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Nada estimula tanto al cerebro como el juego



Stuart Brown, un psiquiatra especializado en el estudio del juego, dijo que jugar es mucho más que divertirse, es algo vital. La tesis que él tiene es que el juego podría jugar un rol mayor en nuestra supervivencia y en el desarrollo de nuestro cerebro. Él se interesó en las funciones del juego cuando descubrió un hecho sorprendente: las búsquedas científicas encontraron una correlación entre el paso al acto de algunos asesinos y el hecho de que ellos hayan sido privados del juego en su infancia. 

El juego tiene un rol biológico, de la misma manera que el dormir y los sueños. 

 Brown está de acuerdo con la idea de María Montessori respecto a la importancia de la mano y del trabajo para desarrollar la motricidad fina. Explica que la mano humana, en la manipulación de objetos, es la mano la que está buscando un cerebro. El cerebro busca una mano, y el juego es el mejor medio gracias al cual éstos dos (mano y cerebro) son vinculados. Hubieron investigadores que encontraron un vínculo entre el hecho de jugar y de crear con las manos y la capacidad de resolver problemas complejos. Asimismo, Brown insiste en la importancia de los juegos de alboroto.

 Los niños de infantil, por ejemplo, deberían tener el derecho de saltar, de golpear, de silbar, de estar caóticos, para permitirles desarrollarse gracias a una gran regulación emocional con otras consecuencias sociales (cognitivas, emocionales y físicas) moviéndose y alborotando.

La base de la confianza humana está establecida gracias a las señales de juego. El juego permite lograr tener una experiencia óptima. La experiencia óptima es un fin en sí. Es buscada por ella misma y no por otras razones que la intensa satisfacción que proporciona. El individuo encuentra placer y alegría en el proceso, la perspectiva hacia este objetivo. El problema surge cuando un individuo está tan obsesionado con el objetivo que cesa de encontrar placer y alegría en el presente: pierde la suerte de conocer el encanto, la experiencia óptima.

Si el objetivo se hace más importante que el acto de jugar, probablemente no sea juego.

Stuart Brown estima que una vez en la edad adulta, reintroducir el juego en la vida puede enriquecerla, incluso transformarla completamente. Nos invita a nivel individual, a remontar en el tiempo lo más lejano posible como podamos hasta acordarnos de la imagen más clara, la más alegre, la más animada mediante el juego, que hayamos tenido (haya sido un juguete, durante un cumpleaños, de vacaciones…); luego partimos de esta emoción para entender cómo estamos conectados hoy día en nuestra vida. Quizás veríamos que podríamos cambiar de trabajo o que seríamos capaces de enriquecer nuestra vida estableciendo prioridades y prestando atención. Realmente el juego puede permitir retomar posesión de nuestra vida, es mucho más que divertirse, es vital.
Cuando la vida penetra minuto tras minuto, hora tras hora, mediante el juego corporal, el juego físico, el juego social, el juego imaginario, el juego de transformación, creo que eso haría que tendríais una vida mejor y más completa. Stuart Brown

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Las necesidades fisiológicas del cerebro que aprende



Los jóvenes de todas las edades necesitan dormir lo suficiente, comer manteniendo una variedad en su alimentación y siendo conscientes del funcionamiento biológico de su cuerpo para explotar todo el potencial. 

El cerebro representa el 2% del total del peso del cuerpo pero consume el 20% de nuestra energía. 

El cerebro gasta diez veces más energía que los demás órganos: necesita ser alimentado e hidratado regularmente. El cerebro necesita las vitaminas C y B (B1, B3, B9,B12), proteínas, oxígeno, acidos grasos, hierro y agua. La mala calidad nutricional del desayuno reduce el rendimiento un 10%, según Jean-Marie Bourre (miembro de la Academia nacional de medicina). 

La única bebida indispensable de cuya el cerebro tiene necesidad, es el agua. 

Recomendaciones 

  • Hacer grandes inspiraciones, ellas son movilizadoras de energía. 
  • Hacer pausas energizantes (moverse). 
  • Beber sin esperar tener sed. 
  • Beber muy regularmente y a menudo. 
  • Privilegiar la glucosa de las frutas. 
  • Privilegiar las carnes magras, los pescados y los cereales: arroz, soja, avena. 
  • Comer fécula facilita el sueño. Tomar una bebida azucarada solamente en la merienda. 
  • Comer una fruta en la merienda mejor que un bizcocho-galleta. 


Dormir bien y en calidad suficiente es esencial para el bienestar 

El sueño juega un rol importante en la regulación de nuestros aprendizajes, de nuestro comportamiento, de nuestro sistema biológico y psíquico. 

Es mucho mejor evitar dormir menos de ocho horas (los adolescentes necesitan diez horas de sueño). Es mejor aconsejar a los adolescentes que eviten beber bebidas azucaradas de té o café antes de ir a dormir y que apaguen sus aparatos electrónicos (la luz de las pantallas pone en alerta al cerebro e impide la producción de hormonas del sueño). Comer una cena ligera, leer un poco o hacer ejercicios de relajación puede ayudarles a encontrar el sueño. La temperatura de una habitación no debe sobrepasar los 19º. 

Notaríamos un aumento del 30% de las capacidades mnésicas si el niño duerme justo después del aprendizaje. 

La relación entre el sueño y la consolidación mnésica hoy en día está confirmada. 

La privación de sueño regular puede privilegiar el aumento de la obesidad y de la diabetes tardía. 

La falta de sueño repetitiva puede provocar agresividad, agitación, malestar físico y una disminución de la capacidad de alerta. Además, el organismo fabrica anticuerpos y la hormona de crecimiento mientras se duerme. En el libro de Las neurociencias en el corazón de la clase, Pascale Toscani propone muchos recursos.

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