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Cómo favorecer la autodisciplina en los niños


Como decía María Montessori, la disciplina debe venir del interior:

El control del error que viene del exterior, genera la pasividad y crea una dependencia. Más vale que el niño no coja el hábito de ser corregido por alguien. Esto arriesga que se vuelva pasivo. A menudo vemos en las clases tradicionales, niños esperar, que hacen cola en fila india, para ser corregidos. Esto les hace perder el tiempo y rompe su ciclo de actividades. Mientras que una autocorrección les mantendría activos y estimularía su trabajo. 
Asimismo, las observaciones escritas con bolígrafo rojo indeleble puede dejar huella en el autoestima o desestabilizar la confianza en sí de un niño, sobre todo si es muy aplicado. No tendría que tratarse de si es correcto o falso, sino de ejercitarse, de perfeccionarse. Ciertamente, podemos señalar el error ¡pero es mejor hacerlo oralmente o con un lápiz y dejar la libre elección al niño. ¿Por qué rayar la imperfección? Tiene que ser considerada como una etapa hacia el éxito. El ejercicio es un intento, un entrenamiento, no una finalidad en sí. Cuanto mejor vivida sea la corrección, más suscitará el trabajo personal y motivará el doble de esfuerzo. El ser humano necesita sentirse seguro para aprender. Si se siente humillado o desanimado, esto puede bloquearle o frenar su confianza y su autoestima. Charlotte Poussin

Lo esencial es valorar los errores. Esta frase puede parecer paradoxal pero el secreto del éxito, es considerar los fracasos como trampolines hacia el éxito. Se tiene que valorar el trabajo independientemente de los resultados. El verdadero objetivo, es el trabajo interior. Si dejamos que el niño detecte su error, entonces su toma de consciencia es real y beneficiosa.

Material autocorrectivo

Es por esta razón que el material en la pedagogía Montessori ofrece al niño la posibilidad de tener el control de error.


En el post del ciclo de la rana, podéis ver un ejemplo de como hacer que las actividades sean autocorrectivas, poniendo un goumet detrás, escribiendo el resultado en la parte trasera, de manera que al girar la tarjeta el niño vea si lo ha hecho bien o no sin la intervención de nadie.


Expectativas sobre el ensayo, no en el resultado inmediato

Los educadores Montessori no esperan a que los niños de golpe hagan bien una actividad. Lo que es importante es la manipulación y la práctica (no el resultado ni la perfección).


Precauciones con al alentar

Una vez que el éxito llega, es mejor incitar al niño a felicitarse y a estar contento por sí mismo (más bien que decirle cumplidos, halagarle, etc).

El problema con los cumplidos exteriores es que pueden crear una dependencia a la aprobación exterior que conduciría a que el niño trabaje para recibir felicitaciones constantemente y el reconocimiento exterior lo que podría hacerle sufrir si no los recibiera y se lo tomaría como un reproche o como muestra de su incompetencia.

Alentar de forma eficaz:

  • La descripción objetiva de lo que nosotros vemos (veo, observo, destaco, tu has hecho…)
  • La descripción objetiva del proceso, del trabajo, de los esfuerzos (esto te ha exigido mucho esfuerzo y trabajo, y has conseguido…, era difícil y has conseguido tu objetivo, este éxito representa meses/días/horas dedicadas a…)
  • La expresión de lo que sentimos (estoy emocionada cuando…, me encanta en especial… porque…., me hace feliz ver que… me siento…)
  • La incitación a la automotivación (tienes que estar contento de ti, debes sentir satisfacción…)


Se tiene más influencia en el comportamiento de los niños, y de manera más positiva, actuando en la periferia del niño en lugar de hacerlo en el niño de manera directa. Charlotte Poussin

El mensaje se recibe mejor cuando es sugerido o propuesto y no cuando es impuesto. Cuando un niño se siente respetado en su dignidad y en su integridad, no trata de desviar una consigna, o lo hace mucho menos. Cuando se propone un ambiente adaptado, estimulante, que favorece la autonomía, el niño puede concentrarse y centrarse. La calma viene de la concentración


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El material científico Montessori



El material científico es una extensión del material basado en el material sensorial y la vida práctica. Hace referencia al sentido visual y a la observación de los fenómenos físicos. Responde a los periodos sensibles como todo material Montessori de 3 a 6 años (periodos del movimiento, del orden, del refinamiento sensorial, del lenguaje y de lo social). 

Es un material que debe tener un lugar preciso en el ambiente. Tiene que ser completo, estético, en un solo ejemplar, preciso y obedecer a las leyes de la naturaleza. El objetivo directo de este material es observar un fenómeno físico de manera sensorial. El niño siente la experiencia. El objetivo indirecto es el desarrollo de la concentración, del refinamiento del movimiento, la confianza, el autoestima, y la independencia. El control del error es lo que da ganas de perfeccionarse. Cuando la experiencia de ciencia no funciona, ello puede dar ganas de empezar de nuevo. 

Hay 13 experiencias que preparan a las que se harán con 6-9 años. 

La presentación 
  1. Exactitud y armonía de gestos.
  2.  Es la armonía de nuestros gestos lo que capta la atención del niño. 
  3. Mostrar su maravilla. 
  4. Tomar el tiempo de observar con el niño. 
  5. Dejar al niño que haga su propia manipulación, su propia experimentación después de nuestra presentación. 
  6. No fijarse en el éxito de la experiencia. 
  7. Distinguir la manera de actuar y conducir los menores gestos del niño. 
  8. Enseñar (presentar) y enseñar (presentando)… y no corrigiendo. 
  9. No dar jamás ninguna explicación sobre los fenómenos. 
  10. En la base del enfoque científico, encontraremos la observación. 
  11. El niño constata por sí mismo. 
  12. Desarrolla su mente de búsqueda. 


 María Montessori decía: “Unir cada fundamento de una disciplina con los periodos sensibles, es lo mismo que preparar en la personalidad, las aptitudes que predisponen a entender. Es depositar las semillas permanentes del interés en la inteligencia”. 

El objetivo de las experiencias científicas es hacer descubrir al niño el mundo en el que vive. Hay que ofrecerle la posibilidad de explorar este mundo dándole las herramientas.

















































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¿Cómo Montessori fomenta la resiliencia?



Fomentando la resiliencia en los niños 

La vida está llena de desafíos y obstáculos que pueden hacer que los niños se sientan abrumados y frustrados. Todos experimentamos una variedad de factores estresantes en nuestra vida cotidiana, y los niños no son una excepción. Tropezar y caer en el patio de recreo, hacer la transición a una nueva escuela o no poder completar un rompecabezas o una actividad, son ejemplos de dificultades que nuestros hijos pueden experimentar en sus primeros años. Si queremos que nuestros hijos aborden los desafíos y cambien con positividad y confianza, debemos enseñarles a desarrollar resiliencia. La construcción de resiliencia proviene del desarrollo de habilidades sociales y emocionales, que incluyen habilidades de afrontamiento. Al desarrollar las habilidades asociadas con la resiliencia, los niños aprenden a ser más felices y comprenden que pueden enfrentar cualquiera de los desafíos de la vida. 

 ¿Qué es la resiliencia? 

La resiliencia es la capacidad de abordar los desafíos de la vida con optimismo y confianza con las habilidades propias para recuperarse y prosperar. Todas las personas nacen con la capacidad de resiliencia, no es algo que algunas personas tengan o no tengan. En cambio, la resiliencia es algo en lo que todos trabajamos a lo largo de nuestras vidas. 

 ¿Por qué es importante la resiliencia? 

Los niños resilientes se convierten en adultos resilientes. Las personas que poseen resiliencia no se detienen en los fracasos. En su lugar, reconocen situaciones difíciles, aprenden de cualquier error, resuelven problemas con confianza y avanzan con positividad. Las personas resilientes suelen ser más sanas y felices, experimentan niveles más bajos de depresión y disfrutan de un mayor éxito en la escuela y el trabajo. 

 ¿Qué construye la resiliencia? 

Los niños necesitan tanto apoyo externo como fuerza interior para desarrollar resiliencia. El apoyo externo, como las relaciones de cuidado y los modelos positivos, juega un papel importante en la enseñanza a los niños de que están seguros, amados y aceptados. Las habilidades de fortaleza interna, como la autorregulación, el pensamiento crítico, la confianza, la positividad y la responsabilidad, les enseñan a los niños que son capaces de enfrentar situaciones difíciles. 

 ¿Cómo Montessori fomenta la resiliencia? 

Montessori cultiva una cultura de resiliencia al fomentar la idea de que los niños son aprendices capaces, que pueden hacer y pensar por sí mismos. En el aula Montessori, esto se puede ver a través de un enfoque en la independencia y la autocorrección. Si un niño derrama una bebida, se le recomienda que la limpie. Si no pueden completar una actividad, se les recomienda que intenten nuevamente cuando estén listos para el desarrollo. Al permitir que los niños resuelvan los problemas ellos mismos, en lugar de eliminarlos, Montessori les otorga la confianza que necesitan para recuperarse de accidentes o decepciones. 

 Tres maneras de enseñar a los niños resiliencia 

Independencia 

Anima a tu hijo a probar cosas nuevas que le interesen, como escalar en el parque o llevar su propio vaso de agua. No tengas miedo de dejar que pruebe cosas nuevas, incluso si crees que pueden ser demasiado difíciles para él. Los niños aprenden mejor a través de la práctica.

Para fomentar la independencia: 
  1. Adopta el concepto Montessori de "Ayúdame a hacerlo yo mismo". Cuando tu hijo esté luchando con una tarea, como atarse los zapatos, resiste el impulso de hacerlo por él. Acepta que tu hijo no entenderá las cosas bien la primera vez o la segunda, y que aprender a ser independiente es un proceso que fomenta la capacidad de recuperación. 
  2. Dar tiempo. Aprender a ser independiente requiere tiempo y paciencia. Si tu hijo tarda 20 minutos en vestirse, empieza su rutina matutina 20 minutos antes. Es importante permitir tiempo adicional en tus rutinas diarias para adaptarse a las habilidades emergentes de independencia de tu hijo.
  3.  Identificar oportunidades de independencia. Crea una lista de cosas que tu hijo pueda hacer por sí mismo. Los ejemplos pueden incluir: lavarse los dientes, elegir su atuendo, ponerse los zapatos, ordenar sus juguetes o poner el plato en el fregadero. Pregúntale a tu hijo qué tareas cree que puede asumir. Abrazar la independencia de tu hijo es probable que aumente su disposición a probar cosas nuevas. 


 Conciencia emocional 

Enfrenta las rabietas y los arrebatos emocionales como oportunidades de aprendizaje para ayudar a tu hijo a identificar y comprender sus emociones. Utiliza tres pasos para ayudar a manejar el comportamiento difícil: 

  1.  Captura cualquier pensamiento negativo y vergonzoso: el comportamiento de tu hijo no es un reflejo de su crianza. En cambio, es una demostración de su desarrollo de habilidades de regulación emocional y conductual. 
  2.  Enfoca la situación con paciencia y empatía: respira profundamente tres veces y piensa en la situación actual desde la perspectiva de tu hijo. ¿Cuál es la causa probable de su comportamiento y cómo se siente? ¿Está hambriento, cansado, celoso?
  3. Reflexionar y resolver problemas. Utiliza la situación actual como una oportunidad de aprendizaje para abordar la causa detrás de su comportamiento. Hablar con él sobre las emociones de tu hijo y validar sus sentimientos, lo alentará a que se comprenda y exprese, maneje una amplia gama de emociones y pida ayuda cuando sea necesario. 


 Confianza 

Ayudar a los niños a ganar confianza se hace mejor a través de relaciones de cuidado, afirmaciones positivas y apoyo continuo. Las actividades que fomentan la confianza incluyen: 

  1. Modelo de resiliencia. Una o de las primeras maneras en que los niños aprenden sobre la resiliencia es de sus padres. Cuando los padres afrontan bien el estrés en su vida cotidiana, están mostrando a sus hijos cómo hacer lo mismo. Para modelar la resiliencia, aborda las situaciones difíciles con paciencia y con una actitud positiva. 
  2.  Anima a tu hijo a seguir intentándolo cuando una tarea es difícil o frustrante. Usa un lenguaje positivo sobre las tareas difíciles y anima a tu hijo a ver los desafíos como oportunidades para desarrollar nuevas habilidades. 
  3. Muéstrale que los errores no son malos. Todos cometemos errores, lo importante es que aprendamos de ellos para la próxima vez. Anima a tu hijo a ver los errores como oportunidades para resolver problemas de una manera diferente. 
  4. Señala activamente las fortalezas de tu hijo. Charla y anima a tu hijo a desarrollar sus fortalezas, así como sus limitaciones. Estas afirmaciones positivas se convertirán en la "voz" de la mente del hijo. Escuchar la positividad ayuda a los niños a desarrollar una voz interior positiva.



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Imprimible: El femenino y el masculino Montessori



En Montessori todo se trabaja de forma concreta, sencilla y directa. Así los niños lo entienden mejor y lo aprenden más rápido. El femenino y el masculino se enseña en forma de tarjetas que son recortadas y plastificadas, el niño que ya sabe leer y que ha utilizado las series rosa, azul y verde, puede realizar esta actividad.

Se emparejan por femenino y masculino, siempre con el artículo delante, el/la y un/una. De esta manera también nos adentramos en la gramática. Asimismo el niño trata la construcción de frases que le servirá para escribir mejor, leer mejor y para hablar mejor en el caso de que tenga dificultades en el lenguaje.

El pdf se puede descargar aquí y es gratuito. Hay una hoja de auto corrección donde se encuentran las imágenes de las palabras para que el niño confirme si es femenino o masculino.








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Las etapas del desarrollo en Montessori


María Montessori distinguió cuatro periodos de crecimiento en los seres humanos:

  •         La infancia (de 0 a 6 años): la edad de la conciencia sobre sí mismo.
  •          La niñez (de 6 a 12 años): la edad moral.
  •           La adolescencia (de 12 a 18 años: la edad social.
  •           La madurez (de 18 a 24 años): la edad política.

Para María Montessori, el desarrollo del ser humano no es lineal, se asemejaría más bien a un ciclo de transformaciones, con algunas metamorfosis, nuevos nacimientos, tanto físicos como psíquicos. Estos periodos de crecimiento se siguen entre sí sabiendo que cada uno está preparado por el anterior. La infancia y la adolescencia son consideradas como las dos más importantes en términos de transformaciones físicas y psicológicas: el niño multiplica los logros en esas dos etapas. La infancia es esencial ya que representa un tipo de depósito en el que la persona pone recursos para toda la vida.


La infancia (0-6 años): adquisición de las características humanas y la construcción de la personalidad

El pequeño, salido del vientre de su madre, todavía no se ha desprendido, María Montessori

Harán falta años para que el niño pequeño pueda construirse como individuo. Su identidad se construye poco a poco hasta el día en el que diga “yo”, entre los 2 y 3 años. Luego se consolida de 3 a 6 años. El individuo SE construye.

El bebé es el actor de su propio desarrollo y la mente absorbente es la herramienta. La mente absorbente es la principal característica del infante: la de absorber todo lo que le rodea. Este estado mental le permite asimilar sus experiencias y construirse integrándolas. Gracias a la mente absorbente, el niño integra profundamente las nociones que le conducirán a la abstracción. Progresivamente se hace consciente a partir de los 3 años. El niño construye su personalidad en función de lo que le ofrece o rechaza su ambiente.

La infancia está caracterizada por:
  • La necesidad de protección  y de rutinas.
  • Los periodos sensibles.
  • La mente absorbente (inconsciente de 0 a 3 años y consciente de 3 a 6 años).
  • La construcción de los movimientos coordinados hasta los 3 años y el refinamiento de la motricidad fina (de 3 a 6 años).
  • El desarrollo del lenguaje.
  • El descubrimiento del alrededor.
  • El encaminamiento hacia la independencia, el ejercicio cada vez más desarrollado de la voluntad y de la autonomía.
  • La toma de conciencia de la indivualidad.
  • La exploración sensorial y la observación apasionada (cuando pregunta ¿qué es? ¿Cómo se hace?)
  • El paso de “ayúdame a ser yo mismo” de 0 a 3 años a “ayúdame a hacerlo por mí mismo” de 3 a 6 años.





La niñez (de 6 a 12 años): ayúdame a pensar por mí mismo

Este periodo es más tranquilo que el de la infancia. El niño consolida sus aprendizajes anteriores. De 6 a 12 años, el niño pasa de la mente absorbente a la mente comprensiva. El niño de 6 a 12 años razona y cuestiona sin cesar, y se construye:

  • Socialmente: como miembro de una colectividad, busca la compañía de sus iguales (más que la de otros adultos). Le gusta estar con sus amigos y actuar en grupo.
  • Moralmente: desarrolla una consciencia necesaria para la vida social y comunitaria. Tiene un gran sentido de la justicia y quiere distinguir lo que está bien de lo que está mal. Se hace preguntas sobre lo que es aceptable o inaceptable.
  • Desde el punto de vista de la imaginación: la imaginación le permite acceder a lo que no es visible o directamente percibido por los sentidos. Esta facultad creadora le permite educarse abstractamente.
  • Culturamente: el niño adquiere su cultura.
  • Intelectualmente: el niño se interesa en todo e intelectualmente tiene la capacidad de acceder a mucho más de lo que nos pensamos.

El niño pasa del “yo” al “nosotros”, y es capaz de descentrarse de sí mismo y dirigirse hacia el mundo. María Montessori califica al niño de 6 años como “un recién nacido social”. La pedagogía Montessori influye al niño en la Historia: la historia de la Tierra, el lenguaje y las matemáticas. Incluyéndole de esta manera, notablemente en Las grandes lecciones, se le hace consciente de lo que debe a quienes le precedieron. Se le hace asimismo, responsable de la continuación de la Historia.

La niñez está caracterizada por:
  • El desarrollo de la consciencia social (necesidad de vivir en grupo).
  • El desarrollo de la consciencia moral (sentido de la justicia).
  • El desarrollo de la capacidad de abstracción.
  • La exploración de un universo mucho más amplio ( preguntándose ¿por qué? ¿cómo?) 



La adolescencia (de 12 a 18 años): ¿quién soy?

La adolescencia es un periodo de gran transformación física y psíquica. Los adolescentes están en búsqueda de una nueva identidad: después de haber adoptado los valores de su entorno, los reconsideran y los cuestionan. A menudo es un tiempo de reivindicaciones, que pueden crear conflictos.

Charlotte Poussin comenta: Se trata de un periodo de crisis en el sentido etimológico del término, que viene del griego krisis, que significa separar, distinguir, o elegir. No se trata necesariamente de una crisis con el sentido de que hayan tensiones y dificultades.

María Montessori preconizaba que se ofreciese a los adolescentes una gran independencia, una buena calidad de presencia y un contacto esencial con la naturaleza.

La adolescencia está caracterizada por:
  • Grandes cambios físicos y fisiológicos.
  • Una gran sensibilidad por los demás y por nobles causas.
  • La necesidad de encontrar su sitio y sentirse valorado.
  • Sensibilidad respecto a los demás.
  • Necesidad de sentirse autónomo y capaz de producir
  • La necesidad de libertad y de límites.



La educación:  una ayuda para la vida

María Montessori consideraba que el niño tenía un gran potencial y que, si era respetado, se desarrollaría. Entendemos la importancia de tener en mente las grandes etapas del desarrollo de los niños para proponerles una ayuda, un ambiente, materiales, condiciones de trabajo y actividades adaptadas. En la pedagogía Montessori, las actividades sensoriales y de vida práctica son propuestas de 3 a 6 años, pero no a los 6-12 años. Los niños de 3-6 años aprenden mejor mediante la experiencia individual mientras que los niños de 6-12 años pueden aprender en grupo.

Para María Montessori, cuando las necesidades de cada niño son tenidas en cuenta, el niño cultiva:
  1. El amor por sí mismo y por los demás.
  2. La empatía y la ayuda entre sí.
  3. La concentración.
  4. La autodisciplina.
  5. El gusto por la realidad y una conciencia despierta (respecto a la naturaleza, la Historia…)
  6. La capacidad de elegir, de crear y de tener iniciativas.
  7. La autonomía y la independencia.
  8. La alegría de aprender.

Libro recomendado: Montessori explicado a los padres



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Criar niños independientes con Montessori


Criar hijos es uno de los roles más desafiantes y gratificantes. Algunos días son más desafiantes que otros; sin embargo, los resultados son muy valiosos. Después de todo, ¿qué es más satisfactorio que ver a los hijos crecer y convertirse en niños felices y seguros que tienen poder y capacidad de recuperación? 

Con el rápido ritmo de la vida moderna, es fácil perder de vista lo importante que es enseñar a nuestros hijos a hacer las cosas por sí mismos. En los días que llegamos tarde al colegio, es más fácil preparar la mochila por nuestros hijos, vestirles y atarles los zapatos. La prisa de lo cotidiano da paso a la paternidad dependiente, que es el enemigo de la independencia en ciernes. 

Para enseñar a nuestros hijos e hijas a ser alumnos seguros e independientes, es importante adoptar la filosofía Montessori de: "Enséñame a hacerlo sin tu ayuda". En el aula Montessori, esto se refleja en el entorno preparado, que abarca el concepto de libertad de elección dentro de los límites. En un aula Montessori, los estudiantes tienen la libertad de moverse por la sala, pasar de una actividad a la siguiente y elegir su propio trabajo. Suena como una receta para el desastre, ¿verdad? 

En un entorno típico de aprendizaje temprano basado en el juego, esta libertad llevaría a los niños a correr, no prestar atención a las instrucciones del maestro y dañar los materiales de aprendizaje. Este no es el caso con Montessori. La magia del entorno preparado por Montessori reside en las reglas no escritas, los "límites" que gobiernan este espacio de aprendizaje. A los niños se les proporciona libertad; sin embargo, deben trabajar de manera constructiva, respetar a sus maestros y compañeros, y participar en el cuidado de su entorno. 

Con el tiempo, esto establece un maravilloso sentido de comunidad en el aula, que fomenta la independencia, la creatividad, la comunicación abierta, las habilidades para resolver problemas y, sobre todo, un lugar donde a los niños les encanta aprender. 

Para fomentar la independencia en el hogar, es aconsejable comenzar con la introducción de opciones limitadas y permitir que el hijo construya su independencia poco a poco. Un ejemplo de la introducción de opciones limitadas sería preguntarle a tu hijo: "¿Te gustaría limpiar tus juguetes antes o después de la cena?" o "¿Hoy te gustaría ponerte el jersey azul o amarillo?" 

Al introducir opciones limitadas, estás permitiendo que tu hijo practique la toma de decisiones independientes, sin abrumarlas. Después de todo, la toma de decisiones es un trabajo duro. Del mismo modo, puedes animar a tu hijo a comenzar a practicar las habilidades de la higiene personal. Esto puede incluir cepillarse los dientes, mientras que al principio supervisas sus esfuerzos, o que preparare su mochila a medida que crece. 

La mejor manera de determinar cómo puedes implementar actividades de desarrollo de independencia es observar a tu hijo y sus intereses. ¿Has notado que te observa atentamente mientras realizas una actividad doméstica o de higiene personal en particular? Esto puede ser una señal de que está listo para asumir una nueva responsabilidad. La independencia no aparece de la noche a la mañana, pero es una inversión invaluable en el futuro del hijo. La próxima vez que tengas prisa, recuerda que permitirle a tu hijo esos cinco minutos adicionales, puede marcar una diferencia increíble para su futuro.

Los niños pequeños, desde el momento en que son destetados, avanzan hacia la independencia. María Montessori


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El período simbiótico según el enfoque Montessori




Las primeras semanas después del nacimiento, un período de simbiosis 

La simbiosis, ese período después del nacimiento: donde el bebé tiene tiempo para adaptarse a vivir fuera del útero donde nos conocemos, y nos desenvolvemos un poco en el mundo exterior para enfocarnos en desarrollar los apegos importantes para que podamos convertirnos en una unidad familiar. Esto no solo es valioso para el primer hijo de la familia, sino con la incorporación de cada miembro de la familia. 

¿Qué es la simbiosis? 

La palabra simbiosis significa "una vida juntos". Una relación simbiótica de beneficio mutuo es cuando dos organismos dependen unos de otros y ambos se benefician. Por ejemplo; el coral y las algas tienen una relación simbiótica mutuamente beneficiosa: el coral proporciona refugio a las algas, a las algas les da su color a los arrecifes de coral y les proporciona nutrientes a ambos organismos.

 Entonces, ¿cómo se aplica esto a la unión con el hijo al nacer? En Montessori, nos gusta pensar en las primeras 6-8 semanas de la vida del bebé como un período de simbiosis. Damos la bienvenida al bebé en nuestro hogar, en nuestras vidas. Nos adaptamos al bebé, y al bebé a nosotros. 

La vida simbiótica con un recién nacido 

Después del nacimiento, el bebé depende de los padres para la alimentación y el cuidado. La madre proporciona el alimento perfecto para el bebé y, a cambio, la alimentación ayuda a contraer el útero de la madre. Coger al bebé también ayuda a la madre a reemplazar la sensación de barriga vacía donde fue cobijado el bebé. El padre también es visto como una parte importante de la relación simbiótica, como protección y para el cuidado físico de la unidad familiar. 

 Vinculación 

 Tocamos y cogemos a nuestro bebé y le miramos a los ojos para conocernos mejor. Durante la lactancia, esta unión con la madre se desarrolla aún más. El padre también puede vincularse con el niño a través del tacto, el olfato, mediante formas auditivas y visuales: durante las actividades diarias de cuidado, así como cantando, con sonidos y con la conversación. 

 Confianza. 

 El bebé aprende a confiar en el mundo exterior satisfaciendo sus necesidades, manteniéndonos cerca y teniendo un contacto físico cálido. Además, las voces de sus padres proporcionan un punto de referencia que reconoce desde el útero. Los movimientos suaves al vestir, cambiar, bañar y cuidar al niño, le genera confianza en el mundo y también le ayuda a crear una imagen de su esquema corporal. 

Algunos consejos durante el período simbiótico 

 El autocuidado de los padres durante el período simbiótico es muy importante. Esto puede ser más difícil cuando vivimos lejos de la familia o si no vivimos en tribu. Pide a tus amigos, a las familias de la escuela, a tus propios padres o incluso a tus vecinos que te ayuden a preparar las comidas, a que te ofrezcan ayuda para limpiar o para cuidar a los niños mayores. 

 No es necesario hacer muchas salidas en estas primeras semanas. El bebé aún se está adaptando al mundo exterior y en el hogar podemos ajustar el ambiente para que sea sensible a esto; ajustamos la temperatura para que sea un poco más cálido en los primeros días y las luces un poco más tenues. 

En Montessori se recomienda utilizar un topponcino al coger al bebé en estas primeras semanas para evitar que el bebé se sobreestimule. El topponcino es como una pequeña colcha que se puede colocar debajo del bebé y absorberá parte de la estimulación que el bebé recibirá al estar allí y que también absorbe el aroma del bebé y de los padres, convirtiéndose en un punto de referencia para el bebé. 

 Después del período simbiótico 

 Al final de las 6-8 semanas de vida simbiótica, a menudo vemos que el niño ya es muy diferente: comienza a mirar alrededor suyo mientras come; está tomando conciencia de los sonidos, de otros miembros de la familia y "del mundo exterior"; y tiene una conciencia creciente de sí mismo. Empezará a explorar desde este lugar de partida seguro hacia el mundo más amplio. En este momento es cuando se consolida la mejor base. 

 "Desarrollar el tipo correcto de apego durante el período simbiótico allana el camino para el desprendimiento natural y el nacimiento psicológico". - Dr. Montanaro, Un ser humano


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Montessori y la crianza con apego



 El primer principio: la preparación para el embarazo, el parto y la crianza de los hijos. Hay que prepararse emocional y físicamente para el embarazo y el parto. Se tiene que investigar las opciones disponibles en los hospitales e informarse de los cuidados y la rutina del recién nacido. Una misma se tiene que educar continuamente sobre las etapas de desarrollo de la niñez, luego se establecen expectativas realistas y se permanece flexible. 

El enfoque Montessori para la crianza de los hijos también se enfoca en preparar la llegada de un nuevo hijo de manera reflexiva y cuidadosa. Se prepara un ambiente hogareño acogedor para el recién nacido, y se prepara para un parto lo más cercano posible a lo ideal (parto natural, sin epidural, no intrusivo y tranquilo). Las asistentes Montessori pueden dar indicaciones para poder preparar correctamente el hogar y pueden acompañar las primeras semanas para enseñar las rutinas y cuidados del bebé. 

El segundo principio: alimentar con amor y respeto. La lactancia materna es la forma óptima de satisfacer las necesidades nutricionales y emocionales de un bebé. Montessori también reconoce que la lactancia materna es a demanda, particularmente en el período simbiótico, es una parte importante para ayudar al bebé a desarrollar una confianza fundamental en el mundo. El período sensible para el destete comienza entre los 5 y 6 meses. Como siempre, el período sensible está marcado por varios signos de preparación que pueden ser diferentes en cada niño. Quienes aplican Montessori reconocen la necesidad de estar en sintonía con las necesidades individuales de cada niño en el momento del destete, y la importancia fisiológica y psicológica del proceso de destete. 

El destete marca el comienzo de un proceso de separación de la madre, a medida que el niño toma consciencia de su independencia y de su yo como una entidad separada. Cuando el niño puede sentarse, muestra interés en comer la comida que come su familia y empieza la dentición, está listo para iniciar el proceso de destete. Si se toma el cuidado de introducir alimentos sólidos de una manera positiva alentando la independencia del niño, él tomará el paso natural de disminuir y eventualmente suspender la alimentación de leche sin la necesidad de que el proceso sea determinado arbitrariamente por el adulto. 

La necesidad de la madre se reemplazará naturalmente con el deseo de independencia del niño, si se propician los primeros pasos del niño hacia la autonomía. Anne McNamara escribió en un artículo: Los Montessorianos tienen que protegerse de la influencia en nuestra sociedad de sentirse preocupados por liberar a la madre del bebé en lugar de permitir que el bebé se libere de la madre. Las madres necesitan apoyo para que sus bebés puedan determinar cuándo y por cuánto tiempo necesitan amamantar. 

 El tercer principio: responder con sensibilidad. Construye los cimientos de la confianza y la empatía desde la infancia. Sintoniza lo que tu hijo te está comunicando, luego responde de manera consistente y apropiada. No se puede esperar que los bebés se relajen solos, necesitan padres tranquilos, cariñosos, empáticos para ayudarles a aprender a regular sus emociones. Responde son sensibilidad a un niño que está sufriendo o expresando emociones fuertes, y comparte su alegría. La importancia de esta crianza sensible se destaca en el énfasis de Montessori en las primeras semanas de vida. 

Las asistentes Montessori de la infancia ayudan a los padres a convertirse en observadores astutos de sus bebés, y a su vez a poder responder a las comunicaciones de las necesidades de sus bebés de manera adecuada. La crianza sensible en un hogar Montessori requiere que los padres aprendan a negociar la línea fina entre ofrecer ayuda y convertirse en el sirviente del niño. Los padres aprenden a ver a sus hijos primero, antes de intervenir apresuradamente, para que puedan determinar exactamente qué tipo de ayuda ofrecer al niño para que sus necesidades puedan satisfacerse, sin socavar su creencia en sí mismo como persona competente y capaz en su derecho propio. 

La doctora Montessori, dijo que el adulto actúa como un apoyo necesario para el niño que después de haber perdido el control de sí mismo por un momento, necesite un fuerte apoyo al que pueda aferrarse. 

 El cuarto principio: el contacto cálido. El contacto satisface las necesidades de un bebé, con el contacto físico, el cariño, la seguridad, la estimulación y el movimiento. El contacto piel a piel es especialmente efectivo, como durante la lactancia, el baño o el masaje. Llevar en brazos o en portabebé también se satisface esta necesidad. Los abrazos, el acurrucamiento, el masaje, y el juego físico ayudan a satisfacer esta necesidad en los niños. 

La doctora Silvana Montanaro escribió sobre la importancia de tocar en su libro “Entendiendo al ser humano”. Ella dijo sobre el período simbiótico (las primeras semanas de la sexta a la octava después del nacimiento): el contacto corporal en la posesión le transmite al niño la aceptación y la actitud de la madre, y puede brindar una gran tranquilidad que facilitará el paso al nuevo entorno. El niño puede entender a través de experiencias repetidas y directas con una madre amorosa, que el mundo externo responde rápidamente a sus necesidades de contacto, estimulación y alimentación. Siempre hay una respuesta a su llamada y él puede confiar en su alrededor, como lo representa la madre. 

También, destaca la importancia del niño: coger adecuadamente debe transmitir al niño nuestra alegría por la intimidad entre los dos, además del amor, respeto y admiración por su ser. Sin embargo, advierte contra la decisión de restringir los movimientos de un niño. Destacando que los niños que tienen libertad de movimiento desarrollan una fe básica en uno mismo, confianza en sí mismos, el sentido de independencia y autonomía, así como persistencia y alta autoestima. De modo que los padres Montessori deben reconocer que la necesidad de contacto con el niño debe equilibrarse con su necesidad de libertad de movimiento. Esto requiere una crianza sensible y el deseo de seguir al niño, no colocar las necesidades del adulto por encima de las del bebé en desarrollo. 

Llevar en brazos a un bebé y dedicarle tiempo en tu propio espacio nunca debe superar a lo demás, sino que debe ser equilibrado y ofrecido de acuerdo con las necesidades del bebé, que se comunicará fácilmente. La clave está en comprender y responder correctamente a sus comunicaciones. 

El quinto principio: garantizar un sueño seguro, física y emocionalmente. Los bebés y los niños tienen necesidades en la noche tal como lo hacen durante el día, desde el hambre, la soledad y el miedo, hasta sentir demasiado calor o frío. Dependen de los padres para tranquilizarles y ayudarles a regular sus emociones intensas. Las técnicas de entrenamiento del sueño pueden tener efectos fisiológicos y psicológicos perjudiciales. El dormir con seguridad tiene beneficios tanto para los bebés como para los padres. María Montessori, tuvo clara la necesidad de proporcionar al bebé una cama a ras del suelo donde pueda recostarse, y levantarse como desee. Sus pensamientos sobre dormir juntos no estaban expresados explícitamente. 

 Mary Matthews, una asistente Montessori de la infancia, escribió en un artículo: Un colchón en el suelo permite que el bebé se mueva libremente por la cama y entre la cama y el suelo. Si el niño necesita a sus padres, puede llamarles o buscarles. El niño que ha disfrutado de la simbiosis confía en que sus padres responderán si los necesita. El niño que duerme haciendo colecho, necesita la presencia de la madre o del padre para dormir cómodamente. Esta dependencia creada no ayuda. Mi opinión es que si al niño se le da la libertad de movimiento proporcionada por una cama en el suelo, y luego decide dejar esa cama para dormir en una cama compartida, esto refuerza la autonomía y libertad de decisión que deseamos cultivar colocando la cama en el suelo. 

 Anne McNamara indicó que no debemos centrarnos en si el niño duerme en su cama en el suelo o en la cama familiar, sino en el respeto por la libertad de elección del niño. 

 El sexto principio: proveer un cuidado consistente y cariñoso. Los bebés y los niños pequeños tienen una necesidad intensa de la presencia física de un cuidador consistente, cariñoso y sensible: idealmente un padre y una madre. Si es necesario que otra persona le cuide, elije un cuidador que haya formado un vínculo con el niño y que lo cuide de manera que fortalezca la relación de apego.

 El enfoque Montessori trata sobre el desarrollo del niño “completo”. Los padres Montessori necesitan crear ambientes que nutran cada aspecto del desarrollo de sus hijos. A menudo es más fácil enfocarse en el desarrollo intelectual, ya que esto involucra cosas que podemos ver y tocar: objetos de aprendizaje. Pero crear espacios seguros en los que se satisfagan las necesidades emocionales del hijo es vital para el desarrollo de relaciones sanas en el futuro. La doctora Jill Stamm dijo: el bebé depende biológicamente de tu capacidad de respuesta. Aunque nació con las capacidades de alegría, tristeza, miedo y muchos otros sentimientos, necesita ayuda para regular estos estados emocionales para que no abrumen su sistema. 

También debemos tener cuidado al reconocer que el proceso de separación es precisamente eso, un proceso. No sucede instantáneamente el primer día que sus padres están lejos de él. La separación vista a través de la filosofía Montessori tiene lugar en varios niveles, comenzando con el nacimiento, en los que el niño se separa del ambiente protegido del útero, y se une al mundo de la vida; destete, en el que se separa del pecho como fuente de alimento, y se adhiere al alimento de la familia y a la autoalimentación, movimiento, en el cual el niño se desliza, rueda, se arrastra, gatea y camina en pasos incrementales lejos de la madre, y se une al entorno inmediato del hogar, y el período de autoafirmación en el que el niño se declara autónomo y capaz de vivir independientemente. 

 El séptimo principio: practicar la disciplina positiva. Judi Orion, asistente Montessori de infancia dijo : lo que debemos tener cuidado aquí es no confundir esta necesidad de independencia y nuestro deseo de que sean independientes, con su necesidad simultánea de ser nutridos. El hecho de que puedan hacer cosas no significa que no necesiten cuidados. A veces empujamos la independencia a costa de la crianza. Creo que siempre necesitamos mantener un equilibrio. La disciplina positiva ayuda al niño a desarrollar una conciencia guiada por su propia disciplina interna y compasión por los demás. 

Una disciplina empática, cariñosa y respetuosa fortalece la conexión entre padres e hijos. En lugar de reaccionar al comportamiento, descubre las necesidades que conducen al comportamiento. Comunicar y crear soluciones juntos manteniendo intacta la dignidad de todos. La doctora Montessori habló muy elocuentemente sobre el tema de la disciplina. Su idea de disciplina no era la de una condición externa impuesta al niño desde el exterior, sino que es un estado natural que crece y se desarrolla desde el interior del niño, como cualquier otra conquista del desarrollo en la infancia. 

Según la teoría de Montessori, hay tres etapas en el desarrollo de la autodisciplina. La primera etapa es cuando el niño solo es capaz de obedecer los impulsos internos que lo impulsan, incluso si lo ponen en desacuerdo con los que le rodean (como cuando un bebé continúa tocando algo aunque se le haya dicho no varias veces). El bebé no está siendo deliberado en su “desobediencia”, simplemente está haciendo lo que él cree que lo impulsa a hacer. Explora su entorno aunque sus actos no coincidan con las peticiones de sus padres. 

La segunda etapa es cuando el niño es capaz de suprimir su impulso interno para cumplir con una solicitud externa, es decir, es mayormente capaz de hacer lo que se le pide, ya que su deseo de ser parte del grupo social anula sus impulsos instintivos. 

La tercera etapa es cuando el niño obedece alegremente. Él ha transcendido el estado de desarrollo en el que obedece debido a una solicitud externa: hace lo correcto porque es correcto, no porque alguien le haya dicho que lo haga. Esta etapa de disciplina solo se alcanza bajo un conjunto específico de circunstancias, donde el niño tiene la libertad de desarrollar su voluntad. 

Muy a menudo los padres creen que para criar a un niño obediente, deben “romper” su voluntad. Pero Montessori creía que para alcanzar la tercera etapa de la autodisciplina, la capacidad del niño para elegir debe fomentarse, y esto solo puede suceder en un ambiente de amor y apoyo, donde los niños tienen libertad para actuar dentro de límites claramente definidos.

 “La disciplina y la libertad están tan relacionados entre sí, que si hay cierta falta de disciplina, la causa se encuentra en la falta de libertad. Para obtener disciplina, es inútil contar con amonestaciones o exhortaciones habladas. Esos medios tal vez tengan al principio una apariencia de eficacia, pero después de un tiempo dejan de tener efecto”. María Montessori 

Esencialmente, el mal comportamiento es la expresión de la falta de libertad para satisfacer las necesidades de sí mismo. No es probable que el comportamiento autoritario de los padres cree una situación en la que se pueda establecer el estado natural de la autodisciplina de un niño. Los niños necesitan una guía cariñosa y un entorno propicio para desarrollar su voluntad, lo que les permitirá tener el control de sí mismos. 

El octavo principio: esforzarse por mantener el equilibrio entre la vida personal y familiar. Es más fácil ser emocionalmente sensible cuando te sientes equilibrado. Crea una red de apoyo, establece objetivos realistas, pon a las personas antes que a las cosas y no tengas miedo en decir que “no”. Reconoce las necesidades individuales dentro de la familia y resuélvelas en la mayor brevedad posible sin comprometer tu salud física y emocional. Sé creativa, diviértete con la crianza de tus hijos y toma tiempo para cuidarte. 

La teoría Montessori tiene tres componentes esenciales: el niño, el entorno preparado y el adulto preparado. La preparación inicial que se exige al adulto Montessori es que se examine a sí mismo, se vuelvan humildes y se pregunten de qué manera consideran al niño.Libro el secreto de la infancia. 

 La doctora Montessori dijo que el niño debe estar protegida por un entorno externo animado por la calidez del amor y la riqueza del valor, donde se le acepta por completo. Libro El niño en la familia.

 Si la tarea del niño es construir el adulto en el que se va a convertir de manera única, entonces le corresponde al adulto facilitar ese crecimiento en lugar de imponerle su propia voluntad. El adulto Montessori renuncia voluntariamente a su propia agenda por el niño, y en cambio, aprende de él lo que necesita a continuación del adulto, y del ambiente y lo proporciona fielmente. Fundamentalmente, el adulto elimina los obstáculos externos al aprendizaje del niño, que irónicamente a menudo se precipitan los adultos. María Montessori dijo que la autoridad y la dignidad verdaderamente grandes de los padres se basan solo en la ayuda que pueden brindar a sus hijos para que se construyan a sí mismos. 

El niño solo puede construir bien si esta ayuda se brinda de una manera adecuada. Libro la mente absorbente.

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