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¿Los hijos han de ser preparados para vivir en esta sociedad "violenta"?




La cantinela que escuchamos a menudo a cerca de la disciplina positiva es que los niños no se encontrarán en la vida real a “personas tan buenas” y entonces hay que prepararles para que sepan vivir en una sociedad violenta. Este argumento sirve para de manera general justificar los castigos, alzar la voz, regañar y golpear. 

El sistema castigo-recompensa es tóxico 

“Si los castigos y las recompensas fuesen eficaces para enderezar (que consiste en crear automatismos inconscientes, sin comprensión del sentido de la acción), no funcionan para criar a los hijos ni para instruirles, porque tales prácticas coactivas tienen un fuerte componente emocional que inhibe la inteligencia la cual permite asimilar y apropiarse de los conocimientos. Lo que los niños sometidos a ese modo de funcionamiento, aprenden por bueno, aprenden por ello y no gracias a ello. Laurence Dudek 

Cuando enseñamos a un niño a actuar bajo la amenaza (castigo) o con la promesa de una gratificación (recompensa), se degrada su motivación interna (su capacidad de hacer las cosas en función de sus valores, sus necesidades y su ímpetu) así como su ética (él “obedece” a la autoridad sin entender el sentido de la regla por sí misma en términos de seguridad, salud, higiene… ni por las demás razones como puede ser respeto por los demás, solidaridad, vida colectiva…). 

Uno de los efectos perversos más insidiosos del método castigo-recompensa y de la competición es centrar los aprendizajes de las consecuencias individuales y no en las que están relacionadas con los demás o con el entorno. Así se transforman las aptitudes naturales de los niños en habilidad competittiva, con el riesgo de producir generaciones irresponsables, sin otra moral que la del beneficio individual sin empatía en su vida social… ¿eso no es lo que ya hacemos? Laurence Dudek 

La violencia física no es educativa 

Por otro lado, decir que ninguna violencia física es educativa. La violencia sólo perpetúa la violencia. Cuando un adulto golpea a un niño (le da un guantazo, le da un golpe en las manos, le tira de las orejas, le da un golpe en la cabeza, le tira del pelo…) le está enseñando la violencia. 

Cuando los niños son tratados con violencia aprenden que: 

  • Hace falta sufrir y tener miedo para comportarse bien. 
  • Tienen el derecho de hacer el mal por el bien de otro. 
  • Utilizar la violencia con los que son más pequeños que ellos. 
  • Mienten para protegerse del dolor. 
  • Huyen de sus responsabilidades para evitar los golpes. 
  • Integran la violencia como algo normal en la vida. 
  • Creciendo son tentados con reproducir la violencia en todos los ámbitos de la vida. 
  • Creen que existe un vínculo entre amor y violencia: que se puede amar y golpear, que se puede ser amado y golpeado. 
  • No reconocen la violencia física ni psicológica como violencia real, sino como manifestaciones de amor y métodos educativos legítimos. 
  • Obedecen a los más fuertes y a la autoridad sin contestar. 
  • Imponen sus ideas por la fuerza por la simple convicción de que cuando se quiere tener razón y si se tiene fuerza, se tiene el derecho utilizarla para imponerla en los demás. 
  • Dejan de lado su sentido moral para obtener recompensas y la aprobación de la autoridad y así evitar los golpes. 


Esto perpetúa la violencia en el mundo, la coacción en lugar de la negociación, la guerra en lugar del intercambio, la ley del más fuerte en todas las circunstancias… Laurence Dudek 

Romper el círculo de la violencia educativa ordinaria 

  1. Decidir solemnemente no utilizar más la violencia educativa: comprometerse consigo mismos y con los demás (en especial los hijos y el conyugue). 
  2. Corregir el comportamiento cuando hay una desviación hacia la violencia educativa; regresar con los niños sobre lo que se ha dicho o hecho, excusarse, acoger las emociones de los hijos y explicarles que el cambio está en curso. 
  3. Pedir a los hijos que avisen cuando se está siendo violento con ellos y que recuerden a sus padres el compromiso de no ser violentos. 
  4. Si los mecanismos son demasiado difíciles de superar, sería bueno contactar con un profesional (terapeuta, coach parental, talleres de comunicación padres e hijos…). 


Siendo padres, no es nuestro trabajo endurecer a nuestros hijos para vivir en este mundo cruel e insensible. Nuestro trabajo es educar a niños que harán de este mundo, un lugar menos cruel e insensible. LR KNOST

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Qué hacer si nuestros hijos no quieren compartir




Obligar a los hijos a compartir no hace más que llevarles a apegarse aún más a sus pertenencias. Compartir forzadamente socava toda tendencia a dar de corazón. Faber y Mazlish 

  • Hay que hacer que los niños sean los responsables al compartir: por ejemplo decir “chicos, he comprado una botella para todos, ¿cuál es la mejor manera de compartir?"
  • Dejar que las cosas pasen: él/ella te hará saber cuándo está preparado para compartir. 
  • Dejar al propietario la decisión final: decir: “es tuyo, y tu tienes que decidir, pero si quieres llegar a un acuerdo con tu hermano, tiene que ser entre él y tú”. 
  • Manifestar satisfacción cuando un hijo comparte de forma espontánea: Decir, por ejemplo “gracias por darme este trozo de pastel, está delicioso”. 
  • Dar ejemplo: Ahora, quisiera darte un trozo de mi pastel. 
  • Describir lo que el otro siente o piensa sin culpabilizar: Él está triste, está decepcionado, creo que antes tenía ganas de jugar contigo. 
  • Dirigirse al niño que pide: diciendo “puede ser que pidiéndoselo de otra manera aceptaría prestarte sus cosas. 
  • Razonar en términos de necesidad: en nuestra familia, cada uno recibe en función de sus necesidades. 

Los niños no necesitan ser tratados por igual, sino de ser tratados cada uno de forma especial.
En lugar de dar la misma cantidad a todos, dad según las necesidades de cada uno.
En lugar de manifestar mucho cariño a todos, mostrar a cada uno que le queréis de forma especial.
En lugar de consagrar mucho tiempo a todos, consagrad el tiempo necesario a cada uno según sus necesidades. 

  • Utilizar el juego y el humor: Por ejemplo, si dos hijos discuten por utilizar un coche con pedales al mismo tiempo, proponer que uno lo conduzca mientras que el otro pone la gasolina. 
  • Mostrar las ventajas de compartir: si le das la mitad de esto, y si él te da la mitad de esto, podréis hacer esto juntos…


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Entender los mensajes inapropiados y las rabietas de los niños




El proceso de educación exige por necesidad que el niño desarrolle su capacidad de interacción armoniosa con su entorno. El niño necesita aprender a moderar sus deseos, a gestionar su frustración, a respetar las necesidades de los demás, a pedir sin exigir. Luego, deberá aprender a expresar lo que quiere obtener de los demás mediante una invitación positiva y motivante en vez de hacerlo con la fuerza, el miedo o la amenaza. Michel Claeys 

Los niños necesitan, en sus aprendizajes, ayuda y modelos positivos. Cada vez que nosotros comunicamos, la comunicación es más eficaz cuando somos capaces de razonar en términos de necesidades (identificar y expresar las necesidades propias, identificar y nombrar las necesidades insatisfechas en los mensajes de los demás). Nosotros podemos aprender a ser modelos positivos comprometiéndonos a razonar en términos de necesidades. Cada una de nuestras acciones es motivada por una intención positiva: la de alimentar las necesidades fundamentales no satisfechas. 

Todos los humanos tienen las mismas necesidades, que no se tienen que confundir con las estrategias que son los actos que efectuamos para satisfacer una necesidad fundamental. Emociones y necesidades van de la mano. La educación emocional implica encontrar la necesidad no satisfecha que se esconde detrás de una emoción dado que las necesidades son la vida que busca una expresión. Las emociones emergen para atraer la atención en una necesidad no satisfecha. Nuestras emociones nos previenen de que no estamos conectados con nuestras necesidades. Éstas emociones deben ser consideradas como signos de alarma, emerjan en nosotros o en los demás. En efecto, nuestras emociones atraen nuestra atención en una necesidad no satisfecha en nosotros y las emociones de los demás atraen la atención en una necesidad no satisfecha en ellos. 

Cuanto más capaces seamos de asociar nuestras emociones con nuestras necesidades, más seremos capaces de asociar las emociones de los demás con sus propias necesidades. Aprender a razonar en términos de necesidades se puede hacer en cualquier edad y es un primer paso hacia la no-violencia: 
  1. Expresar nuestras necesidades de padres con un lenguaje personal (yo), auténtico y positivo. 
  2. Aprender a traducir en palabras las necesidades de los hijos mediante sus mensajes (sobretodo cuando son inapropiados). 


Cuanto más estén en contacto los niños con adultos capaces de expresar sus necesidades y de traducir las peticiones infantiles inapropiadas en necesidades, más desarrollarán estos niños su propia capacidad en comunicar sus necesidades. 

Ejemplos 

  • Reacción del niño: “es muy injusto, B. siempre tiene más que yo, es vuestro preferido” 
  • Sus necesidades subyacentes: Necesidad de reconocimiento, de atención, de amor, de pertenencia. Emociones: celos, tristeza, enfado. 
  • Respuesta del adulto: ¿Te da la impresión de que queremos más a B. que a ti? ¿Quisieras que te mostremos más amor? 

  • Reacción del niño: No tengo ganas de hacer los deberes, de recoger, de salir, estoy cansado.
  •  Sus necesidades subyacentes:Necesidad de tranquilidad, de descanso, de apoyo. 
  • Emociones: Tristeza, cansancio. 
  • Respuesta del adulto: Estás cansado, por las largas horas que estás en el cole. Te gustaría tener un tiempo en el que estar tranquilo. Dime cuando estarás descansado y te sentirás preparado para hacer tu trabajo. 

  • Reacción del niño: Ni soñarlo, jamás haré eso. 
  • Sus necesidades subyacentes: Necesidad de elegir, autonomía, de sentido. 
  • Emociones: enfado. 
  • Respuesta del adulto: De acuerdo, entiendo que necesites elegir. Al mismo tiempo, necesito que te dirijas a mi de manera respetuosa y que contribuyas al funcionamiento de la casa. 


  • Reacción del niño: No tengo amigos. Estoy solo en el recreo. Nadie me quiere. 
  • Sus necesidades subyacentes: Necesidad de contacto, de escucha, de vínculo, de presencia, de juego. 
  • Emociones: tristeza. 
  • Respuesta del adulto: Te sientes excluido. Te gustaría tener amigos pero no sabes cómo hacerte aceptar. Te gustaría sentirte apreciado y apoyado. 

  • Reacción del niño: Estoy harto. Todos sois nulos. Eso me pone de los nervios. 
  • Sus necesidades subyacentes: Necesidad de empatía, de escucha, de expresión. 
  • Emociones: Enfado y tristeza. 
  • Respuesta del adulto: Veo que no estás bien ¿Hay algo que te moleste? ¿Quieres hablar? 


  • Reacción del niño: No quiero jugar más con N. Es un tramposo. 
  • Sus necesidades subyacentes: Necesidad de respeto, de confianza, de franqueza. 
  • Emociones: enfado, decepción, traición. 
  • Respuesta del adulto: Los demás necesitan contar con tu honestidad y con tu respeto de las reglas del juego. Esto puede ser difícil de perder y las reglas están para asegurar que todos estén pasando un buen momento. 


  • Reacción del niño: vosotros no me dejáis hacer nada nunca 
  • Sus necesidades subyacentes: Necesidad de libertad, de independencia, de realización de sí mismo, de confianza. 
  • Emociones: enfado, impotencia. 
  • Respuesta del adulto: ¿Te gustaría tener más libertad y tienes la impresión de que no se te da la suficiente confianza? ¿Te gustaría que hablásemos juntos de las reglas para salir a la calle? 


  • Reacción del niño: No, es falso, yo no he hecho-dicho eso (mintiendo) 
  • Sus necesidades subyacentes: Necesidad de protección, de autoprotección, de seguridad, de mantener la integridad. 
  • Respuesta del adulto:Yo necesito poder tenerte confianza. La honestidad es un valor importante para mí. ¿Cómo podemos hacer para mantener una relación basada en el respeto y en la confianza?



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5 tips para favorecer la contribución de los hijos en las tareas domésticas


Las etapas de aprendizaje de una tarea 

  1. El niño observa al padre/madre cómo realiza la tarea: el adulto explica en términos simples lo que está haciendo y porqué. 
  2. El adulto realiza la tarea con la ayuda del hijo: El adulto anima al hijo a ayudarle en esta tarea, luego de que el hijo haya observado varias veces cómo se desarrolla tal tarea, se ha enterado de cómo se hace, y tiene las competencias motrices para hacerla. El adulto aprovechará para poner palabras en lo que esté haciendo y verbaliza lo que espera del hijo. 
  3. El hijo realiza la tarea con la ayuda del adulto: El hijo podrá practicar con la supervisión del adulto, y éste le animará y le recordará las consignas si es necesario (sin exceso para fomentar la autonomía). 
  4. El adulto observa al hijo cómo hace la tarea: cuando el hijo se siente suficientemente seguro de si mismo para hacerlo solo. 

Cómo favorecer la contribución 

1 Reconocer y valorar los esfuerzos (por pequeños que sean)

Este es el principio del refuerzo positivo. No se trata de dar recompensas sino de conceder atención plena y entera a las acciones del hijo así como a los signos de agradecimiento positivos: 
  •  Agradecimientos: “has hecho esto, ¡muchas gracias!”, “esto me hace la vida más bella cuando tu…”, “aprecio mucho que hayas…” 
  • Guiñar el ojo de manera cómplice: “bien hecho”. 
  • Palabras de ánimo: “has hecho esto y lo otro, era difícil, no tenías muchas ganas ¡pero lo has hecho!”, “esto requiere mucha paciencia, voluntad, esfuerzo de…” 
  • Descripciones de lo que se hizo: “has quitado los platos de la mesa, los has puesto en el lavavajillas y has secado los vasos. ¡me encanta ver la mesa limpia! 
  • Expresiones de emociones positivas: "me alegra ver que…", "admiro saber que tu has…” 


 Si quedan cosas por hacer, también se puede comunicar con un lenguaje positivo de reconocimiento de esfuerzos y de expresión emocional, indicando lo que falta hacer sin utilizar los reproches. 



 2 Pasar tiempo con los hijos para enseñarles cómo se hace 

Para un niño “limpiar la cocina” puede ser apilar los platos, sin maldad, por ello es necesario mostrar y poner palabras en lo que esperamos para que no hayan malos entendidos. Si nos preocupa que los hijos no se acuerden de todas las consignas, podemos ordenarlas con imágenes o pictogramas. Anticipar y poner palabras en lo que esperamos, solicitar a los hijos y asegurarse de que han entendido las consignas, permite responsabilizarles y reduce los riesgos de conflictos a posteriori. 

3 Tener expectativas realistas en función de la edad y de las capacidades de los hijos 

4 Hacer las tareas obligatorias en momentos agradables o divertidos 

  • Poner música durante la tarea. 
  • Hacer juegos de rol para recoger la ropa (a la manera de un robot, de un piloto o de un cosmonauta).  
  • Proponer retos 
  • Recoger por colores, por formas.. 


Por otro lado, como nuestros hijos nos imitan más que escuchan nuestros consejos, puede ser útil que nosotros mismos consideremos las tareas como actos que cubren nuestras necesidades, por ejemplo, en vez de decir “tengo que tirar las cosas en la basura” mejor decir “elijo tirar las cosas a la basura porque esto alimenta mi necesidad de tener una casa limpia, agradable para vivir, acogedora y mi necesidad de contribuir a la buena salud de toda la familia”

5 Planificar las responsabilidades que cada uno tendrá

“Una oportunidad regular y planificada de aproximadamente de 15 a 30 minutos por semana para aprender a apreciarse de manera positiva, a concentrarse juntos en las soluciones que facilitaran el placer de vivir juntos y a desarrollar las competencias sociales necesarias a la plena realización de cada uno”. Jane Nelsen 

Cada participante dirige a cada uno de los demás participantes un cumplido o un agradecimiento sobre una situación, un acto, una palabra de la semana. El orden del día es abordado según lo deseado expresamente por cada miembro de la familia a lo largo de la semana.


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12 tips de crianza respetuosa


Poner límites respetando la integridad del niño 

Arnaud Deroo explica que la autoridad educativa se piensa en términos de responsabilidad, para hacer al niño actor y responsable de sus actos. El proyecto educativo no es la obediencia sino la escucha de los estados emocionales del niño y el respeto a sus necesidades. 

Ante un comportamiento en el que hay una infracción a una regla social, la reacción del adulto debe ayudar al niño a entender la consecuencia de sus actos y la necesidad de respetar las reglas para convivir. Ante un comportamiento “no civilizado”, el niño ha de ser entendido en su necesidad y hemos de decirle que hay otros medios para satisfacer tal necesidad en lugar de golpear, agredir, insultar, etc y que esos comportamientos no son aceptables. Cuando un niño es educado con empatía, raramente busca sobrepasar las reglas, los límites, a poner en dificultad a sus padres, puesto que él integró: “soy importante, tú eres importante”. 

El Dr. Haim Ginott propone una manera de fijar límites que invitan a la cooperación: 
  • Reconocer y reformular el deseo del niño: tienes ganas de ver la tele esta tarde/ parece que estás molestado con tu hermano. 
  • Recordar las reglas: la regla en esta casa es “no hay televisión las tardes excepto el fin de semana”/ puedes estar enfadado con tu hermano pero eso no justifica que le hagas daño. 
  • Redirigir la acción o sugerir maneras de atender el deseo: podrás ver la tele el sábado por la tarde y escogerás la peli que quieras: ¿has pensado en lo que te gustaría ver?/ puedes lanzar tantas piedras al suelo como quieras. 
  • Empatizar con la frustración del niño: tu querrías que esta regla no existiera: si quieres, puedes decirme o mostrarme o incluso dibujar lo que te molesta. Utilizaremos un lenguaje positivo dado que el cerebro no entiende las negaciones: en lugar de decir “no toques esa piedra”, una fórmula de ese tipo seria más eficaz “la piedra ha de quedarse en el suelo, tu puedes poner tu caramelo en la boca y tocar la piedra con la mano o tus pies. 


Dejar elegir y acordar el derecho de palabra 

  • Al niño que hace mucho ruido: tu eliges, puedes quedarte aquí y dejar de hacer ruido o puedes irte de la habitación y continuar haciendo ruido, tu decides. 
  • A un niño que se niega a ducharse: cuando prefieres ducharte, ¿antes o después de comer? 
  • A un niño que corre por las tiendas: Para de correr, puedes caminar o puedes sentarte en el banco, tu decides. 
  • A un niño que no quiere vestirse: ¿prefieres vestirte solo o prefieres que te ayude? / quieres empezar por abajo o por arriba? / ¿hoy quieres ponerte calcetines rojos o verdes? 
  • A un niño que le cuesta empezar por la mañana: hoy llueve, ¿qué nos ponemos en los pies cuando llueve? 



Reflexionar sobre la organización familiar y pasar a la acción 

A veces el espacio propuesto no corresponde a los niños y puede acarrear comportamientos inapropiados y conflictos padres/hijos. Cuando un hijo juega con cosas peligrosas, no hace falta gritar ni dar un golpe para hacer entender al niño. Adaptar la casa evita muchos conflictos. Siempre hay una solución para adaptar una casa. Para evitar que toque los cables con los que quiere jugar, es posible proponer alternativas: hilos de lana colocados en la pared, por ejemplo. Se trata de entender que el hijo quiere experimentar o descubrir y proponerle el mismo tipo de experiencia pero de manera segura y adaptada a su edad. 

Pensar en la organización del tiempo también puede ser bueno: un niño será más susceptible y enfadado, menos cooperativo si tiene hambre o sueño. ¿Por qué no adelantar la hora de la comida o prever picoteo (almendras, trozos de frutas…) si sentimos que no será capaz de esperar a la próxima comida? 

Anticipar y prever 

Cuando sabemos que estaremos confrontados en una larga espera o en un largo viaje, más vale adoptar un enfoque proactivo para evitar nervios y conflictos. Según las actividades y las dificultades anticipadas, es posible prever pequeñas actividades para entretener y distraer a los niños (lápices de colores y hojas, juegos pequeños que ocupan poco, libros…) y también colmar sus necesidades primarias (pasteles y frutas, agua y pañuelos). Explicar al hijo qué se hará durante todo el día para prevenir rabietas. 

 Escuchar con empatía 

Para escuchar lo que tiene que decir un niño, se trata de instaurar un clima de confianza para que el niño entienda que puede decir lo que quiera, no solo lo que sus padres quieren oír. Acoger no quiere decir estar de acuerdo, sino escuchar lo que los hijos viven y sienten según su punto de vista. Hay que intentar entender lo que sienten los hijos, descubrir el mensaje oculto. Luego, el padre transforma su comprensión con sus propias palabras y devuelve el mensaje al niño en verificación. Pero el padre tendrá que estar atento en no transformar su propio mensaje en evaluación, opinión, consejo, razonamiento, análisis ni pregunta. La escucha empática ayuda al niño a hablar más, a profundizar, a desarrollar mejor su pensamiento. Finalmente, la escucha empática ayuda al niño a encontrar sus propias soluciones a los problemas que le surjan. 

  • Me parece que tu estás… 
  • Te sientes como… 
  • Te gustaría poder/ tu quisieras mejor…/ no te gusta… 
  • Seguramente no te agrade… 
  • Parece/ tengo la impresión de que tu… 
  • …¿es eso? 
  • Quieres decir que… 
  • Crees que… 
  • Tal cosa/tal acontecimiento/ tal decisión te parecía… 


No hacerlo por el niño y respetar su ritmo 

Muchas discusiones son debidas a malos entendidos entre padres e hijos. Un niño recibe una explicación o una corrección que no solicitó mientras el hijo está en proceso de realizar un esfuerzo para entender o hacer algo totalmente solo, y de esa manera sentirá una gran frustración. 

“Nunca ayudéis a un niño a hacer una tarea que se siente capaz de hacer solo” María Montessori 


Saber que los caprichos no existen 

Para María Montessori, los adultos llaman capricho a todo lo que no tiene una causa aparente, a toda acción ilógica o invencible. Entonces es necesario buscar la causa de toda manifestación estimada “caprichosa” en un niño, precisamente porque no logramos saber a qué se debe. 

 Ante nuestros ojos, el capricho ha de tomar la importancia de un problema que tiene que resolverse, de un enigma que se tiene que descifrar”. María Montessori 

Los “caprichos” son un comportamiento que el adulto no entiende. Podría decirse, que el capricho es el juicio, la interpretación y la etiqueta puesta por el adulto en el comportamiento que no entiende del niño. La mejor manera de entender la necesidad oculta que se expresa detrás de un capricho, es intentar entender preguntándote: ¿Qué ocurre? ¿Porqué el niño actúa así? ¿cuál es la necesidad oculta que el niño trata de expresar? Preguntar no tiene que ser la mejor manera de averiguarlo, ya que el niño es demasiado inmaduro para responderlas. Aceptar, reconocer y acompañar la angustia del niño puede ayudarle a calmarse: hay algo que te molesta/ eso te ha debido dar miedo/ enfadarte/ ponerte triste, celoso… 


Describir en lugar de enfurecerse 

  1. Cuando ves donde está el problema: veo que la leche se ha derramado, que el vaso se ha roto, que la ropa se ha desgarrado, que hay pintura en la pared. 
  2. Cómo te sientes (para evitar atacar al niño, es más eficaz empezar las frases por el pronombre YO: estoy molestada, triste, indignada, decepcionada, avergonzada, tengo miedo de que… 
  3. Qué esperas: para la leche que se derramó: necesitamos una esponja para limpiar. Para el vaso roto: necesitamos una escoba para barrer. Para la pintura: me espero a que la pintura sea limpiada. 


Poner al niño en situación de colaboración 

Podemos evitar pensar por el niño pero implicarle en las decisiones. 
  • Mostrar al hijo cómo redirigir la situación: decir lo que es necesario para que la situación sea redirigida. 
  • Dar información: “la fecha para devolver el libro ha pasado, tenemos que devolverlo a la biblioteca”. 
  • Utilizar la resolución de problemas: “¿qué podemos hacer para que vaya bien para ti y para mi? Estoy segura de que vosotros podéis encontrar una solución para jugar juntos. 


Endulzar la realidad mediante la imaginación y el humor 

Si sois incapaces de conceder realmente algo a un niño, concedédselo mediante la imaginación. Es una manera de decir “no” sin hacer daño. Dr Haim Ginott 

Recurrir a la imaginación al servicio de la educación, permite reconocer los deseos del niño (por ejemplo, si quiere un juguete nuevo, caramelos, un helado…) sin poder acceder a la petición. 

Proponer momentos para regresar a la tranquilidad 

Hay una herramienta de disciplina positiva perfecta: el tiempo para regresar a la tranquilidad. La idea es proponer a los niños un espacio para que se calmen antes de dejarse desbordar por el enfado de los dos lados. Este espacio sería preparado con cojines, lápices y hojas para dibujar el enfado, libros, una caja de emociones o una rueda del enfado, mediante los cuales los niños tendrán a su disposición los medios para calmarse por sí mismos. 

Conectar con el niño 

Es en los momentos más difíciles cuando el niño necesita descargarse. Los besos y los juegos compartidos son las mejores maneras de llenar el depósito de amor del hijo. Simplemente dedicando tiempo al hijo, observándole y diciéndole: me encanta pasar tiempo contigo, me gusta verte jugar” le permitirán recargarse de amor. 

El amor no es una recompensa. El amor es un carburante. Isabelle Filliozat


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Moverse y estar cabeza abajo relaja a los niños



Moverse y estar cabeza abajo puede ayudar a los niños a calmarse cuando se sumergen en sus emociones, y ello hace que haya un desarrollo armonioso de su cerebro y de su cuerpo. Volcarse estimula el sistema vestibular. El sistema vestibular es un órgano sensorial situado en la oreja interna que contribuye a la sensación del movimiento y del equilibrio. Este sistema sensorial es el responsable de nuestro equilibrio, de nuestra orientación espacial (saber donde se encuentra nuestro cuerpo en el espacio) y la coordinación de nuestros movimientos. Cada movimiento que hacemos estimula a nuestro sistema vestibular. 

Las actividades del volcamiento que pueden ser propuestas en varios momentos al día, durante algunos minutos, a los niños inquietos, con tendencia a enfadarse fácil y rápidamente, son: 

  • Sentarse con los pies en el aire y estar cabeza abajo en el sofá. 
  • Practicar algunas posturas de yoga. 
  • Para los más pequeños: sentarles encima de nuestras rodillas para que vuelquen sus cabezas 
  • Estirarse al revés en una pelota grande de gimnasia. 
  • Hacer el pino o una voltereta. 
  • Colgarse de un árbol con las piernas (en un trapecio, en barras, en un árbol, en una estructura de juegos…) 
  • Hacer equilibrio . 


De manera, que cuando un niño se altera, puede serle útil proponerle actividades que impliquen volcar la cabeza. Ello puede procurarle la estimulación sensorial de cuya tiene necesidad y así participar además en su retorno a la tranquilidad. El simple hecho de cambiar la posición del cuerpo también tiene virtudes calmantes. Maria Claude Maisonneuve, especialista en los reflejos primitivos remanentes, explica que la rotación en una silla tiene efectos potencialmente poderosos porque vuelve a dar al niño el conjunto de estimulaciones sensoriales que habría recibido durante la gestación, momento crítico para la evolución de sus reflejos primitivos. Se entiende mejor el efecto de los movimientos del cuerpo en la regulación emocional y el porqué algunos niños están todo el rato balanceándose en su silla, dándose la vuelta o haciendo volteretas. 

Cuanto más nos movemos, mejor estamos incluso para regular nuestras emociones y esto es tan válido para adultos como para niños. Pequeñas actividades pueden ser propuestas a los niños como técnicas de autoregulación para que aprendan un recurso en autonomía en caso de necesidad o como recurso para recuperar la calma: 

  • Jugar a la estatua: todos bailan cuando hay música y han de inmovilizarse cuando se detiene la música. 
  • Ir en bicicleta. 
  • Columpiarse o tirarse por el tobogán. 
  • Nadar. 
  • Saltar con ritmo. 
  • Mecer al niño. 
  • Saltar en un trampolín. 
  • Arrastrar al niño por la casa estando él encima de una manta. 
  • Hacer volteretas. 
  • Hacer la croqueta. 
  • Hacer una carrera de ida y vuelta. 
  • Caminar sobre una viga real o imaginaria o sobre una sombra, línea etc. 










Cualquier actividad física sin noción de competición, de obligación o que puede causar nerviosismo. Las recomendaciones oficiales dicen que los niños necesitan 30 minutos de actividades físicas pero en realidad necesitan horas de movimiento físicos diariamente. Podemos ir haciendo actividades con los niños tanto dentro de casa como fuera.

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Mi hijo pega, muerde y se enfada mucho





En su libro Vivir feliz con el hijo, Catherine Gueguen aborda la cuestión de los hijos que muestran agresividad, que golpean, que muerden y que se enfadan.

“Normalmente los adultos reproducen con sus hijos los métodos de educación que vivieron y por tanto, son la fuente de su ansiedad, de la pérdida de confianza, de una mala autoestima. Ellos no son conscientes de que su malestar viene de allí y pues tienen tendencia a criar a sus hijos de la misma manera sin cuestionarse. Aún así, es posible educar a los niños de otra manera por el bien de todos, niños y padres”.

1 Conocer las etapas del desarrollo del cerebro de los niños

El niño pequeño no es “malo”, solamente tiene un cerebro inmaduro que le hace actuar instintivamente cuando se siente amenazado, en peligro o cuando sus necesidades no están satisfechas. La parte del cerebro que controla nuestros impulsos, nuestras emociones, el córtex prefrontal, y los circuitos neuronales reenlazan el córtex prefrontal con el cerebro arcaico (emocional) y no empiezan a madurar hasta los 5 años.

Antes de los 5 años, el niño no puede controlar sus emociones, es incapaz de plantearse lo que vive. Un niño pequeño vive las emociones con mucha más intensidad que los adultos. Catherine Gueguen hace referencia a la capacidad de reevaluación de los adultos: cuando estamos confrontados a una dificultad, una frustración, un miedo, un conflicto relacional, un enfado, tenemos la capacidad mental de dar otro significado a la situación que vivimos: razonar, relajarnos, analizar nuestra actitud, pensar sobre nuestra manera de percibir a los demás, ponerse en el lugar del otro, encontrar soluciones para mejorar la situación. Y esta reevaluación implica estructuras cerebrales que todavía son inmaduras en los niños menores de 5 años.

2 Cuando el niño hace gestos agresivos

Detenerle con cariño. No hacer dramas, no empeorar la situación. Explicar tranquilamente, con pocas palabras los riesgos de tal actitud. Cuando haya peligro, alejarle físicamente del peligro. A veces, atraer la atención en algo que le interesa, jugar, hacer reír.

3 El niño necesita ser calmado

Durante un gran enfado, cuando el niño lanza sus juguetes golpea y muerde: quedar presente y calmado. Una actitud serena, una mirada y una voz dulce calman al niño. Es pues el adulto quien mediante su actitud calmada, cariñosa y empatica permite al niño que no sea agresivo.  Hay momentos en los que el niño está sumergido en sus emociones y no es reprochable. Al contrario, las tentativas de contacto físico o de discursión redoblan su enfado. En ese caso, el adulto se quedará presente, calmado, sin hacer comentarios.

“Cuando el entorno entiende al niño, sabe calmarle, esos episodios impulsivos disminuyen para escasear hacia los 5-7 años. La edad popular sitúa la edad de la razón a los 7 años exactamente. Catherine Gueguen

4 Si se puede acercar al niño, hay que tener gestos de apaciguamento

Hablar durante el enfado, intentar hacer razonar al niño es inútil, él no escuchará mientras le dure el enfado. En revancha, un beso, una caricia, palabras dulces pueden desencadenar la secreción de hormonas de bienestar y apaciguar al niño.

5 El niño necesita ser comprendido en sus emociones y ser guiado

Una vez el enfado se ha apaciguado, hay que poner palabras en las emociones. Al niño pequeño le faltan palabras para expresar sus emociones, y notablemente el enfado o el miedo que son la mayor parte del tiempo el origen de comportamientos agresivos. Cuando los adultos ponen palabras en sus emociones, aprenden el lenguaje emocional. Hablar al niño de manera simple, clara, leerle historias en las que se nombran las emociones le proporciona herramientas para expresarse y reemplazar los golpes, los insultos y los mordiscos por palabras.

“Estabas muy enfadado, ¿verdad? Entiendo que estés enfadado y tienes el derecho de estar enfadado. Pero aunque se esté enfadado, no se muerde, ni se tira nada ni se golpea”.

“Estabas muy enfadado porque yo estuve con tu hermano y no contigo, ¿no es así? Puedes decírmelo con palabras”.

6 El niño necesita confianza en sus capacidades para progresar

Luego terminar diciendo: “Vas a aprender a hacerlo de otra manera, yo tengo confianza en ti y lo conseguirás”, pocas palabras son necesarias.

7 Actitudes que refuerzan la agresividad en los niños

Gritar, amenazar, castigar, humillar.

8 No desvalorar al niño

Decir “Eres malo, eres un bestia, etc” le desvaloriza, le humilla y le hace perder confianza en sí mismo. En su lugar, el adulto puede utilizar un lenguaje benevolente lleno de empatía:

“Eso no me conviene, no estoy de acuerdo en absoluto cuando te escucho decir/cuando te veo hacer… vas a aprender a hacerlo de otra manera/ vas a aprender a decir con palabras/ tú sabes pedir las cosas con respeto mientras me espero a que lo hagas…”

9 Frase incomprensible para el niño pequeño: “reflexiona sobre lo que acabas de hacer”.

A menudo, por debajo de los cinco años, el niño todavía no tiene la madurez cerebral para analizar sus actos, su comportamiento y tomar consciencia de ello.

10 Cuando el niño se enfada demasiado

Intentar encontrar las causas: ¿cuáles podrían ser sus necesidades no-satisfechas?

  • ¿Necesita más atención, que le escuchen más, más calma?
  • ¿Tiene hambre?
  • ¿Tiene alergia no-defectada, una pequeña infección, una enfermedad?
  • ¿Está cansado?
  • ¿Su alimentación es equilibrada (come demasiados productos azucarados o con aditivos que pueden generar comportamientos hiperactivos)?
  • ¿Tiene el suficiente espacio de libertad y de elección para experimentar su autonomía?

11 Solicitar la inteligencia y la creatividad de los niños, antes de que hayan momentos difíciles, como manera preventiva

Hablar tranquilamente con los niños, preguntarles lo que piensan de la situación tranquilizándoles sobre el amor, la confianza, expresando los sentimientos personales con mensajes:

“Me molesto contigo todas las mañanas. Cuando veo que no te das prisa, me preocupo, tengo miedo de que llegues con retraso al colegio y que te castiguen. Eso me estresa ya que los profesores pensarán que yo no sé educarte. Me gustaría que todo fuera mejor entre nosotros. ¿Cómo podríamos lograrlo los dos? ¿tienes ideas?”


No son los grandes discursos de moral los que transmiten estos valores al niño, sino lo que son y lo que hacen los adultos. Catherine Gueguen

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6 reacciones respetuosas ante las mentiras de los niños


En su libro Entre padre e hijo, el Dr Haim Ginott consagra varias páginas a las mentiras de los niños y propone estrategias respetuosas para hacerle frente. 

Nuestra estrategia acerca de la mentira, es muy clara: por un lado, no hemos de jugar al abogado ni exigir una confesión, ni transformar un incidente en un problema. 

1 Evitar los interrogatorios que provocan mentiras defensivas 

Las preguntas de cuyas conocemos las respuestas

 Los niños odian las preguntas trampa que les fuerzan a escoger entre una mentira incómoda y una confesión embarazosa. Los niños se dan cuenta cuando los padres les someten a un interrogatorio conociendo las respuestas. Por tanto, los niños se sienten tentados a responder con una mentira defensiva. 

Ginott aconseja evitar hacer preguntas de las que se saben las respuestas. Una actitud más constructiva y educativa sería describir las cosas en lugar de jugar al detective y al abogado. Por ejemplo, un padre que se encuentra un trozo de juguete roto que el niño quiso esconder, podrá decirle:

 He visto que tu camión nuevo se rompió, no duró mucho, es una pena porque te gustaba mucho jugar con él. 

Los porqués 

El porqué tiene tendencia a ser percibido como intrusivo y culpabilizador. Para los niños “porqué” corresponde a la desaprobación, a la decepción y al descontento de los padres. Las preguntas que empiezan con porqué menudo van acompañadas de reproches y de insinuaciones: ¿por qué has hecho esto? Significa ¿Cómo has podido hacer algo así tan estúpido? 

Faber y Mazlish escribieron: 

La pregunta porqué no hace más que añadir problemas. Además de su destreza inicial, deben ahora analizar la causa y proporcionar una explicación razonable. A menudo los niños no saben porqué se sienten de tal o cual manera. Otras veces, son reacios a hablar porque temen que su razón no sea suficientemente buena ante los ojos de los adultos (¿lloras por eso?). 

Por otro lado, el niño quizá no tenga ganas de que el adulto arregle su problema y no quiere comunicar sus razones. El niño hablará mas a un adulto que acoge y acepta lo que siente que a otro que le pregunta para obtener explicaciones o justificaciones. Presionar al niño con porqués le conducirá a decir nuevas mentiras. 

2 Negar los sentimientos y las emociones de los niños, es enseñarles a mentir 

Cuando un niño declara que odia a su madre o a su hermano, hay una explicación oculta que hay que encontrar. Es inútil responder al niño que no es verdad, que le quiere porque es su madre o su hermano y culpabilizarle reprochándole que diga tales cosas. El problema de negar los sentimientos y las emociones de un niño es que éste aprenda que puede ser peligroso decir la verdad, expresar sus sentimientos verdaderos. Cuando dice la verdad, toma el riesgo de ser negado o castigado. El niño puede tener la impresión de que más vale mentir y que los padres solo quieren escuchar verdades que les complacen. 

El niño se arriesga a no decir más como se siente verdaderamente y a solo decir lo que los padres quieren oír. La manera de actuar con un niño que se queja de que odia a una persona cercana puede ser que le haga reconocer su contrariedad: “Entonces no le quieres, ¿puedes decirme que ha hecho X para enfadarte? 

 Si queremos enseñar la honestidad, debemos estar dispuestos a escuchar las verdades amargas mucho más que las verdades complacientes. Si queremos que los hijos sean honestos, no hemos de animarles a mentir sobre sus emociones, sean positivas, negativas o ambivalentes. A partir de nuestras reacciones en las emociones que ellos expresan, es como los niños aprenden si la honestidad es la mejor opción o no. 

 3 Mentiras de los niños e imaginación: entender el significado real 

En su libro Él me busca de Isabelle Filliozat, explica que los niños no hacen diferencias entre lo real y lo imaginario como los adultos hasta los 7-8 años. Incluso pone en el mismo nivel de realidad a sus historias inventadas como a los hechos reales. Todo lo que no es cierto a los ojos de los padres no es obligatoriamente una mentira para el niño. Haim Ginott añade que los niños también mienten para procurarse mediante la imaginación lo que les falta en la realidad. Las mentiras son verdades sobre los miedos y las esperanzas de los niños. Si el padre ve la mentira de esta manera, podrá entender lo que el niño quisiera hacer/ser/tener. 

4 No mentir sobre nosotros para dar buen ejemplo 

Los niños aprenden por imitación, ellos nos observan. Nosotros somos modelos, queramos o no y aprenden mediante nuestro comportamiento cotidiano. 

5 Declaraciones compasivas más bien que preguntas de detectives 

Evocar y describir el problema sin dañar 

Es más útil describir lo que vemos o sabemos que presionar al niño con preguntas o tratarle de mentiroso. Simplemente podemos declarar sin acusar, simplemente evocando el tema: 
Veo que no has devuelto el libro
La profesora de matemáticas nos ha dicho que te has peleado.
Has cogido un euro de mi monedero. 

Compartir los sentimientos 

A continuación podemos evocar nuestros sentimientos: 

Esto me preocupa.
Me hubiera gustado que vinieras a hablarme. 

Explicitar las expectativas

 Igualmente es útil indicar lo que se espera: 

Estoy decepcionado por no haberme dicho que necesitabas un euro.
Si necesitas dinero, ven a hablarme.
Llegaremos a un acuerdo.
Espero que devuelvas lo que has cogido.
Quisiera saber cómo ayudarte. 

Guiar con respeto 

Guiar a un niño con respeto dándole informaciones sin lección moral le permite proteger su dignidad: El juguete no te pertenece, devuélvelo.
 Sé que te gustaría quedarte el juguete, el problema es que tu amigo/tu hermana quiere recuperarlo.
 Te gustaría tener el caramelo que has guardado en tu bolsillo pero hay que dejarlo en la estantería. Guardarlo es robar.
Esto pertenece a la tienda, y tiene que quedarse aquí. 

6 Proponer que repare

 Pedirle que repare, es decirle que crea en sí mismo, y que reconozca que es capaz de aportar algo positivo a la colectividad.

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Ejemplos: 4 situaciones en las que educar sin violencia


4 situaciones para mostrar ejemplos de cómo educar a los niños sin violencia, según la pequeña obra de Anne Van Strappen y Catherine Blondiau, Cuaderno de ejercicios de Comunicación no-violenta con los niños.

¿Cómo permanecer tranquilo ante un niño que se niega a cooperar?

Es importante crear un clima de confianza con los niños, que les lleve a comunicar sus estados de ánimo en lugar de actuar con éstos.

El objetivo de la comunicación no-violenta es favorecer la conexión y la armonía. Un niño que rechaza cooperar es un ser humano con emociones dolorosas y con necesidades no-satisfechas.
La comunicación no-violenta puede ayudarnos a permanecer tranquilos ante un niño que se niega a cooperar, a través de:

  •          La auto empatía: hacer una pausa, respirar, escuchar nuestras propias emociones que nos alertan de necesidades insatisfechas, ser consciente de los elementos de la historia personal que guían de manera inconsciente las reacciones excesivas.
  •          La afirmación: Imponerse para nuestras necesidades pero no contra el niño.        
  •      La empatía: acoger lo vivido y señalar con el dedo las necesidades del niño, estar preparado para ofrecerle lo que necesita.
  •       La apreciación positiva: decir gracias cuando se siente gratitud, señalar los momentos agradables, recordar los logros, y los comportamientos que respondían a las expectativas del pasado.


Cuando veis la belleza en el otro, ésta aumenta.

¿Qué hacer con un niño que miente?

Seguir viendo la belleza en el niño que miente, permite concentrarse en las emociones que siente y que son legitimas para él. Sus emociones alertan en sus necesidades no satisfechas que le conducen a actuar así.

Tomar consciencia de la rapidez de nuestros juicios y detenerlos, vinculándonos a los sentimientos/necesidades del niño ya modifica el ambiente, aunque no se pronuncie ni una palabra…

¿Qué hacer cuando un niño no quiere hablar?

No hablar, es una forma de comunicación: no se puede comunicar.

El hecho de no hablar es probablemente el síntoma de emociones dolorosas y de necesidades insatisfechas, ¿necesidad de protegerse? ¿necesidad de estar en confianza? ¿necesidad de conocerse mejor?

Nombrar las emociones y las necesidades en voz alta que siente el niño puede ayudarle a abrirse. La manera de lograrlo reside en el hecho de preguntar, proponer sin imponer: ¿te sientes…? ¿creo que estas…?

¿Qué hacer cuando un niño perturba la calma?

Aún seguimos necesitando empatía y comprensión de las emociones y de las necesidades del comportamiento del niño perturbador, lo que permitirá apaciguar los conflictos.

Un niño que se comporta mal no necesita estar separado de los miembros de su familia ni de su clase. Él necesita ser parado, y que se le indique otra dirección: “Nunca te dejaré pegar/insultar/romper/hacer daño/perturbar la clase. Puedes decir las cosas con palabras, di cómo te sientes y qué necesitas."

Un niño que se comporta mal tiene más necesidad de contacto con un adulto que se preocupe por él, que muestre empatía, que puede ayudarle a reconocer sus emociones y que le ayude a encontrar mejores soluciones para expresarse.

Tener un espacio para la mesa de la paz permite apartar al niño que no respeta la necesidad de calma de los demás sin excluirle ni aislarle.

Se podrá proceder en varias etapas:

  1.           Ofrecer empatía: “Entiendo tu necesidad de descargar tu energía, las clases son largas  y estás cansado, y sabes que por mi parte, necesito tranquilidad para enseñar."
  2.           Proponer una solución que convenga a todos: “Tengo la impresión de que necesitas tiempo para tranquilizarte. ¿Te iría bien ir a la mesa de la paz? Si quieres, puedo llevarte/acompañarte."


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Juegos para canalizar la agresividad de los niños


Favorecer el juego como alternativa a los comportamientos agresivos de los niños de 1 a 6 años

Sylvie Boucier escribió en su libro La agresividad en el niño de 0 a 5 años

Pedir a un niño que se quede inmóvil y que se porte bien, es negar su necesidad de actividad motriz y exutoria que le es necesaria. Es olvidar al niño para responder a la necesidad de tranquilidad de los adultos. La educación consiste en canalizar esta energía hacia actividades o gestos aceptables. El juego puede ser aplicado al servicio del desarrollo de habilidades sociales, se orientan las acciones de los niños hacia acciones lúdicas que permiten satisfacer sus necesidades e impulsos de manera aceptable. 

El juego será entonces una ocasión de moldear la agresividad, de moderar la impetú motor y dominar el gesto. Movilizar positivamente la energía del niño es posible. 

A los 1-2 años 

Los niños en esta edad deben encontrar satisfacción en los juegos de exploración (trasvasar, tocar, observar, manipular) y los juegos motores (saltar, correr, tirar, lanzar). 

A los 3-6 años 

Los niños de 3 a 6 años ejercen sus pequeños y grandes músculos en los mimos tipos de juegos, pero también en los juegos de construcción y de juego simbólico.











6 maneras de utilizar el juego para canalizar la agresividad de los niños 

1 Un niño tira del pelo a otro niño: Alternativa: ofrecer un peine para peinar a una muñeca. 

2 Un niño transporta objetos peligrosos: alternativas: proponer al niño que transporte objetos que no se rompan. Jugar a la mudanza con cajas y objetos que no utilizamos. Ofrecer al niño objetos que se rompen que solo sean para él como una tetera de porcelana. 

3 Un niño recorre la casa con patines o zapatos que su hermano no quiere prestarle. Alternativa: utilizar cajas de pañuelos como patines o como botas de astronautas. Proponer unos zapatos antiguos para deslizarse. 

4 Un niño golpea a los demás: alternativas: orientar el gesto hacia objetos que es posible golpear como tambor, xilófono, castañuelas. Ofrecer juegos que reproduzcan el gesto de golpear como el juego del martillo o actividades de bricolaje, de jardinería.

















5 Un niño juega con el agua en el lavabo o en la cocina: Alternativas: ofrecer al niño la posibilidad de jugar con el agua en un lugar reservado para este fin. Prolongar el tiempo del baño para responder a los deseos de explorar el agua.














 6 Un niño que grita en casa: alternativas: proponer al niño que juegue con su voz (tono y fuerza): susurra como si contases un secreto, ruge como un león, habla con voz cortada como un robot, ríe como Papá Noel. Rugir como un tigre cuando se juega en la calle. 

También se podrían utilizar estas alternativas con un niño que corre en un piso en el que hay vecinos debajo. Correr lo más rápido posible como un guepardo y con ruido con paso de elefante cuando se juega en la calle. Caminar como un astronauta en el piso con pasos como si se flotara deslizándose lentamente.






¿Jugar a los juegos de lucha es buena idea? 

Sylvie Boucier escribió: 

Aunque tales comportamientos parezcan que contienen un elemento de agresividad, es importante no confundirlos con una conducta agresiva. El juego combativo ofrece la posibilidad al niño de expresar emociones fuertes, practicar el autocontrol moldeando y refrenando sus gestos negociando roles. En la imaginación del niño, el juego de lucha toma forma simbólica.

 Sin embargo, es inútil negar que la lucha degenera cuando los niños se excitan demasiado. El rol del adulto es detener el juego y ayudar al niño a tomar consciencia de que eso ya no es un juego divertido cuando se hace daño o cuando se hace daño a los demás. 

 10 reglas a establecer en los juegos de lucha según el Dr. Cohen: 

  1. Velar por la seguridad de todos. 
  2. Aprovechar la menor ocasión de conexión. 
  3. Buscar la menor ocasión para acrecentar la confianza y la sensación de poder en el niño adversario. 
  4. No dejar pasar ninguna ocasión de regresar mediante el juego a heridas de hace tiempo. 
  5. Resistir al niño tanto tiempo como lo necesite, ni más ni menos. 
  6. Estar muy atento. 
  7. Dejar al niño que gane la mayor parte del tiempo. 
  8. Parar desde que alguien se hace daño. 
  9. Nada de cosquillas. 
  10. No dejar que nuestras propias emociones se interpongan. 


Sylvie Boucier nos alienta a jugar a juegos de alboroto con los hijos: 

No solamente ayudareis al niño a mantener su atención, a canalizar su energía y a compartir sus emociones con vosotros, sino que también tendréis el placer de cultivar un vínculo y de mantener el acercamiento descubriendo su mundo.
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