, se tiene que buscar la manera de plasmarla de forma lógica.

Y por supuesto, leer es la manera de memorizar la ortografía y la estructura de las frases, que es más eficaz. Promover la lectura, leer mucho, invertir en libros que es la mejor inversión junto con los juguetes para un buen desarrollo y rendimiento escolar.



Actividad 1: en una hoja escribí frases. Ellos tenían que leerlas y poner una cruz debajo de cada palabra y al final ponían la cantidad de palabras que habían.







Actividad 2: escribí frases en tiras. Ellos recoetaban palabra por palabra y al estar desordenadas las tenían que ordenar para que tuviesen sentido. El objetivo es trabajar al mismo tiempo la mayúscula que va a principio de frase y será siempre la primera y el punto, que será el último.



Actividad 3: escribí frases, primero con todas las palabras juntas y al lado separadas. Ellos tenían que indicar cuál frase era la correcta y la que no lo era la tenían que tachar. 



Actividad 4: escribí en una hoja frases con todas las palabras juntas. Ellos tenían que hacer círculos en cada palabra para distinguirlas aún estando así que son más confusas. Al terminar leen las frases con las palabras separadas y dando una palmada en cada palabra leída.


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Si tu hijo está de mal humor...





No es por nada, pero tenemos a un personita que es igual a nosotros, quizá es más inmadura, más inocente, y tiene menos conocimientos, pero sus sentimientos son iguales que los nuestros y sienten de la misma manera.

Por tanto, que los hijos estén de mal humor, es algo dentro de lo normal, porque el estar siempre feliz, no es propio del ser humano. Vamos pasando por toda la escala de emociones, y dependiendo del día, nos decantamos por una actitud u otra.

Hay factores como que haga sol, que esté nublado, que llueva, que influyen en el ánimo. El cómo va esa mañana, como se desenvuelve el día, cómo se comportan los demás con uno mismo, cómo se siente de lo que se ha hecho hoy, cómo se evalúa el esfuerzo/dedicación en trabajo-escuela, si se enfoca en problemas paralelos, si se tienen buenos hábitos, si se mantienen rutinas, etc.

Y por supuesto, también hay días de levantarse con la pierna izquierda, que te despiertas y te sientes irritado, revelado, odioso, y que con la mirada se transmite la negatividad.

Porque el sueño tiene un impacto sorprendente en la persona, dormir tarde o mal, repercute en el carácter pero también las pesadillas, que nos pueden haber hecho sufrir durante horas y nos hemos sentido rehenes porque no podíamos escapar de ellas.

Por eso, entenderlo sí, pero ignorarlo no. Aunque somos víctimas de nuestro inconsciente y de la genética, este comportamiento se puede ir mejorando. Es decir, me puedo sentir mal con razón o sin ella, pero eso no me permite ser mal educado u ofender/atacar a mi alrededor.

Aquí entra el trabajo interior que se tiene que enseñar a los hijos para que entiendan sus emociones, las identifiquen y utilicen estrategias para controlarlas y poder evitar que les amarguen el día entero. Porque estar de mal humor por la mañana no quiere decir que el día será negro, está en nuestras manos cambiar de rumbo.

Los hijos han de saber que podemos modificar la situación y que no hay nada establecido, somos dueños de nuestros pensamientos, sentimientos y actitudes. En determinados momentos podemos ser “poseídos” pero llegará el momento en el que nos sintamos liberados y tengamos la oportunidad de obrar a nuesto aire.

Esto no se resuelve burlándose de los hijos, ellos tienen sus sentimientos, y tenemos que respetarlos y cuidarlos, no pretender eliminarlos de un plumazo ni con malas maneras. 

Que los hijos se expresen es necesario, por lo que eso de “no es para tanto” o “exageras mucho”, son expresiones que deberíamos tacharlas definitivamente en esos momentos. A veces se cree que quitando importancia se soluciona y eso frustra y le produce rabia al hijo porque se siente ignorado e incomprendido. 

Las emociones están para enseñarlas y hablarlas, no para esconderlas ni para matarlas. 

Juegos para trabajar las emociones de forma divertida y positiva




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Cuando los hijos son tímidos





Mis hijos son tímidos, pero las niñas lo son más, esto como padres nos damos cuenta, porque estamos con ellos en el día a día, y luego se confirma en la escuela que nos comunican en las reuniones que son muy retraídas.

En especial la mediana, que es más de cerrarse. En un principio, esto nos causa preocupación, a mí como persona no me parece nada malo ya que, no sé, hay cosas peores, pero por lo que se nos exige en sociedad, supone un problema.

Nos podemos inquietar demasiado incluso, aunque yo echo la vista atrás, y hago memoria de cómo era de pequeña, yo siempre fui muy tímida, y me duró hasta la adultez. Y aún mantengo defectos de la timidez.

Yo también pasé por ello

Así que ser consciente de esto, me hace primero conectar con esa sensación y esa actitud, porque la vivo por dentro. Y tranquilizarme porque con la de peso encima que llevaba yo, pude deshacerme de gran parte.

La tímidez tiene su parte buena, ayuda a ser más reflexivo, a pensar antes de actuar, a mantener un comportamiento adecuado. Pero es cierto que cuando ésta se excede, dificulta hacer una vida normal.

Yo durante toda mi vida, he sufrido mucho malestar porque me costaba relacionarme, hacer amistades, ser el foco de atención, incluso caminar mientras me miraban. 

A base de concentrar mi mente en otro tema, mejorar el autoestima, pude poder dirigirme a las personas desconocidas, hablar en público, ir por donde quiera sin temor a las miradas.

Pero igual que le pasa a mi hija, muchas personas se cierran. Cada vez somos más individualistas, no queremos saber nada de los demás, las relaciones vecinales son muy frías, los niños se quedan en sus casas y no salen a jugar a la calle, los niños del parque juegan con los que conocen y se niegan a entablar nuevas amistades...

Algunos somos tímidos pero también hay demasiada gente egocentrica.

Yo no me siento mejor que nadie, pero me hiere mis sentimientos la gente superficial que escoge a sus amistades según la clase social (que es muy habitual), o según cómo se viste (fijándose en la marca de las prendas de ropa), o que simplemente por no conocerte, no le entras por el ojo, o no le causas interés, y no le apetece hablarte.

Con la edad que tengo yo ya, me da absolutamente igual, mi vida no depende de amistades, pero cuando se ofrece la ocasión, ahí estoy yo dándolo todo. Aunque pueda no parecerlo, soy una persona muy habladora, y muy abierta, soy muy social, pero las malas experiencias hacen que además una se vuelva más retraída.

Allá donde se me ve, favorezco una conversación con quien da pie a ello. Soy de esas que habla en el autobús, en el metro, en el supermercado, en la farmacia, en el parque, en la panadería, y charlo con facilidad, me salen muchos temas. 

Pero por educación, y para no sentirme “humillada”, doy a entender que acepto o que me gustaría conversar, con mi actitud corporal, si se me acercan vale, y si no pues nada. Porque yo no voy detrás de nadie ni quiero que alguien ose ignorarme, que haberlos haylos así de descarados.

Personalidades que quitan las ganas de hablar

Esto donde más me ha pasado es el colegio, que se crean grupismos entre padres, personas de las que no tengo nada que envidiar, y que en parte me alegro porque gente tan tóxica no me conviene.

Mi hija cuando vamos a parques y a lugares de juego donde hay niños, siempre que hay una oportunidad, se acerca a otros niños. Y muchísimas veces me decía que  preguntaba si podía jugar y le contestaban que no. Entonces si ella de forma educada se introduce en un grupo o en un juego y la rechazan, esa tímidez no le impide actuar con normalidad, sino que es la misma situación la que le impide a ella poder avanzar.

Yo también siento que ella se siente mal, es sensible, como yo, y en la escuela no es como en el parque, ella empezó el cole en p5, no tiene mucha experiencia en relaciones sociales escolares. Pasan muchas horas con niños que no conocen y que muchos de ellos tienen comportamientos peyorativos, y no estamos los padres para poder actuar.

En el colegio hay un “descontrol” que proporciona menos seguridad 

Es bien sabido que en las escuelas pasan muchos conflictos, que no se terminan de atajar, y muchos niños sufren acoso escolar o rechazo. Siempre se depende de un alguien que te acepte o que le parezca bien que estés tú.

A mi en mi infancia también me costó encajar en grupos, porque hay demasiadas exigencias, y como buenos niños que son, prefieren reducir sus relaciones a unos pocos, y el tener ese feeling necesario no es fácil.

Esto depende mucho de cómo son criados los hijos. Si han sido educados a tratar por igual,  a invitar a otros niños a jugar, a incluir niños que están solos, a ser amables con desconocidos, a empatizar con sus iguales... yo siempre les animo a hacerlo cuando estamos en la calle.

Como mi hija no está tan acostumbrada, sufre mucho cuando se ve expuesta a burlas. Le han dicho varias cosas que le han sentado muy mal, ella se siente muy incómoda, y pierde la confianza en ellos. Que se va a recibir insultos y decepciones de compañeros, esto es así, pero aceptar este proceso y adaptarse cuesta.

El lado agridulce de las relaciones

A todos nos gustaría que todos fueran de frente, que nos hablaran con respeto, que no nos ofendieran, que si nos hieren se disculpen, que seamos todos menos egoistas, pero es poco realista esperar esto de los demás y exigirlo.

Son tantos los aprendizajes y las habilidades que los niños tienen que adquirir, que es normal que tarden hasta cierto punto. Las relaciones sociales no son sencillas, y con el tiempo van a peor. Los niños son un reflejo de la sociedad.

A mi peque también le cuesta coger confianza con la nueva maestra, por eso en las escuelas alternativas la misma profesora está presente varios años, crear una buena relación con la profesora es lento. No sabemos cómo es, ni cómo va a reaccionar, y es un nuevo descubrimiento.

Estoy tratando de que se abra para que así en la clase se sienta más cómoda. Voy a favorecer una buena relación haciendo que al llegar a casa, hablemos de la maestra, que escriba cartas a su profe, que le dedique dibujos, si tiene preguntas sobre ella de cosas que quiera conocer que se las escriba, y así podrá avanzar la cosa.

Controlar, no eliminar

Estaremos trabajando el autoestima, para que se de cuenta de lo capaz que es, y de lo bien que sienta demostrar lo que uno sabe, y que no se avergüence de nada, aunque hayan quienes se burlen, porque hay quienes se burlan de todo, por querer molestar, aunque no sea motivo de risa.

Lo más importante es no forzar, todo se produce a su ritmo, no tenemos que presionar ni que hacer sentir mal a nuestros hijos si son tímidos. La timidez también es una cualidad, aunque no sea muy apreciada. No se trata de eliminarla si no de moderarla.

Que uno mismo pueda hacer uso de su timidez cuando lo vea apropiado, y que cuando sienta que esa timidez le obstaculiza sus objetivos, pues que detenga esa barrera y que dosifique su timidez para que no le impida actuar.

Son tímidos y tenemos que quererles así 

Con cariño, con compresión, elogiando un poquitín sin pasarse, charlando mucho, teniendo una buena comunicación con los hijos, explicando lecciones importantes de relaciones sociales, estando presente en fiestas de barrio y en parques o eventos infantiles para que se relacione con nuevos niños, y también propiciando relaciones con quienes se lleven mejor.

Tenemos que quererles como son, sentirnos orgullosos de ellos, y nunca mostrarnos contrarios, no tenemos que hacer que nuestros hijos sean nuestras marionetas, no hemos de decidir cómo serán en todo, ni tampoco podemos esperar que sean lo que soñamos, ellos serán lo que decidan ser. Tenemos que evitar a toda costa comparar, y exigir que sean como otros niños que tomamos como ejemplo, cada niño es distinto, y lo debido es respetar su persona y apreciar lo bueno que tiene en lugar de exigir que sea como no es.

Alarmarse no es apropiado

Habrá casos de gravedad, pero la timidez, incluso la fobia social, no tiene porqué llevarnos a la medicación. Todos somos capaces de superarnos, creando estrategias internas, siempre que tengamos un ambiente que nos apoye y que nos guíe, yo tarde en lograrlo porque no encontré ese algo, mis padres siempre eran de quejarse de mi, y si tenía vergüenza, me dejaban en evidencia delante de todos.

Sé de gente que ha sido medicada o internada en centros, simplemente por esta razón. Y no me canso de repetir, que tenemos mucha facilidad en medicar, y etiquetar a las personas. A mí lo que también me dificultó mejorar mi condición, fue mi ansiedad, por los conflictos familiares, sin saberlo tenía ansiedad, y con ésta todo es más difícil.

Siempre se tiene que transmitir a nuestros hijos que ellos pueden lograrlo, porque limitar nuestras capacidades a unas pastillas, nos hace dependientes de algo, que nos programa a pensar que no valemos para eso, y que es mejor que nos rindamos. Esto daña el autoestima y propicia el consumo de drogas. ¡Cuánta gente se ha llegado a drogar solamente para sentirse más ágil y extrovertido en sus relaciones! ¡Más de lo que nos pensamos!

Me entristece cuando veo gente que no se cree capaz. Se les adjudica una discapacidad que puede ser superada en la mayoría de los casos, y se les condena a sentirse inferiores y tristes con su vida. Sentir que no puedes controlar tu vida, es dramático y dañino.




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Cuándo comprar un móvil a un hijo




A mí eso de “todos mis amigos lo tienen” no me sirve, no somos borregos, que seguimos a los demás porque sí para no difernciarnos. Uno no tiene que hacer algo para evitar ser criticado, NUNCA, sino siempre podrá caer en cosas malas por no sentirse excluido.

Yo siempre enseño a mis hijos a que hagan lo que quieran basándose en sus gustos, y no en el de los demás. Si podemos compartir aficiones con los compañeros, genial, y si no, si hace falta que jueguen solos.

No dejarse llevar, y reflexionar antes de actúar, protege a los hijos de las maldades. Estar solo en algunos momentos es muy sano. Si los compañeros se burlan, roban, tratan mal a alguien, quieren hacer un conflicto, o cualquier cosa rechazable, mejor alejarse de éstos. 

Unas veces se cede en los juegos para jugar en grupo, pero si alguno quiere jugar a otra cosa, porque le apetece más y no hay nadie para jugar, se tiene que adaptar a la situación. 

¿Y los móviles?

Cuando yo tenía diez u once años, mi padre me dio un móvil. Yo no lo quería (en esos tiempos el móvil era aburrido) pero él me insistía porque decía que sin móvil no iba a salir a la calle ya que se inquietaba de que me pasase algo, y me quería tener controlada.

Vamos, que mi caso fue por obligación, y no porque yo lo hubiese pedido, lo llevaba encima por exigencia de mi padre, y me llamaba él solamente.

En aquella época, yo era la única de la clase que tenía móvil. Me lo llevaba al colegio, pero no me despistaba, porque no lo utilizaba apenas.

Al cabo de unos años, sí, alguna llamada tenía de amigas, pero poco porque los había que aún utilizaban la cabina, o el locutorio, y como las llamadas y los mensajes eran caros utilizabamos poco esa función.

Un móvil no es como antes, en él se encuentra todo: comunicación, diversión y aprendizaje. Hay muchos más usos, no se limita a llamadas y sms, todo el mundo ya tiene móvil así que es muy útil para estar en contacto, y hay mucha información, descargables, libros, programas y aplicaciones para aprender.

El smartphone mejor dicho, es un buen invento, no diré que no jamás, pero los niños no tienen que adelantarse a su tiempo. Es decir, no les hace falta un móvil propio, aunque tengamos dinero de sobras para comprar uno, no se trata de eso, sino también de lo que es adecuado a su edad, que no interfiera en su desarrollo.

¿Cuándo es un buen momento para comprar un móvil al hijo?

Yo soy bastante estricta en esto, y mi marido también, nuestros hijos están lo mínimo ante pantallas, el móvil o el ordenador, casi no lo utilizan. Ahora son seis años por primera vez lo utilizan un poco para repasar ejercicios de inglés del colegio con el que viene un programa gratuito que trabajan lo que hacen en clase, y también les dejo escribir en Word para que aprenan mecanografía, que la están aprendiendo en el cole.

Yo desde mis inicios, soy muy rápida, y escribo sin mirar, y la manera de aprender, no es que te enseñen, es practicando, a mi nadie me enseñó. Y me gusta que aprendan nociones básicas de informática, porque les será útil para su edad adulta.

El momento de comprar un móvil a un hijo en forma de regalo, es cuando esté preparado, la madurez es muy importante para darle un buen uso, y eso no sabe de edades. Pero en lo que están de acuerdo los expertos es que no sea antes de los 12 años, y me parece muy acertado.

La Fundación Anar, recomienda que sea a los 15 años porque su madurez será mucho mayor, y los peligros del mal uso, como el bullying y el sexting, serán menores. Evidentemente, yo a los 15 tenía más buen manejo del móvil que a los 12, cada año es un avance importante en la responsabilidad, y en la consciencia de todo.

¿Qué alternativa para más pequeños?

El reloj con GPS es una buena opción para niños más pequeños, nosotros hemos comprado este, porque así podemos comunicarnos con nuestros hijos cuando están lejos de nosotros, ya que les causaba malestar no poder hablar con nosotros.

Al ir juntos, hay veces que alguno se pierde  y se nos encoje el corazón, y tener la oportunidad de poder llamar al peque y relajarse por manejar la situación, nos tranquiliza mucho a todos.

Si pasan desgracias, sabemos donde están, se les puede localizar, podemos llamarles, y ellos a nosotros. No tienen acceso a Internet, los números a los que pueden llamar son reducidos, y hay un control parental, así que es muy seguro, y es más apropiado para los más peques.

Consejos de uso responsable

El día que les demos su primer móvil, lo primero es que sepan valorar lo que se les ha dado, que lo cuiden, y que acepten respetar las normas, hay padres que escriben un “contrato” y el hijo se compromete a llevar a cabo mediante firma. Este es un ejemplo de contrato que recomienda la policia.

No es bueno espiarles porque de esa forma se sentirán afrentados y que no confiamos en ellos. Cuando no tenemos demasiada confianza por lo que sea o por prevención, como padres podemos hacer uso de aplicaciones y programas de control parental, que nos permitirán controlar y limitar el tiempo de uso para que no se convierta en una adicción, y las aplicaciones y las webs a las que accedan podrán estar controladas sin que nuestra persona esté presente.

Si el hijo verdaderamente necesita un móvil, antes de los 12 años,  se le puede dar uno, pero sin acceso a Internet. Como mi sobrino que tenía uno porque iba solo al colegio y a extraescolares.

Aunque tengan 12 o 15 años, utilizar el móvil demasiado tiempo es malo. Los adultos tampoco deberíamos hacerlo, pero ellos que están en desarrollo y que están aprendiendo, es peor. Está demostrado que el uso excesivo de pantallas está relacionado con bajo rendimiento escolar y mal comportamiento.

Hay que poner límites de horario siempre, y permitir al hijo que haga otras actividades que no favorezcan el sedentarismo. Que haga un hobbi que le guste, que vaya en bicicleta, que sea amante de los libros, que  cocine recetas elaboradas... no todo es Internet, y es bueno que sepan divertirse y entretenerse sin pantallas también.

No hace falta decir, que los momentos en familia son sagrados, cuando son días juntos, una fiesta, un día especial, un paseo, cena en restaurante, comidas en casa, etc los móviles no deben usarlos nadie, ni pequeños ni grandes. Esa escena de familia entera conectada, que se ignoran entre sí, y que no hay comunicación, solo dedos que se mueven, no podemos permitirlo.

Explicar el porqué es malo estar mucho rato con el móvil, a los niños no les gustan que les prohíban sin explicaciones. Necesitan entender para poder aplicarlo. Son niños pero pueden entender nuestros argumentos, saben que les queremos y que hacemos lo mejor para ellos. Nosotros desde más pequeños estamos explicando lo malo que es para el cerebro que utilicen el móvil y afortunadamente, ellos por sí mismos lo evitan y son conscientes de ello, así que no tenemos que estar muy encima.

¿Y en el colegio?

No estoy a favor de que lleven el móvil al colegio, y menos si no pueden controlarse, que por naturaleza, les costará. El móvil tiene muchas opciones, y nada se le puede igualar en estímulos. 

Si queremos que nuestros hijos vayan bien en los estudios, mejor que no lo lleven o que almenos desconectemos su acceso a internet (aunque nos podemos conectar a wifi o al internet de otro móvil). Yo no sé lo que haré, aún me quedan unos añitos para encontrarme en esa situación.

Pero ahora desde mi perspectiva, no me gustaría que en los colegios pudiesen utilizarlo, el móvil puede causar una gran desconcentración, y solo nos faltaba eso.

En el colegio si nos necesitan, pueden llamarnos desde el colegio pidiendo permiso al director. Y no es tan necesario, os lo digo yo, y que otros compañeros de clase lo tengan, no implica nada.

Hay que preparar a los hijos a que cosas que hagan o tengan los demás, no tenemos porqué tenerlo nosotros, porque no tenemos el dinero suficiente, porque lo consideramos innecesario, o porque no es el momento. Terminan por entenderlo y les hace ser menos materialistas y felices con lo que tienen.

¿Qué opináis? ¿A qué edad disteis el primer móvil a vuestro hijo? ¿A qué edad veis más apropiado dar un móvil al hijo?

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Omega 3 beneficia a las habilidades cognitivas de nuestros hijos



Siempre se nos indica qué necesidades tienen los niños para que hagamos un planning con los alimentos necesarios que hay que incorporar en la dieta pero ¿cuántas veces se cumple?

Somos de costa, pero no comemos pescado ni marisco con tanta asiduidad, a mí hay épocas que me da repelús (sale mi vena vegana para amargarme la existencia xD) y curiosamente a mis hijos también les pasa.

Desde bebés hemos tenido jaleillos en la mesa porque hay temporadas en las que les da náuseas algún alimento, sobretodo el pescado. Creo que quizá es del comedor que se quejaban que está crudo y le cogieron cosa. Cuando hago sardinas o dorada al horno me miran asustados. 

La carne la comían bien hasta el día que estudiemos que la carne roja de ternera que es la más consumida, provenía de la vaca, esa aclaración les hizo rechazar la carne hasta ahora, les causó pavor comer vaca, y lo entiendo, si nos concentramos mucho, parecemos canibales, pero bueno, siempre trato de quitar hierro al asunto y que comamos todos lo más variado posible.

Teniendo en cuenta que yo no obligo a mis hijos a comer, solo les insisto y les explico que es necesario ingerirlo para el buen desarrollo de su cuerpo y de su cerebro, entonces ahí comen aunque sea un poquito por responsables, y eso está bien.

Hartita estaba yo de que mi madre me dijese de pequeña que tenía que comer porque otros niños se morían de hambre, como si yo fuese la causante de la hambruna. A los niños hay que explicarles las cosas como son sin tener que inventar historias.

He empezado a ir dando a mis hijos unas gominolas de omega 3 y vitamina D, que tienen sabor a limón, y pone que son sin azúcar pero están muy pringosas así que para la próxima vez, compraré una marca con pastillas normales.

El omega 3 es bueno ingerirlo antes y durante el embarazo para que el feto vaya cogiendo de él, todo lo que necesita lo adquiere de nosotras y tenemos que tener los depósitos llenos y preparados. Es fundamental para el correcto desarrollo del cerebro y del funcionamiento del cuerpo.

Un neuropediatra recomienda estas pastillas de omega 3 para embarazadas:

“Presentamos evidencias del efecto beneficioso de la suplementación prenatal con DHA en medidas objetivas de atención y función ejecutiva en la edad preescolar”, escribieron los autores liderados por Usha Ramakrishnan de la Universidad Emory en Atlanta (EE.UU.).” Fuente


Siendo niños ya, a partir de los tres años encontramos suplementos con esta vitamina para que se sigan beneficiando. El omega 3 es imprescindible pero el cuerpo no lo produce, por tanto dependemos de alimentos o pastillas para recibir esa cantidad necesaria.

A base de estudios se ha demostrado que la ingesta de omega 3 en niños y adolescentes, les va genial para las habilidades cognitivas: la memoria, la resolución de problemas, la concentración, la atención y el lenguaje. Es como diríamos un “remedio” que igualmente tienen que tomar y que además les brinda una mejoría en sus capacidades.

Se ha demostrado que ayuda a atenuar esas dificultades en la lectura y escritura, que resta agresividad y también hiperactividad, que disminuye el estrés y la ansiedad,  y se han visto buenos resultados para los que tienen el trastorno del desarrollo de coordinación.

Las indicaciones para poder elegir 

Tiene que ser un suplemento con productos omega 3 ricos en EPA. Entre todas las posibilidades, el aceite de pescado procedente de sardinas y/o anchoas es ideal porque lleva más Omega 3 EPA que DHA. El aceite de salmón, por su parte, a menudo aporta al organismo más Omega 3 DHA que EPA.

Son un componente esencial de las neuronas. Por eso su carencia se ha asociado a alteraciones de memoria, de conducta y falta de concentración. El trastorno asociado a ello más frecuente es el TDAH (Déficit de Atención, Hiperactividad). A la hora de escoger un suplemento de Omega 3 para un niño es importante que tenga niveles bajos de metales pesados y que se extraiga de forma que no lo degrade. 

Alimentos ricos en omega 3



  • Linaza
  • Semillas de chía
  • Quinoa
  • Aceite de canola
  • Aceite de soja
  • Nueces
  • Aceite de nuez
  • Avena
  • Aceite de oliva
  • Crema de cacahuete
  • Frutos secos
  • Marisco
  • Pescado azul
  • Aguacate
  •  Verduras de hoja verde
  • Huevos
¿Qué dicen los neuropediatras?

Si bien en la dieta mediterránea hay unos niveles proporcionalmente adecuados de ácidos grasos omega 3 y 6, no son suficientes para cumplir los requerimientos necesarios del organismo. Más aún con los cambios actuales de la dieta hacia los preconizados…

¿CÓMO ACTÚAN?

En general se sabe que los ácidos grasos omega 3 y 6 consiguen, cuando se toman a dosis adecuadas, favorecer una sangre más fluida, menos espesa. Esto favorece la circulación a los diferentes órganos del cuerpo disminuyendo los riesgos cardiovasculares y también mejorando la circulación cerebral.

Por otro lado, estos ácidos grasos forman parte de la membrana de todas las células del organismo, de modo que favorecen en intercambio de sustancias, el metabolismo celular y por lo tanto el funcionamiento general del metabolismo corporal.

Este hecho suponde que a nivel cerebral se le considere como el aceite que engrasa el mecanismo de funcionamiento de las neuronasy de esa forma, sea el que favorece un funcionamiento mental más ágil.

¿PARA QUE SIRVEN? ¿DE VERDAD FUNCIONAN LOS OMEGA 3 PARA EL TDAH Y EL AUTISMO?

La verdad es que son muy positivas las experiencias que se están consiguiendo con chicos con TDAH y Autismo cuando se combina el uso de Omega 3 y Omega 6 con la terapias y los tratamientos farmacológicos habituales. En el video podéis ver algunos ejemplos de entidades de gran prestigio como National Geographic.

La verdad es que en la consulta los llevo usando bastante tiempo y con buenos resultados. Eso sí, no es como el tratamiento farmacológico, los resultados no s notan en unos días, requieren semanas y sobre todo meses para que se vaya viendo un avance progresivamente favorable. Fuente

El omega 3 que aconseja este neuropediatra, es una marca realizada en España:




Omega 3 IFOS

Omega 3 IFOS PRO


Es importante resaltar que el omega 3 es bueno para todos los niños, no solo para aquellos que tienen trastornos o algún tipo de anomalía, así que no hace falta que el peque sea diagnosticado con algo para poder consumirlo. Lo necesitamos todos, nos beneficia a todos y tomándolo aseguramos esa cantidad que de otra manera es más difícil de calcular.

¿Le dais omega 3 a vuestros retoños?

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Los niños lloran, se quejan de niñas y no tienen por qué jugar a fútbol





Soy mujer así que no puedo darme el privilegio de hablar en nombre del sexo opuesto, pero teniendo un hijo que crece rápidamente y que afortunadamente, me cuenta lo que le ocurre, me entristece por lo que deben pasar muchos niños y hombres.

Yo educo a mi hijo según considero que es la mejor manera, respetando a su persona, corrigiéndole con buenos modos, ayudándole a reflexionar y a pensar, aunque tenga que saber algunas realidades antes de tiempo. Quiero que sea él mismo sin seguir el patrón social. 

De las cosas que más me chirrían es que en el colegio pasan  muchos incidentes, los colegios se convierten en una especie de selva, se quiera reconocer o no, se sufre y muchos fracasos escolares ya no son por las capacidades sino por el malestar.

El acoso escolar es una realidad, pasa entre niños y niñas, niñas y niñas y niños con niños. Nadie se libra. Aunque suelen ser más los niños, dicen,pero yo en el día a día veo que hay de todo. 

Me repugna que un niño si se queja de que una niña le ha pegado, el maestro le ignore y no tome en cuenta su queja por ser una niña. Esto me recuerda a esa mentalidad retrógrada, de que un niño no tiene que sentir dolor si es pegado por una niña o que es humillante quejarse de una niña.

Mi hijo, sí puede quejarse de una niña y de un niño, de quien sea que le haya hecho algo, y creer que las niñas no hacen daño y que no merecen reprimenda si pegan, es lamentable. Las niñas no son un trozo de cartón, también tienen fuerza y pueden pegar y hacer daño.

Mi hijo es un niño, y puede llorar. Llorar no es de débiles, no es de cobardes, no es de mujeres. Llorar es un signo de ser humano. Yo animo a mi hijo a que se exprese, que llore si lo siente, no quiero que siga los pasos de mi padre, que siempre se avergonzaba de que le vieran llorar.

Si no salen las lágrimas, y no apetece llorar, ya que cada persona tiene su manera de sobrellevar sus sentimientos, es respetable, pero que le brillen los ojos y que se aguante las lágrimas para no sentirse avergonzado o criticado, eso me revienta.

¿Solo la mujer está dotada de emociones? A veces llegamos a tratar al sexo masculino como una piedra que no siente y que no le corre la sangre por las venas.

Se ha visto, que hombres denuncian a mujeres y en comisaria se lo toman a cachondeo, como si fuese un   calzonazos que exagera. Y seguro que en cuanto salió por la puerta esta persona, hicieron chistes con su caso.

Mi hijo, tampoco juega a fútbol y me siento orgullosa. No soporto el fútbol, me cansa, me pone de los nervios. No soy de ningún equipo aunque mi padre intentó que fuese del Barça, y es el deporte que menos me gusta.

Estuve en un club de fútbol femenino, pero no duré, y realmente no me sentía atraída, creo que fue más por la influencia de mi padre. 

El pobre de mi niño se ha sentido discriminado en varias ocasiones por no jugar a fútbol y en vez de tomarse como algo normal, porque por ser niño no tiene que amar el fútbol automáticamente, se le crítica por no hacer lo mismo que hacen los demás.

A raíz de esto, se han ido incorporando nuevos juegos a la hora del patio, que me parece genial y todos los alumnos ya tienen más opciones de juego. Y muchos más niños han dejado de jugar al fútbol. Es el juego que está muy relacionado con los niños pero no es imprescindible ni es lo único a lo que pueden jugar.


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Mi hijo tardó en leer y escribir y sufrí la presión del cole




Mi hijo mayor fue al colegio desde p3, pensaba que iba a ser injusta con él por no hacerlo, tenía una niña pequeña y un bebé, en esa situación me era difícil poder hacer actividades en casa para cada uno, y además sabía muchas menos cosas que ahora.

En p3 él no estaba preparado, le costaba sentarse, prestar atención y demás, pero yo confiaba en que sería bueno para él y que siendo profesores le ayudarían a mejorar.

No fue hasta p4 cuando me empecé a dar cuenta de que por muchos estudios que se tenga para poder ejercer de maestro, no se respetan los ritmos de los niños. Así que por fin descubro de qué pie cojea el sistema educativo que tenemos implantado.

Como mi hijo tenía dificultades en poder escribir, no hubo mejor idea que hacer que cada día tuviera que escribir letras muchas veces. Evidentemente esa repetición que parece más un castigo que un refuerzo, le hizo atragantarse.

Cogió aberración a la escritura, y se desinteresó por completo. Me dio mucha tristeza presenciar ese momento, no sabía como actuar y desde el cole me iban presionando para que no fallara ningún día “porque era por su bien”.

Si me hubiese atrevido a decir que NO quería que mi hijo siguiese escribiendo las letras, me habrían respondido que entonces si mi hijo va mal será mi culpa y que no se hacen responsables. A parte de tomarme como una listilla que se cree mejor que una maestra. 

Ese año fue el más estresante, perdía los nervios, me sentía asfixiada de tanto que recaía sobre mí, una madre que ve que su hijo odiaba escribir y hasta me pedía dejar de ir al colegio.

Cuando empezó primero, dio un cambio enorme, pero en el cole seguían erre que erre, yo me desmonoraba porque el esfuerzo de mi hijo fue increíble y merecía todo tipo de elogios. Pero como en la escuela siempre tienen un pero, y no se sienten contentos con facilidad, quieren que todos los niños sean mejores de lo que son y las comparaciones entre unos y otros no faltan.

Esta es una espinita que me quedó clavada, fue tan duro... pese a todo hicieron que mi hijo repitiese primero de primaria. Fue horrible, mi hijo leía y escribía, pero según decían, la letra no era clara y seguía juntando palabras, y su comprensión lectora era insuficiente, y yo perpleja dije que eso se va trabajando y mejorando desde primero a tercero de primaria... pero de nada sirvieron mis palabras.

Siempre me digo que la culpa es mía. Soy dura conmigo pero quiero ser realista, si yo no hubiese expuesto a mi hijo a una escuela tradicional, esto no habría ocurrido nunca. Pero claro no tengo la facilidad como otras personas, donde vivo no hay coles Montessori y el precio no es tan abordable.

En primero de primaria se supone que es cuando la escolarización es obligatoria, los niños aprenden a leer y a escribir, y el nivel de este curso debería ser el de un niño que acaba de empezar el colegio por primera vez. Que escribe la letra grande, que se sale de la pauta, que juntas palabras, que puede escribir al revés y que lee lento o por sílabas.

Pero como en España se promueve el parvulario, pues se les termina exigiendo más en primero de primaria, porque habiendo estudiado antes tres años, suponen que deberían convertirse en expertos. 

Antes no es mejor, y no soy una madre que se muera por chulear de que sus hijos son los mejores en todo. Me interesa más que sean respetados y felices en vez de que lleguen antes con mal sabor de boca por haber sido presionados.

Con tres años, un niño empieza a relacionarse con las letras y con cuatro, ya tiene que escribirlas, y se le atiborra a fichas en las que tienen que escribir y escribir. Con cinco años se espera de él, que sepa escribir y leer, porque sino pondrán en duda que pase a primero ¡y mira que es en primero cuando es obligatorio empezar a leer y a escribir, según la ley!

¿Y el niño que no lo consigue, qué? ¿Es un fracasado simplemente porque lo diga el maestro? ¿En qué se basa ese análisis? ¿Por qué no observamos la situación en sí para detectar de donde viene el verdadero error?

Esto queda perfectamente refutado cuando nos dirigimos a neuropediatras que son especialistas sobre el funcionamiento del cerebro, quienes saben a la perfección que no tenemos que dejarnos llevar por la apariencia o altura de un niño, que por dentro tienen que llevarse a cabo fases que son necesarias para que por fuera se puedan realizar ciertas acciones. 

En una conferencia lo escuché, “no se les debería obligar a los niños a leer antes de los 6 años” porque su cerebro no suele estar preparado, y lo decían de forma generalizada. Si hay niños que muestran interés y aprenden de forma natural y libre, como sucede en Montessori, que los niños son atraidos por el ambiente lleno de materiales donde autoaprender, no tiene nada de malo porque nadie está forzando, pero cuando hablamos de escuelas tradicionales, ese modelo respetuoso no está presente. Incluso en Waldorf, los niños empiezan a leer a los 6, antes de primaria no se inician en la lectura ni en la escritura, y no por eso los niños son peores. 

Cada niño es un mundo y tiene un ritmo de maduración diferente. Eso significa que las áreas del cerebro que controlan la memoria y el aprendizaje no maduran al mismo tiempo".


De ellas dependen las funciones ejecutivas, que van evolucionando de forma progresiva a medida que el cerebro de los niños va madurando".
"Y esas funciones son imprescindibles para que el cerebro vaya adquiriendo el resto de habilidades: si no soy capaz de mantener atención, de controlar el movimiento y los impulsos aún, difícilmente voy a ser capaz de aprender los pasos siguientes del proceso de aprendizaje".

“Solo se puede aprender aquello que se ama".

"la esencia de la lectura está en transformar el grafema en fonema y que se logra gracias al desarrollo de un área del cerebro. Si esta no está desarrollada, se lee mal".
Y aunque hay niños que aprenden a leer antes, esta transformación suele darse a partir de los 6-7 años"cuando ya se han terminado de formar los circuitos sinápticos y además aislar los axones con mielina para que la información vaya con nitidez".
E insiste en la versatilidad de los niños y en un desarrollo de su cerebro diferente. Cada uno tiene su ritmo. Asegura que:
"Si enseñas a un niño de siete años a leer, aprenderá en tres semanas, porque su cerebro ya está preparado".
Citaciones del neuropediatra Manuel Antonio Fernández 

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¿A tu hijo le cuesta dormir sin pañal? elige el pijama absorbente




¡Lo que no se inventen los padres, no lo inventa nadie! No es nada llamativo, que los padres que son quienes se encuentran con muchas dificultades sin solución en la crianza de sus hijos, estrujen su creatividad y les de por inventar algo exitoso.

Todavía faltan muchos inventos para solucionarnos muchos asuntillos, pero es cierto que en los tiempos de mi madre y de mi abuela, no había ni la mitad de las cosas que hoy hay.

No puedo enumeraros todo ahora, lo dejamos para otro post quizá, pero los padres nos quedamos tan frustrados a veces que no queremos rendirnos ni resignarnos así que damos todo de sí para crear algo nuevo.

A mí me encanta y admiro a todos los padres innovadores que tienen la capacidad de llevar a cabo su idea y que lo consiguen (la falta de financiación puede ser un obstáculo). Ellos emprenden y se dedican a un trabajo propio, ideado por ellos mismos que no hay igual, y con mucha probabilidad de que les vaya genial por ser los primeros en inventarlo y por la utilidad que se le puede dar, y además facilitan la vida de otros millones de padres, que estoy segura que se lo agradecerán mucho.

Me refiero este caso a Peejamas, unos pijamas que son absorbentes, porque ya sabemos que el proceso de despañalización tiene tela marinera. La peor parte es cuando se quita el pañal de noche, que tenemos que esperar que la criatura sea capaz de ir al lavabo de noche.

Los peques pueden olvidarse, no notar nada, o preferir no levantarse por cansancio o por miedo a la oscuridad, por lo que se avecinan muchos pipis en la cama. 

Debo confesar que los protege-colchones, los utilizamos de siempre y hacen poco su función, ni los colchones ni las sábanas se salvan. Ah y por más que limpies ese color terminará por instalarse y habrá que cambiar de sábanas muy a menudo.

Cada niño tiene su ritmo, es impredecible saber si un hijo será más rápido en el cambio, puede ser muy sencillo como muy complejo y que se alargue.

Estos pijamas diseñados para que las camas no se echen a perder por el olor y el color del pipi, que molesta a los niños y a los padres nos da más trabajo. Lo que también protege el autoestima de los niños que no se sentirán mal por mojar la cama (suelen sentirse avergonzados) y los demás pueden ni enterarse.

Lo bueno es que los diseños son muy bonitos, que hay veces que el diseño es horrible, todo hay que decirlo, si no me equivoco tienen hasta la talla 7 y se puede utilizar hasta que se haya lavado unas 300 veces aproximadamente así que a parte de ser una solución para nuestro bienestar, es respetuoso con el medio ambiente ya que es reutilizable muchísimas veces y hace ahorrar en pañales y en sábanas :)

¿Conocíais estos pijamas? ¿Qué os parecen?

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Los hijos sí pueden ir descalzos




De toda la vida siempre he ido sin zapatillas por casa, me siento incómoda y me muevo angustiada, en verano da un calor terrible y en invierno es cuestión de bienestar. Los zapatos en realidad no existen para que los pies se desarrollen bien sino que solo sirven como decorativo y para proteger a los pies.

Pues se ve que soy de esas personas que no lleva zapatillas ni en invierno, aunque no pusiéramos la calefacción, me pongo unos calcetines de estos largos y anchos y se acabó.

Siempre he tenido que soportar las regañinas de mi madre porque consideraba que me iba a resfriar y que iba a coger de todo... ahora de adulta, tengo al marido que de vez en cuando me llama la atención, pero ya se ha cansado de decirme lo de siempre xD

¿Qué ha sido de mí esa niña indomable que iba siempre descalza (y lo sigue haciendo)? Ni tengo peor salud, ni me enfermo más que los demás ni se me han deformado los pies.

Así que como podrá entender cualquiera, mis hijos también van descalzos. Mi madre, como no, ya estaba ahí para dramatizar y juzgarme por no haber acostumbrado a mis hijos a ir con zapatillas por casa.

Me metía el miedo en el cuerpo de que de bebés es imprescindible para que la planta del pie se desarrolle bien y para que no tengan pies anchos... al principio dudé y me crucifiqué por cometer tal error, pero más tarde pensé que eso no podía ser posible.

Mis tres hijos fueron descalzos, y cada uno tiene los pies distintos y solo uno los tiene más anchos, pero es que si miramos el árbol genealógico, mi abuela y mi suegra tienen los pies anchos, y esto se hereda también.

No se trata de un movimiento hippy, es hacer lo que te sienta mejor. Hace sentirse más ligero, los zapatos pesan aunque no tengan tacones, los pies descansan de estar apretados y facilita deshacerse del estrés. Si viene alguien por educación quizá me las ponga porque hay gente tan repipi que no puedes osar ir descalzo en su presencia, pero con mis padres e hijos, siempre lo hago.

Mis hijos que han ido descalzos desde bebés, corren muy rápido (dicen que son los más rápidos de la clase) y tienen los pies muy resistentes. Cuando iba al jardín de casa que tiene palos, piedras y bellotas por doquier, yo no duraba mucho porque me dolía al clavarmelas pero ellos no, las pisaban sin sentir dolor. 

Ahora viene el frío, nos ponemos calcetines y claro, los virus no entran por los pies, el suelo está congelado y al pisarlo se puede tener más sensación de frío pero no es malo para la salud. Debido a las posiciones que pueden ir realizando los pies al estar libres de movimiento sin zapatos que le habitúen a la rigidez, ir descalzos fortalece la musculatura del pie y del tobillo.

¿Sois de dejar a vuestros hijos ir descalzos?

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Los juguetes que hablan, no benefician a los hijos


En las tiendas más accesibles al salir de casa, encontramos muchos juguetes, que NO benefician a los hijos, sobretodo aquellos que hablan, que un muñeco hable, no es lo más deseable. La culpa evidentemente es de los fabricantes, que solo buscan atraer con la primera reacción, de "mira cuánto mola, éste muñeco habla como una persona".

Como estas tiendas están por el camino, en supermercados, en centros comerciales, por cualquier calle de barrio....al ir paseando, nos topamos con mucha probabilidad con una de las marcas tan famosas. A mí muchas de las cosas no me gustan nada, no son compatibles con el estilo de crianza y de materiales/juguetes que quiero para mis hijos, pero claro, los niños son niños, y el marketing de las grandes empresas, sí funciona con ellos, y se sienten súper atraídos, lo que hace que los padres cedamos.

No me gusta que mis hijos elijan algunos juguetes, simplemente porque una amiga lo tiene, o porque representa a un dibujo de televisión, si algunas veces los compramos, vale, pero que tengamos que comprar todos los que salen en dibujos animados, pues no. Esto fomenta la compra compulsiva, y el comprar por capricho. Hay unos que valen la pena, pero otros no, y lo necesario es comparar, y pensar, ¿se divertirá? ¿le servirá para jugar? ¿jugará mucho con esto? ¿le durará la emoción?

Lo malo que tiene este tipo de juguetes es que la adrenalina se pierde en un abrir y cerrar de ojos. Como sucede con los juguetes que hablan, parece muy guay, porque es como si tuviese vida propia, o como si se relacionase con el niño. Pero vamos, que al probarlo varias veces, el peque se da cuenta de que NO habla, es una grabación que se repite y repite, sin sentido, y que no contesta preguntas, ni habla por algo en concreto, que más bien parece un robot malhecho.

Yo también tuve el furby, y otros juguetes que los promueven como lo más porque interactúan y no tiene nada que ver. A mí hasta me llega a quitar la magia, por ese ruido robot, que agobia y que deja ver que es un cacharro, que nunca se parecerá a un humano, ni a un animal, y que o se tiene el original o nada xD

Pero a aparte de esto, estamos hablando de juguetes que reemplazan las palabras del niño, por las suyas, así que interfieren en el desarrollo natural de los niños. Cuando el juguete es el que habla, los niños y quienes juegan con ellos, se callan. Lo que se espera del juego, es que se trabaje el vocabulario, y que entre todos los que juegan haya una conversación entre sí. 

Eso de "cuanto menos haga el juguete, más cosas hará el niño", no es un eslogan marketero, es la pura realidad. Ya lo sabíamos, y por eso muchas familias intentan adquirir juguetes que no sean electrónicos y que a poder ser sean de madera. Este análisis está respaldado por un estudio publicado en JAMA Pediatrics, en el que se hizo durante un año y medio con 26 parejas de hijos de entre 10 y 16 meses, y madres (sólo un padre), dejando que jugaran con tres tipos de elementos.

Al jugar en casa se propiciaba una interacción más realista, que quedaba grabada para ser procesada por un software específico. Se comparó la conversación que surgía del uso de juguetes electrónicos (portátiles y móviles de juguete y una granja que emite sonidos) con juguetes clásicos (granja con fichas de animales de madera, bloques de goma y piezas de distintas formas de encajar) y con la lectura de niños infantiles.

Con los electrónicos, las madres usaron en promedio 40 palabras por minuto, en comparación con las 56 palabras empleadas en juguetes tradicionales, y las 67 con los libros. La diferencia resultó mucho más notable en el análisis de las interacciones entre madre e hijo, las vocalizaciones espontáneas de los niños, las respuestas y los turnos de conversación entre ambos, que fueron mucho más ricas en juegos sin pilas.

La necesidad de proporcionar a nuestros hijos juguetes clásicos queda cada vez más evidente a base de estudios que van haciéndose, los niños aprenden a hablar y a relacionarse escuchando a su alrededor, y no hay evidencia de que lo consigan escuchando sonidos de libros, juguetes ni móviles. Además lo que se pierden también es la adquisición de las habilidades sociales. Cada vez son más los especialistas que alertan sobre las trabas el desarrollo infantil cuando se entrega a niños libros interactivos, móviles y tabletas. Estos aparatos les entretienen pero no son una herramienta para su desarrollo, por muy educativos que los pinten.



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